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Todas las situaciones machistas que ha vivido mi hija de cuatro años en vacaciones

Mi hija me pregunta “Papá, ¿por qué le grita ese chico a esa chica?” cuando ve a un hombre seguir e increpar a una mujer por la calle

Una feriante le ofrece a mi hija los regalos que le corresponden: una barbie falsa (rosa), unos muñecos de Peppa Pig (rosas), un maquillaje de la patrulla canina (rosa) y un pony blanco (con pelo rosa para peinar)

“Si no te importa trabajar duro y limpiar tu casa, podrás conseguir casarte con alguien que te haga muy feliz", escucha en los dibujos 'Los cuentos de Masha' que ve en uno de los trayectos que hacemos en coche

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Los padres responsables.

Los padres responsables.

Lo bueno del verano es que te coges vacaciones y puedes dejar en casa las preocupaciones. Lo malo es que hay dos cosas de las que no puedes escapar: el machismo y criar a tu hija de cuatro años libre de patriarcados. Lo que sigue son anécdotas reales ocurridas en las últimas dos semanas.

Día 1. Puerta del Mercado Central de Cádiz. Hora de comer. Una chica con un top en el que pone ‘Pepsi’ pasa frente a una obra. Uno de los trabajadores, rondaría los 30, le grita: “Por ti dejo la Coca-Cola”. Le grita aunque ella camina a un par de metros de distancia. Como no consigue que se gire, decide seguirla unos metros mientras repite gritándole: “Yo por ti dejo la Coca-Cola y lo que haga falta”. Mi hija me pregunta: “Papá, ¿por qué le grita ese chico a esa chica?”.

Día 2. Tienda de deportes en Conil de la Frontera. Entro buscando unos calcetines para Jimena. Yo a la de la tienda: “¿tienes calcetines de su (señaló a mi hija) tamaño? Lleva un 26”. La de la tienda busca en un estante, nos mira, piensa y finalmente dice: “tengo estos (señala unos negros)… pero claro negros para ella no... y de estos (señala unos rosas)no me queda su talla”. Al final encontró unos blancos. Menos mal, me ahorró llevar a una princesita con calcetines negros. 

Día 3. Playa de la Mangueta, Vejer de la Frontera. Una mujer en topless se levanta de la silla para pasear junto a la orilla. Su marido le dice: “tápate, no me gusta que vayas a pasear así”. Ella se pone el sujetador del bikini antes de ir de paseo junto a la orilla. Mientras camina se cruza con mujeres en topless, mujeres desnudas, hombres desnudos y varios perros.

Día 4. Asiento de atrás de mi coche, en algún punto de la A-92. Siete horas de coche son muchas así que dejamos que Jimena haga parte de viaje viendo dibujos en la tablet. Lleva la app de HBO y ella elige qué ver. Pone 'Los cuentos de Masha'. Va callada mientras nosotras hablamos de lo bonita que es la Andalucía interior y decidiendo si paramos en Ronda. Nos callamos un momento y oímos a Masha decir algo así como: “si no te importa trabajar duro y limpiar tu casa, podrás conseguir casarte con alguien que te haga muy feliz.” Limpiar para encontrar marido. Maravilloso.

Día 5. Feria de Torrevieja, media tarde. 10 euros y 20 patos después la feriante le ofrece a mi hija los regalos que le corresponden. A saber: una barbie falsa (rosa), unos muñecos de Peppa Pig (rosas), un maquillaje de la patrulla canina (rosa) y un pony blanco (con pelo rosa para peinar). Me quedo con ganas de decirle a le feriante que, a lo mejor, a mi hija le gustan los robots, los soldados de asalto o un balón de fútbol pero hace tiempo que mi hija pedía un “maquillaje como el de mamá” y no me las voy a dar de feminista del año para acabar cogiendo el regalo “de niña”.

Día 6. Playa de Torrevieja. Jimena saluda a una pareja de jubilados. Enseguida le preguntan que si tiene hermanitos. Mi mujer y yo estamos un  poco cansados de la pregunta así que intentamos cortar el tema: “No, nos hemos plantado”. A partir de ahí lugares comunes: “Claro, si no lo habéis tenido ya, no lo vais a tener”, “ya no os acordaréis casi ni de cambiar pañales”. Y el colofón (del señor jubilado): “Y que el papá no querrá ya quedarse sin dormir por la noches”. Pues la verdad es que no, pero mi mujer tampoco. Pero claro, a ella se le presuponen ganas de tener hijos, con los sacrificios que vengan, que para algo tiene matriz.

Día 7. A los postres, en una boda. La novia se acerca con una bolsa. Una vela y un ambientador de vainilla. Para mi mujer. El novio se acerca con otra. Una botella de licor de crema con un chupito para mí. Por lo menos no me ha dado un puro. Mi hija: “Papá, ¿por qué a mamá le dan eso (señalando) y a ti eso (señalando)?”. Los novios tienen 35 años y una hija, también, de 3 años.

Día 8. Sofá de casa. Ayer mismo, viendo el final de etapa del Tour. En la ceremonia de entrega de premios le digo a mi hija: “mira, ese es el que se escapó antes, que ha ganado” y ella me responde “¿por eso le dan un beso esas chicas?”

También hemos visto a camareros que me han traído la cerveza y la cuenta a mí y el agua a mi mujer. Hemos estado en restaurantes con el cambiador de bebés sólo en el aseo de mujeres. Hemos comprado en una perfumería en la que creen que hay cepillos de dientes para niños y cepillos de dientes para niñas.

Son todo pequeñas cosas pero pequeñas cosas que van construyendo una determinada forma de comportarse, de relacionarse, de estar en el mundo. Pequeños machismos diarios contra los que debemos luchar. Y todo en menos de dos semanas. De aquí a final de verano me sale un libro entero.

Si tú también quieres compartir tu experiencia de machismo cotidiano escribe a micromachismos@eldiario.es o menciona nuestra cuenta @Micromachismos en Twitter.

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