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DS 4 Rivoli, 'beaucoup de charme'

El DS 4 es uno de los modelos compactos más atractivos y refinados del mercado.

Pedro Urteaga

Con la llegada del DS 4, la firma francesa del grupo Stellantis ha completado, por el momento, una gama compuesta justamente por cuatro modelos. A la espera de novedades, la oferta de la marca se compone de un urbano disponible en variante eléctrica, el DS 3, un SUV como el DS 7 que es su mayor éxito de ventas, la gran berlina DS 9 y este modelo compacto que poco a poco se va abriendo camino en su segmento.

Si algo lo distingue de sus rivales es un nivel de refinamiento que estamos acostumbrados a encontrar en vehículos de segmentos superiores y no en coches que, para situarnos, compiten con un Golf, un Seat León o un Peugeot 308. Como veremos, buena parte de esa sofisticación se expresa en una calidad de rodadura extraordinaria, que se acompaña de un aislamiento acústico de igual altura.

El DS 4 cuenta con tres motorizaciones entre las que escoger. La más sobresaliente es una híbrida enchufable (E-Tense en la nomenclatura del fabricante) que dispone de 225 caballos y más de 60 kilómetros de autonomía eléctrica en ciclo WLTP, además de la consabida etiqueta 0 emisiones. Ya con distintivo C se ofrecen una versión de gasolina y otra diésel, ambas de 130 CV y transmisión automática.

Recientemente hemos podido conducir este último modelo a lo largo de más de 1.500 km, un tipo de desplazamiento que resultaba ideal para calibrar la idoneidad de su mecánica y prestaciones. Sin duda el motor de gasóleo es imbatible por eficiencia en dichas circunstancias: con una potencia que alcanza para salir airoso de toda circunstancia y un consumo medio que no llega a los 5,5 litros/100 km, nos hallamos ante una máquina devoradora de kilómetros -con la máxima comodidad para los ocupantes- y que, merced a los 52 litros que caben en su depósito, puede cubrir más de 850 km fácilmente antes de repostar.

Como decíamos, lo más sorprendente del DS 4 es su pisada de coche grande y la lograda combinación de una buena insonorización del habitáculo con una suspensión que filtra con gran eficacia las irregularidades del firme. Esta última solo puede resultar algo incómoda cuando seleccionamos el modo de conducción más deportivo de los tres disponibles, sobre todo si el tramo de carretera por el que circulamos está muy bacheado.

Además de la huella ambiental que un motor diésel tiene especialmente cuando se usa de forma mayoritaria en ciudad, un aspecto que no encaja demasiado bien en esta versión BlueHDi es que la adopción de un propulsor de estas características contradice por sí sola la finura que define al DS 4. Aunque estos motores han mejorado mucho -en todos los aspectos- durante los últimos años, está en su propia condición una cierta aspereza difícil de disimular, así como un tipo de ruido igualmente característico.

Un habitáculo relajante

Hechas estas precisiones, no parecen suficientes para empañar el charme de un coche que acompaña su refinamiento de un diseño elegante y moderno a un tiempo y que, en el interior, consigue replicar esta misma fórmula. La marca ha echado el resto para agasajar a conductor y pasajeros con una atmósfera muy cuidada y relajante a la que contribuyen, en el caso de la unidad de pruebas -correspondiente al acabado Rivoli-, los asientos de piel tapizados en un exquisito color Gris Palet y unos revestimientos laterales y salpicadero que se presentan en otra tonalidad, Granito, del mismo color.

En el terreno de las comodidades embarcadas en el vehículo, debemos mencionar la presencia en esta versión de un portón trasero eléctrico, un head-up display de generosas dimensiones, asientos delanteros equipados con calefacción y ventilación y unos cristales laterales laminados y acústicos a los que hay que agradecer en gran medida el aislamiento acústico -antes mencionado- que hace tan confortable viajar en el DS 4.

En cuanto a los sistemas de infoentretenimiento y las ayudas a la conducción, se gestionan a través de una pantalla táctil de 10,3 pulgadas y del dispositivo DS Iris System, que -al menos en esta unidad concreta- arrancaba con cierta lentitud. Más molesto que esto era que reaccionaba sin ser requerido cuando el conductor o alguno de los pasajeros pronunciaba alguna palabra que no fuimos capaces de identificar.

Por muchas veces que nos hayamos puesto al volante del DS 4, seguimos sin encontrarle la utilidad a un dispositivo como el DS Smart Touch, una pantalla de 5 pulgadas que, situada en la consola central, sirve sobre el papel para fijar una serie de atajos a las funciones principales del Iris System mediante control de gestos. De nuevo en teoría, con ella se puede usar la punta de los dedos o apuntar un gesto hacia una de las opciones predeterminadas de modo que esta se ejecute. La pantalla también identifica movimientos habituales como acercar o alejar y tiene reconocimiento de escritura a mano.

O bien el funcionamiento del sistema no es todo lo intuitivo que debería o bien el torpe es quien suscribe, pero el hecho es que en la práctica cuesta hallarle al DS Smart Touch otra función que no sea la de un adorno curioso con el que el acompañante puede juguetear cuando está muy aburrido.

El DS 4 está a la venta a partir de 33.846 euros en versión de gasolina de 130 CV y acabado Performance Line, en tanto que la diésel cuesta 35.009 en la misma terminación. La lujosa versión Rivoli que hemos probado nosotros sube hasta los 39.845 euros, y el listado de precios escala hasta los 51.840 euros del modelo híbrido enchufable, E-Tense, en el exclusivo acabado Opera.

 

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