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Catástrofes climáticas

Aunque los huracanes y el fenómeno de la “gota fría” son acontecimientos climáticos que existen desde siempre, lo cierto es que el cambio climático ha acelerado e intensificado su presencia

Las pérdidas, tanto en vidas humanas como económicas, de las inundaciones y otros fenómenos naturales agravadas por el cambio climático son ya de una gran magnitud

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Riadas en Mallorca EFE

La tragedia de las inundaciones en Mallorca pone encima de la mesa, una vez más, la fuerza de los fenómenos climáticos, cada vez más frecuentes. También en Francia han sufrido las consecuencias de las tormentas localizadas y con gran descarga de agua en poco tiempo. Como en la isla balear, en el departamento del Var, en la costa mediterránea,  han caído trombas de agua en 24 horas que han dado como resultado dos muertos y pérdidas millonarias. Asimismo, en EE.UU., con el paso del huracán Michael, han tenido que lamentar la muerte de 12 personas en las costas de Florida, Georgia y Carolina del Norte.

Aunque los huracanes y el fenómeno de la “gota fría” son acontecimientos climáticos que existen desde siempre, lo cierto es que el cambio climático ha acelerado e intensificado su presencia. Un informe del Laboratorio de Climatología de la Universidad de Alicante sobre la evolución del clima en la provincia en los últimos años ya puso de manifiesto el pasado mes de septiembre que el aumento de la temperatura media, con noches “tropicales” por encima de los 20ºC, el cambio estacional del régimen de lluvias y el calentamiento del mar en 0,8 grados desde 1980 son signos claros de la existencia del cambio climático, y advertía del riesgo de situaciones de inestabilidad (“gota fría”) cada vez más frecuentes, como tristemente acaba de ocurrir. Por otro lado, ya es conocida la relación directa entre el aumento de la temperatura del mar y la fuerza de los huracanes, como se está comprobndo año tras año en EE.UU.

Sin embargo, ninguna noticia periodística ha apuntado como una de las causas de estas catástrofes el cambio climático, limitándose a referirse a causas secundarias (aunque no menos importantes), como la construcción en zonas inundables o la canalización de las ramblas, que han agravado las consecuencias de las inundaciones, pero que no son el origen de las mismas.

Las pérdidas, tanto en vidas humanas como económicas, de las inundaciones y otros fenómenos naturales agravadas por el cambio climático son ya de una gran magnitud. La Agencia Europea de Medio Ambiente estimó en 2017 en 12.000 millones de euros anuales  en toda Europa el coste de estos sucesos (inundaciones, incendios, tormentas, sequías y olas de calor). Según el informe, las inundaciones seguirán aumentando y, hacia el final del siglo XXI, se estima un "mayor aumento de las inundaciones en las Islas Británicas, el noroeste y sureste de Francia, el norte de Italia y algunas regiones en el sureste de España, los Balcanes y los Cárpatos”.

Es significativo que, en España, el 70% de las cuantías pagadas por las compañías de seguros debido a siniestralidades extremas entre 1987 y 2015 ha ido a parar a los desastres causados por inundaciones, alcanzándose los 4.500 millones de euros, seguidos de los costes debidos a las tormentas ciclónicas, como las acaecidas en Mallorca, con unos 1.000 millones de euros en el periodo referido anteriormente.

El pasado día 10 de octubre, la ONU, a través de la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNISDR en sus siglas en inglés) hizo público un nuevo informe relativo al cambio climático en el que se afirma que el coste financiero de las catástrofes ligadas al calentamiento global se ha multiplicado por 2,5 en los últimos 20 años, alcanzando 2,5 billones de euros entre 1998 y 2017. De esa cantidad, el 77% son debidos a tormentas, inundaciones, sequías y demás fenómenos naturales que se han multiplicado con el ascenso de las temperaturas.

En ese periodo, las mayores pérdidas las han sufrido EE.UU., con 820.000 millones de euros, seguidos de China (427.000 millones) y Japón (326.000 millones). Pero no solamente se pueden cifrar en pérdidas económicas las consecuencias de estas catástrofes. Las pérdidas humanas son mucho más dolorosas. En estos 20 años, 1,3 millones de personas perdieron la vida, mientras más de 4 mil millones de personas sufrieron heridas o se vieron obligadas a desplazarse.

Mientras no se reconozca por parte de los gobiernos la influencia del cambio climático en los fenómenos naturales devastadores, seremos testigos de un modo más frecuente de la repetición de estos sucesos climatológicos, causantes de pérdidas de vidas humanas y costes económicos.

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