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Cómo se tomarán mis padres que no vaya a darles nietos

La presión por la maternidad se traslada también a las generaciones anteriores: “Estoy en una franja de edad en la que me preguntan continuamente cuándo voy a ser abuela”

“Todos los padres piensan que se convertirán en abuelos algún día, es lo normal. Pero no tenemos derecho a interceder en tal decisión”, dice la madre de la antinatalista Audrey García

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Abuelos con sus nietos EFE

El modelo tradicional de familia pareja con hijos es cada vez menos habitual. Tan solo se repite en el 31% de los hogares, según la Encuesta continua de hogares del Instituto Nacional de Estadística. Y serán cada vez menos, porque según un informe del Centro de Estudios Demográficos de la Universidad Autónoma de Barcelona, solo una de cada cuatro mujeres nacidas en la década de los 70 no será madre. Como es obvio, solo esa mujer podrá ser abuela; las otras tres ni lo serán ni harán que sus padres lo sean. La presión social por no ser madre ya no recaerá solo sobre ellas.

Audrey García tiene ahora 40 años y hace cinco se esterilizó. Es antinatalista y activista, por lo que ha aparecido en documentales y medios de comunicación. Con el foco sobre ella, llegaron las críticas. “A parte de los insultos habituales como que me fuera a fregar o que mi decisión es una aberración de la naturaleza, también escuché otros como que soy una ingrata porque no voy a darles nietos a mis padres”.

Y es que, la de no ser madre, “es una decisión difícil de tomar a nivel social, que también afecta a tu alrededor”, aclara García. “Cuando se lo conté a mis padres, mi padre no dijo nada y mi madre me preguntó que por qué me sometía a esa mutilación. Ahora respeta mi decisión e, incluso, me defiende”, aunque reconoce que a su progenitor “una vez se le escapó un: ‘Menos mal que tenemos a tu hermana’”. Su madre, Christine, explica que “todos los padres piensan que van a convertirse en abuelos algún día, porque es lo normal”, pero reconoce que “no tenemos derecho a interferir en tal decisión”.

Raquel Pérez es hija única y siempre ha tenido claro que no hará abuela a Montse. “Cuando te lo dice la primera vez, de adolescente, no te lo tomas muy en serio, pero, según se va haciendo mayor y continúa diciendo lo mismo, supongo que te vas mentalizando”, cuenta esta mujer, a quien el hecho de tener o no nietos no le ha supuesto nunca un quebradero de cabeza. “He trabajado durante muchos años en la consulta de un ginecólogo y he visto a personas que iban porque querían ser padres y otros que lo hacían porque habían decidido no tener una familia tradicional”. Eso sí, avisa: “Ahora tengo 57 años y me paso el día trabajando, quizás dentro de diez te digo que me encantaría tener nietos”.

La psicoterapeuta especializada en temas de género, Majo Torres, señala que es habitual que a ciertas edades las personas “proyecten su vida en función de un ideal, porque la vida es así y de mayores tenemos que cuidar a los nietos”. Sin embargo, hace hincapié en que se debe diferenciar entre un deseo genuino (lo que realmente se quiere) y un mandato cultural o social. “Estamos ante la ruptura de un modelo, conformado de una forma obligatoria sobre como tenía que ser la vida de las mujeres, avocadas al cuidado y disponibles para otros”, recalca.

Precisamente, la ruptura de ese modelo supone una presión social que sufren las mujeres que deciden no ser madres -“si quieres no te preguntan por qué; pero si no, siempre lo tienes que justificar”, razona Pérez-, pero que ahora se traslada también, y fundamentalmente, a las ‘no abuelas’. Deben hacer frente constantemente a la pregunta: ¿cuándo vas a ser abuela? Algo que no ocurre en la misma medida con los ‘no abuelos’.

Es una cuestión de roles de género: “las mujeres mayores parece que no tienen aspiraciones propias más allá del rol tradicional y de cuidados” y “el hombre no puede acceder a roles de cuidado y contacto emocional porque se relaciona con lo femenino y se ve como algo que está mal”, explica Torres. Esto hace también que al preguntar a las entrevistadas en este reportaje sobre las reacciones de sus padres la respuesta que más se repite sea: “Con él no hablo de estos temas” o “le da igual”.

Fernando, la pareja de Audrey, que es hijo único, reconoce que no querer tener hijos no es algo le afecte en su día a día. Lo achaca, en parte, al hecho de vivir en una gran ciudad y, sobre todo, a ser hombre. Pero hace hincapié en que “posiblemente la presión la sufre más mi madre, por parte de la vecina”.

Algo similar le ocurre a Julia Manzano, a quien su único hijo, Álvaro, tampoco le dará nietos. “Estoy en una franja de edad en la que los hijos de mis amigas están comenzando a tener niños y es algo que me preguntan continuamente. Yo digo que mi hijo no quiere hacerme abuela”, explica sobre algo que tiene “asumido, pero con mucha pena”. Y es que reconoce que para ella si fue un drama. “Siempre contaba en casa que no quería ser padre y me respondían que eso era algo que decía en ese momento, pero que de mayor me cambiarían las prioridades”, señala Álvaro.
Cuando con 23 años (ahora tiene 31) les contó que era gay, “se lo tomaron bastante bien”, aunque el disgusto llegó por asimilar que no tendrían nietos. “Me puse a llorar, no por lo que me estaba contando, sino porque no iba a ser abuela, aunque es cierto que se puede adoptar y hay muchas formas de tener hijos”, recuerda Julia.

Ella se centró en sus sobrinos nietos –“les digo que me llamen abuela”-, pero hay otras opciones. “Si me llega una mujer con el drama de que no va a ser abuela, intentaría que busque su propio deseo”, explica Torres. “Hay mujeres mayores que se apuntan a la universidad, otras cuyo sueño es viajar… Si les das las claves para disfrutar de la vida y las sacas del camino de lo que tiene que ser o de lo que ellas creían que tiene que ser, enseguida se olvidan de que no son abuelas”. Además, señala que “para algunos abuelos, pero sobre todo para las abuelas, serlo se está convirtiendo en una carga” por las tareas de cuidado que implican los nietos. “A veces pensamos que pesa no ser abuelos, pero hay que ver hasta qué punto pesa serlo”.

María Fernández Miranda y su marido sí intentaron tener descendencia. Pese a que “nunca he sentido el instinto maternal, quise se madre de manera natural y no pude: lo intenté por fecundación in vitro y no pude; y, aunque había muchas otras vías, elegí no hacerlo porque no es mi objetivo último en la vida y nunca he sentido que mi realización como mujer pasara por ahí”, explica esta periodista que, tras someterse a siete procesos de fecundación in vitro, publicó el libro ‘No Madres’, en el que critica “la presión social sobre las mujeres”. En su caso, fue su madre quien la ayudó “a ver que tener hijos le había hecho renunciar a cosas”. “Durante los tratamientos, hemos tenido conversaciones en las que me decía: déjalo ya, ¿no te das cuenta de que también vas a ganar mucho?”.

Un apoyo con el que también contó Chelo Tuya. “Soy del 68 y mi generación estaba educada y preparada para casarse y ser madre”, pese a lo cual ella siempre tuvo claro que no tendría hijos. “Mi tía se escandalizaba y mi madre siempre me defendía”, comenta antes de explicar que tuvo “la suerte de encontrar un compañero de vida, a los 15 años, que también lo tuvo claro desde el primer momento”. Precisamente, su madre “era una de esas mujeres de las de antes, que estaba en casa, aunque siempre quiso trabajar y nos alentaba a ello”. Y, aunque si tiene nietos de otros hijos, que Chelo no tuviera “no le causó ningún trauma, porque trauma fue lo suyo: ser una mujer tradicional en contra de su voluntad y no desarrollarse como hubiera querido”.

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