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“En Panamá se ha detectado a los menos adelantados de la clase de los defraudadores”

Ignacio Zubiri, catedrático de Hacienda Pública de la Universidad del País Vasco, asegura que ‘los papeles de Panamá’ han puesto nombres propios a algo que todo el mundo sabía: que los ricos y las empresas tienen muchas vías para no pagar impuestos

Igancio Zubiri: Foto Mikel Mtz. de Trespuentes (UPV)

Igancio Zubiri: Foto Mikel Mtz. de Trespuentes (UPV)

“Los papeles de Panamá solo son la punta del iceberg”. Así lo advierte Ignacio Zubiri, catedrático de Hacienda Pública de la Universidad del País Vasco. “Solo se conocen datos de las empresas creadas y disueltas a través de un bufete. Dada la cantidad de bufetes que hay en el mundo dedicados a esta actividad es fácil imaginarse la magnitud del problema. Es más, en cierta forma, en Panamá se ha detectado a los menos adelantados de la clase de los defraudadores. Los más adelantados tienen tramas mucho más sofisticadas y difíciles de detectar”, subraya.

Una de las cuestiones más sorprendentes para Zubiri, es la defensa que hacen algunos de la legitimidad de tener empresas en paraísos fiscales. “Las cuentas en paraísos no son para facilitar negocios legítimos. Son para encubrir lo ilegítimo. En el caso más leve, para no pagar impuestos [o que no los pague con quien se hacen negocios]. En el caso más grave, para ocultar corrupciones, negocios ilegales o facilitar el terrorismo. Quien tiene un barco pirata, es para piratear, aunque no le hayan descubierto en pleno abordaje. Pretender que creamos otra cosa es pensar que somos estúpidos”.

Una cuenta en un paraíso fiscal es como una caja privada en un banco, compara Zubiri. “Se puede meter dinero, sacar dinero o realizar inversiones, sin que nadie se entere de qué se está haciendo, porque la base de todo paraíso fiscal es el anonimato y la no obligatoriedad de registros. Ningún país del mundo tiene problemas para recibir inversiones provenientes de paraísos fiscales y por ello es fácil hacer negocios desde ellos”, explica en un artículo publicado en la revista Campusa, de la UPV.

En España, por ejemplo, más de la mitad de las inversiones extranjeras provienen de paraísos fiscales. Salvo, como está pasando en Panamá, que se produzca un robo de datos, “el único riesgo que corren quienes usan paraísos fiscales se produce cuando quieren usar el dinero acumulado en ellos para fines personales [gastarlo, comprar una casa, etc.]. En ese caso, para evitar que las autoridades fiscales puedan preguntarse de dónde viene el dinero, tienen que blanquearlo. Es decir, hacer que parezca que lo han ganado de forma legal. Y en ese proceso pueden ser detectados”.

Los paraísos fiscales tienen implicaciones muy negativas para los demás países. Por un lado, sustraen impuestos que, especialmente en épocas de crisis, pueden ser esenciales para el sostenimiento de la actividad pública. Por otro lado, “aportan los instrumentos necesarios para favorecer múltiples operaciones ilegales que van desde la corrupción al terrorismo, pasando por el narcotráfico. De esta forma, no solo amenazan el Estado del Bienestar de muchos países, también ponen en riesgo la estabilidad política y social de los países más débiles”.

Entonces, siendo tan malos para el resto de países, ¿por qué continúa habiendo paraísos fiscales? “Una primera respuesta podría ser: porque es imposible eliminarlos. Una segunda: porque pueden perjudicar a las clases medias y bajas de los países, pero favorecen a determinadas élites que tienen poder económico y político suficiente como para que no se quieran eliminar los paraísos fiscales. Ciertamente, hay quien finge que se quieren eliminar los paraísos fiscales, pero la voluntad real es muy baja”.

¿Imposible eliminarlos?

Según Zubiri, resulta fácil imaginar medidas que acabarían con los países fiscales. “Bastaría, por ejemplo, que los países más importantes acordaran dos medidas. Primero, sanciones económicas a todos los países que no firmen acuerdos de transparencia e intercambios automáticos de información. Segundo, prohibición de toda transferencia de dinero desde o hacia los paraísos fiscales, salvo justificación documental de su utilización para fines legítimos. Al día siguiente de aprobar esto, se acabarían los paraísos”.

Excluida la imposibilidad, solo queda la falta de voluntad para explicar que siga habiendo paraísos fiscales. “Y esta falta de voluntad es palmaria. Es difícil compaginar la indignación de la Comisión Europea por los papeles de Panamá con el hecho de que, por ejemplo, la propia Unión Europea está llena de paraísos fiscales [Islas del Canal, Gibraltar, Malta, Luxemburgo, Irlanda, Holanda, y Chipre] o de estados casi asimilados que son paraísos fiscales [San Marino, Mónaco, Liechtenstein, Andorra]”.

España debería explicar, según el catedrático, “por qué no considera paraísos fiscales no solo a Panamá sino a otros que, bajo cualquier definición razonable, lo serían [desde Niué hasta Suiza, pasando por Bahamas y Barbados] o por qué no ha actuado contra quienes fueron descubiertos con cuentas no declaradas en Suiza o Luxemburgo”.

Incluso países como Estados Unidos albergan paraísos fiscales, tanto dentro del país (Delaware, Nevada, Wyoming, Alaska) como en sus territorios asimilados (Puerto Rico e Islas Vírgenes). En realidad, los Estados Unidos “nunca han mostrado demasiada preocupación por los paraísos fiscales como vías de evasión o elusión fiscal. Solo se movilizaron contra ellos cuando pensaron que eran la vía por la que se movía el dinero del terrorismo islámico. Y, de hecho, ese fue el único momento en que los paraísos corrieron riesgos reales de ser eliminados por la comunidad internacional”.

Grandes centros financieros

Otra de las preguntas que surgen al tratar sobre los paraísos fiscales es ¿Que ganan los países ricos con su existencia? “Puede que los países en si mismos poco. Sin embargo, algunos grupos dentro de esos países ganan mucho. Los grandes centros financieros [Londres o Nueva York] deben mucho a la existencia de los paraísos fiscales. Las grandes empresas de todos los países avanzados [incluida España] y las rentas altas usan de forma regular los paraísos fiscales”.

El Reino Unido es su principal valedor. “Controla directamente diez paraísos fiscales [son territorios dependientes o de ultramar]. En Estados Unidos, las leyes y la sociedad son permisivas con los paraísos fiscales. Cuando en las elecciones presidenciales del 2012 se hizo público que el rival de Obama, Mitt Romney, se había enriquecido gestionando patrimonios en paraísos fiscales nadie se escandalizó demasiado y, ciertamente, no le costó muchos votos en la elección”.

Lo que favorece a unos pocos -la protección de los paraísos fiscales- se mantiene por una acción muy efectiva de los grupos de presión de los interesados. Por un lado, “influyen sobre los gobernantes por vías no siempre éticas. Por otro, mantienen la cuestión de los paraísos fiscales en un tono bajo y cuando, como ahora, salta a la luz pública consiguen crear la sensación de que se va a hacer algo. Las medidas que se toman luego son vacías e ineficientes”.

Así, en realidad los paraísos fiscales son solo uno de los instrumentos que los ricos utilizan desde hace mucho tiempo para pagar menos impuestos. “Desde los años ochenta del siglo pasado los más ricos han conseguido trasmitir la idea de que los impuestos son malos para el crecimiento económico, especialmente si los pagan los más productivos [es decir, los más ricos]. No hay evidencias sólidas de que esto sea así, pero con este razonamiento han logrado bajar sustancialmente los tipos del IRPF sobre las rentas altas, eliminar los impuestos sobre la riqueza, que se bajen los impuestos empresariales y sobre las herencias, etc”.

Y en el camino son cada vez más ricos. “El porcentaje de la renta que tiene el 1% más rico de la población ha aumentado en los últimos 30 años en casi todos los países. Por ejemplo, según los datos de la OCDE, en los Estados Unidos el 1% de los más ricos se ha apropiado del 40% del crecimiento total del país en los últimos 30 años y ahora tiene casi el 20% de la renta del país”.

Zubir advierte de que si esta situación no se cambia, es decir, si los ricos no empiezan a pagar lo que les corresponde y se establecen impuestos que reduzcan la concentración de renta y riqueza, “solo cabe esperar que la desigualdad social aumente en todos los países”. Una sociedad dual en la que “hay unos pocos extremadamente ricos y una gran parte de la sociedad que sobrevive cerca del umbral de la pobreza es, para muchos, éticamente inaceptable y, con seguridad, socialmente insostenible”.

 

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