La guerra de los indultos: malos tiempos para los equidistantes

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El Gobierno ha decidido poner encima de la mesa uno de los asuntos más polémicos que tenía pendiente de resolución en esta legislatura. Aunque era más que previsible su posición favorable a la concesión de indultos a los presos independentistas catalanes, el interrogante se centraba en cuál iba a ser el momento elegido para intentar llevarla adelante. Esta semana se han desencadenado las primeras hostilidades de una auténtica guerra que, seguramente, se va a convertir en el centro de atención de los medios de comunicación durante las próximas semanas. 

Se atisba una guerra cruenta y virulenta que va a tener lugar en diferentes campos de batalla en paralelo. De lo que se tratará al final es de poder establecer cómo queda el mapa político español en términos electorales. Se trata de un choque frontal entre dos posturas irreconciliables situadas en el sí o el no. El espacio intermedio apenas existe. Los españoles acabaremos inevitablemente secundando una de las dos alternativas. Las guerras binarias en las que no hay posibilidad de consenso alguno siempre son las más controvertidas y polémicas. Hasta los más expertos comentaristas en buscar refugiarse en la retórica para no mojarse, lo van a tener difícil en esta ocasión. Malos tiempos para melifluos y equidistantes.

Un calendario limitado y ajustado

Una de las escasas ventajas con las que cuenta Pedro Sánchez es que, en este asunto, al menos puede manejar los tiempos. Según Toni Aira, profesor en la UPF Barcelona School of Management, "el Gobierno ha jugado con los tiempos en una era en la que esto es un campo de minas electoral. Ha esperado a tener Gobierno en Catalunya y al dictamen del Supremo que era prescriptivo. Ahora intentará driblar al máximo las primarias andaluzas". Parece claro que desea quitarse este complicado tema antes de reiniciar la legislatura después del verano. La deseada y previsible finalización de la campaña de vacunación y el arranque de las políticas de reconstrucción económica cabe suponer que coincidirán en el inicio del otoño. 

Son dos grandes noticias para un Ejecutivo que no ha tenido un minuto de respiro desde su puesta en marcha. Superar lo antes posible el escollo de los indultos, facilitará concentrarse en los grandes asuntos que decidirán la legislatura de cara a las próximas elecciones. Todo parece indicar que se completará en su integridad, por mucho que la oposición desee que no sea así. Tras la pandemia, los indultos centrarán a partir de ahora su intento de tumbar al Gobierno.

Los dos bandos sufrirán daños

A priori, da la sensación de que en este complejo conflicto bélico nadie va a salir indemne. No hay en España una postura clara y abrumadoramente mayoritaria sobre la cuestión. La derecha reforzará su apoyo electoral con una agitada campaña de acoso y derribo que, una vez más, ya ha anunciado. Según el experto en comunicación política, Joan López-Alegre: "El PP y Vox deberían huir de todo el argumentario político y judicial y centrarse en la idea fundamental: que la concesión del indulto legitima el discurso independentista y les convierte en ganadores". La cuestión es si ese reforzamiento de sus seguidores puede alejarle aún más del numeroso electorado que apoya un modelo descentralizado del Estado y que apuesta por el diálogo para la resolución del asunto catalán.

Por parte del Gobierno y sus socios, resulta evidente que lo que nos espera va a hacerles ganar adeptos en algunos territorios y en sectores progresistas partidarios de la distensión. A cambio, corren el peligro de perder conexión con electores posicionados contra el independentismo y que viven en territorios donde esta convicción está ampliamente extendida. De aquí pueden derivarse consecuencias políticas como un posible adelanto de las elecciones en Andalucía si el PP observa que los sondeos son optimistas. Este es el motivo por el que los socialistas han acelerado el proceso de primarias para elegir la cabeza de cartel en Andalucía. Después de lo sucedido en Madrid, no desean que les vuelvan a pillar unas elecciones sin un candidato consolidado y competitivo.

La batalla política

El enfrentamiento partidista ya ha arrancado. No se ha hecho esperar. Se ha iniciado al máximo nivel de temperatura posible, tal y como acostumbra a hacer la derecha en estos tiempos. La hipérbole se ha adueñado desde el primer día de una discusión que se va a alargar varias semanas. Una dificultad con la que va a contar la oposición va a ser la de cómo secuenciar una batalla en la que va a intentar que la temperatura no baje nunca del nivel de ignición. No va a haber un minuto de respiro en el Parlamento, en la actividad partidista y en la agitación callejera. Este conflicto vuelve a revitalizar el Trío de Colón que implica que PP, Vox y lo que queda de Ciudadanos van a luchar por liderar la representación máxima del duelo y la indignación. Habrá que tener paciencia. 

En esta ocasión, el Gobierno va a poder contar con un amplio apoyo de los partidos periféricos. La avalancha no va a decaer en ningún momento, pero al menos contará con significativas voces diversas que le evitarán tener que afrontar en solitario toda la confrontación. Queda por ver cómo se acomodan los partidos independentistas en esta coyuntura. En principio, parecen haber adoptado un discurso calmado de aceptación del indulto y la exigencia de la amnistía. Participarán de forma activa en la polémica nacional. Siempre aportan lo imprevisible. Curiosamente, lo han convertido en previsible.

El entramado jurídico

La oposición ya ha hecho pública su voluntad de judicializar el conflicto. Se han anunciado todo tipo de recursos que acabarán por redirigir las decisiones políticas al ámbito de la Justicia. Es decir, vamos a vivir de manera muy intensa un nuevo episodio de judicialización de la política que va a ocupar una amplia cobertura mediática. Las interpretaciones y reinterpretaciones legales van a inundar el debate en estas próximas semanas.

Hay además una importante complicación añadida. Simultáneamente a la judicialización de la política en el debate nacional, vamos a vivir una intensa discusión sobre la politización de la justicia. El hecho de que los órganos judiciales implicados en esta materia tengan un marcado sesgo conservador, que ayer explicaba con detalle Ignacio Escolar, no se puede ignorar. Este conflicto va a enlazar directamente con la negativa reiterada del Partido Popular a la renovación de los órganos judiciales. 

La eclosión mediática

Los principales argumentos de la discusión están ya encima de la mesa. Todos ellos pueden ser retorcidos y manipulados, tal y como ha explicado Daniel Basteiro. El circo mediático tiene asegurada la prolongación de su actividad hasta las vacaciones. Los indultos implican la confluencia de los principales asuntos que suelen ser de su agrado. Se trata de un conflicto que implica absoluta polarización. En consecuencia, los debates volverán a crecer en intensidad. La competencia será doble entre los dos bandos enfrentados, pero también internamente dentro de cada bloque por ver quién asume mayor protagonismo. 

Como viene siendo habitual, la deriva emocional promete enfangar cualquier intento de debate sosegado y constructivo. Se trata de un territorio de discusión muy propicio al recurso emocional. Por un lado, la buenista y constructiva defensa de la concordia, el perdón y el reencuentro. Enfrente, la completa negritud: la amenaza social comunista, el amparo del independentismo y, en definitiva, la mayor amenaza de la historia a la unidad de España y de sus principios morales. No habrá límite para la exageración. Empieza el espectáculo.

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Publicado el
27 de mayo de 2021 - 22:10 h

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