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Propuesta electoral

Llevamos ya varias elecciones discutiendo sobre si los candidatos deben o no celebrar debates

En otros países, como en Indonesia, se celebran hasta cinco debates. Hacerlo tiene más ventajas que inconvenientes 

Ahora que termina este ciclo electoral de generales, europeas, locales y autonómicas es el momento de reflexionar sobre algunas de las características de nuestra democracia y proponer reformas que puedan ser útiles a todos los partidos y, por tanto, al conjunto de los ciudadanos.

A continuación, presento una propuesta sobre los debates electorales que podrían discutir todos los partidos. En el mejor de los casos, algunos de sus representantes la leerán y, ojalá, sirva de referencia para la discusión venidera. Es una propuesta sencilla e inspirada en lo que se hace en otros países y que, además, no tiene coste económico asociado. De hecho, representaría un cierto ahorro.

Empezaré con un breve diagnóstico que comprende a partidos y candidatos para luego presentar la propuesta con sus ventajas e inconvenientes.

Llevamos ya varias elecciones discutiendo sobre si los candidatos deben o no celebrar debates. Se considera normal -en tanto que entra dentro de la estrategia de los partidos- que cualquier candidato rechace debatir con uno (o más) de los restantes candidatos. Cuando hay dudas sobre la celebración del debate, se inicia eso que desde los medios y algunos académicos llaman el "debate del debate" y mientras ponemos nuestra atención en eso, no entramos a la confrontación de ideas y propuestas. La última campaña electoral nacional es el mejor ejemplo en el que terminamos realizando dos debates en dos días consecutivos por las diversas estrategias de los partidos. No hay nada malo en celebrar dos debates en días consecutivos. Lo triste es la forma en la que se llegó a ese resultado. Las formas, en este caso, importan.

Respecto a los ciudadanos, ¿para qué nos sirven las campañas electorales? Nos sirven tanto para (1) controlar o contrastar lo que se ha hecho como para (2) publicitar lo que se dice que se va a hacer. Teniendo en cuenta esto, en los dos debates de estas elecciones generales pasadas vimos bastante de lo primero pero menos de lo segundo: si pensamos en alguna medida o propuesta concreta, difícilmente recordemos algo. Los candidatos controlan y publicitan sus argumentos teniendo en cuenta, en teoría, lo que más preocupa a los ciudadanos, y lo que estiman que les puede ir mejor. ¿Fue ese el caso? Según el CIS (estudio 3240), no. He mirado la respuesta a la pregunta sobre el principal problema de España. La columna recoge el total de las respuestas y está disponible aquí. Por cierto, cuando se pregunta por los problemas que más les afectan a los encuestados, la independencia de Cataluña baja hasta el 5% en el acumulado.

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Si bien durante los debates electorales se trataron varios asuntos, la presencia del asunto catalán superó, con mucho, la de asuntos clave como la educación y la sanidad o la calidad del empleo. En definitiva, los partidos durante los debates hicieron una cosa mientras que los intereses de los españoles habrían sugerido otra.

A pesar de este desfase entre los intereses ciudadanos y los asuntos discutidos, los debates electorales generan grandes audiencias y nos proporcionan información valiosa. Pero, a mi juicio, podemos obtener más y mejor información. ¿Cómo? Imitando a Indonesia. Allí se han realizado 5 debates ante las elecciones presidenciales de este año. En cuatro de ellos los dos principales candidatos (Widodo y Subianto) debatieron sobre (1) derechos humanos, terrorismo y corrupción, (2) energía, alimentación, recursos naturales o energía, (3) política exterior y defensa y (4) economía. También hubo uno (5) entre los candidatos a vicepresidentes.

La propuesta, por tanto, consiste en realizar debates electorales entre los candidatos que se centren en algunos de los temas más importantes para los ciudadanos. La propuesta tiene grandes ventajas. En primer lugar, la campaña, según la ley, en España dura 2 semanas más las dos previas de precampaña. Descontando los fines de semana, suponiendo que se vote en domingo, quedan 10 días hábiles. Tal vez 10 días con debates sobre 10 temas sean muchos pero, siguiendo los datos del CIS, no es complicado ponerse de acuerdo en 6 u 8 asuntos relevantes para el común de los ciudadanos (y sí, se puede celebrar uno sobre la unidad de España). La segunda ventaja es que reduce el numero de actos de los principales candidatos, y baja el coste de los actos de las campañas: al estar preparando el debate no pueden estar llenando plazas de toros. En tercer lugar, no es necesario que todos los debates los hagan los líderes y así se pueden dar a conocer a los respectivos equipos (ya lo vimos con el debate de Solbes y Pizarro) y, si quieren, llenar alguna plaza de toros. Cuarto, los candidatos se verían obligados a concretar sus medidas en mayor medida que ahora. Un ejemplo: cuando dicen que les interesan asuntos como la despoblación del interior del país y que eso es un problema, más allá de la declaración, ¿Qué propondrían? En muchas ocasiones, los periodistas querrían preguntar, repreguntar y volver a hacerlo hasta que se responda a la pregunta. Con la estructura actual difícilmente se puede hacer eso porque no hay suficiente tiempo. De esta forma, los candidatos tendrían que responder más claramente o, ser más hábiles si se quieren ir por las ramas.

Una de las principales desventajas puede ser que muchos debates saturen a los espectadores. Pero hay tres respuestas. Primero, los ciudadanos decidirían cuales ver y cuales no, como hacen cada noche cuando se sientan en el sofá. Segundo, los debates se celebrarían en la televisión pública, aunque también podrían hacerse en las privadas. Pero incluso así, la televisión pública sería la garantía de celebración. Tercero, la democracia no es una cuestión de audiencias y lo que interese a un ciudadano seguramente es diferente a lo que le interesa a otro.

Esta propuesta no es ideal. Como bien escribía Víctor Lapuente hace unos días, estamos expuestos al contraste electoral cuando es menos efectivo, durante el periodo electoral. Pero esta propuesta aumentaría los elementos de contraste para mejorar la calidad de nuestra democracia.

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