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Cuando las vacaciones son "un drama" por el cierre de los comedores escolares

El parón del servicio de comidas en Semana Santa provoca que los niños que viven en familias con riesgo de exclusión se queden sin el único plato fuerte que toman al día

Las Comunidades Autónomas que abrieron los comedores en verano no organizan una programación parecida durante estos días; otras, como Madrid, no contemplan nunca esta alternativa

Fátima, madre de cinco hijos, calcula que se gastará 130 euros, de una renta mensual de 532, en alimentarlos

Las comunidades prefieren abaratar los menús escolares más que permitir el táper de casa

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A Fátima (nombre ficticio) el cierre del comedor escolar durante las vacaciones de Semana Santa le descuadra las cuentas. Calcula que esta semana le costará 130 euros dar de comer a sus cuatro hijos que generalmente desayunan y almuerzan en la cantina del centro gracias a unas becas que les ha concedido el Ayuntamiento de Madrid. Así que este mes le va a costar ajustar el presupuesto mensual que tiene un tope máximo de 532 euros, cantidad que recibe en concepto de renta mínima de inserción y que se ha convertido en el único ingreso que tiene para mantener a su familia.

El cierre de los comedores escolares durante Semana Santa –parecido a lo que ha ocurrido durante las vacaciones de Navidad– provoca que los niños que viven en familias en riesgo de exclusión social se queden sin comer el único plato fuerte de comida que toman al día. En verano, algunas administraciones sí habilitaron servicios específicos: Cataluña, Aragón, Extremadura, Andalucía, Canarias y las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla plantearon esta alternativa. Sin embargo, durante estas vacaciones estos gobiernos regionales no han tomado la misma decisión.

Otras regiones, como Madrid, han persistido en su programa de cierre total. Como explicó el presidente de la Comunidad, Ignacio González, su visión es que el problema de nutrición de los niños y niñas es "el sobrepeso" no el hambre.

Así que Fátima, que vive en la Comunidad de Madrid –en un piso del IVIMA (Instituto de la Vivienda de Madrid) por el que paga 60 euros al mes de alquiler y 45 de comunidad– tiene que lidiar con la política del Gobierno regional. Destina los 427 euros que le quedan a cubrir las necesidades de sus cinco hijos de ocho, seis, cinco, tres y un año. Durante la semana les alimenta con "lo más barato: pasta, arroz, huevos, salchichas y san jacobos". Reconoce que en los periodos en los que el comedor escolar está cerrado "es muy difícil hacer la compra, lo estiro todo lo que puedo. Mis hijos no van a tener lo que come una persona con dinero. Pasan de comer primer plato, segundo y postre a un solo plato. Y por supuesto, nada de ternera o pescado".

Dolores también tiene un presupuesto apretado, está cobrando 426 euros del paro. Vive en Colmenar Viejo, también en la región madrileña, por lo tanto, el centro escolar de sus nietos no funciona durante diez días. A sus 51 años la alimentación de los cuatro pequeños de 7 meses, 5, 8 y 10 años le quita el sueño: su hija no tiene trabajo y ella es la única que inyecta dinero en casa. Los tres niños que estudian en el colegio comen allí becados por la Comunidad de Madrid. La llegada de las vacaciones le supone una angustia al ver que la nevera está vacía. "Con el cierre del colegio no sé de dónde va a salir el dinero de la comida o de la merienda", cuenta mientras se le quiebra la voz al reconocer que en alguna ocasión sus nietos se han acostado sin cenar.

Por eso, ha acudido a los Servicios Sociales del Ayuntamiento de Colmenar Viejo, municipio madrileño en el que reside, para que le incrementen la ayuda que recibe, consistente solo en un litro de leche de bebé cada siete días. "La semana pasada cuando me pasé a recogerla, les dije que no me movía de ahí si no me suministraban más comida. Me mandaron a Cruz Roja, allí me entregaron potitos, leche y arroz", continúa Dolores explicando en qué se va a centrar el menú de esta semana: "Leche y arroz. Leche y arroz. No hay más. No hay una carne fresca, no hay yogur, no hay una naranja, no hay un cacho de pan, no hay un huevo, no hay nada".

Algunos miembros de la asamblea del 15M de su municipio han contribuido para que pueda añadir algún alimento más al carrito de la compra y desde la Comisión de Educación de esta Plataforma han solicitado al Consistorio la apertura de un comedor escolar en Colmenar para que los hijos de familias en riesgo de exclusión social puedan tomar una comida fuerte al día durante las vacaciones, portavoces de la asamblea señalan que el Ayuntamiento se ha negado.

50.000 pequeños sin menú

La Federación de Padres y Madres Giner de los Ríos lleva meses pidiendo al Gobierno de Ignacio González la apertura de los comedores escolares durante las etapas vacacionales. Como ya hizo en verano, el ejecutivo se sigue oponiendo a esta petición argumentando que esa decisión la deben de tomar los Ayuntamientos. Asimismo continúan defendiendo que en la región no hay casos de desnutrición infantil. 

La FAPA y los socialistas madrileños estimaron que el verano pasado 50.000 alumnos se quedaron en esa Comunidad sin recibir el único menú consistente que toman al día debido al cierre de estas cantinas. Madrid no es la única región que cierra los comedores escolares en verano. De hecho, solo cinco gobiernos autonómicos abrieron algunas cantinas para dar de comer a los alumnos con problemas de alimentación durante los meses de julio y agosto del año pasado.

Entre los Ejecutivos que en julio abrieron comedores pero no en abril, una portavoz de la Junta de Andalucía explica que "estos periodos cortos vacacionales no se organizan de la misma manera que los meses estivales". Aunque señala que las familias en riesgo de exclusión social que viven en su región cuentan con una alternativa: "Hay trabajadores sociales que están en contacto con ellos durante todo el año, conocen qué niños tendrán problemas de alimentación esta Semana Santa y les dan una ayuda económica o un lote de comida". Los Servicios Sociales de la Generalitat utilizan un programa parecido, estos días ayudan a las familias que ya están inscritas en un "circuito de apoyo de emergencia social y de alimentos, donde se suele facilitar una comida para la infancia en riesgo".

Por su parte, el gobierno de Aragón sí que desarrolla programas que mantienen abiertos los colegios esta semana realizando campamentos urbanos. Sin embargo, no subvencionan la asistencia de los alumnos en riesgo de exclusión, por lo tanto para participar las familias deben pagar un cuota a la que estos padres no pueden hacer frente. Eldiario.es ha intentado en varias ocasiones conocer si Extremadura ha programado alguna alternativa, sin haber recibido respuesta por el momento.

Miedo a que le retiren los hijos

La ONG Educo, que se encarga de entregar becas comedor para garantizar una comida completa al día en la escuela, lamenta que la instituciones públicas se desentiendan de la alimentación de los más pequeños en periodos cortos de vacaciones. "Navidad y Semana Santa son un drama para estas familias. La Administración pública firmó la Declaración de los Derechos de la Infancia y garantizó que los niños iba a estar bien nutridos", se queja Pepa Domingo, coordinadora de Acción Social de esta plataforma.

El portavoz de la FAPA madrileña también protesta por la escasa sensibilidad de la administración con la malnutrición infantil: "Hace un año que se aprobó una propuesta en la Asamblea de la Comunidad de Madrid para que el Gobierno regional pusiese en marcha un estudio de la situación actual, se han negado a hacerlo. Es difícil cuantificar el número de familias que pasan hambre porque se callan, tienen miedo a posibles consecuencias, como perder la custodia de sus hijos".

Un hecho que constata Fátima, que tiene miedo a dar su nombre real por si le quitan a sus hijos. Debe 4.000 euros al IVIMA, generalmente intenta pagar dos cuotas de alquiler al mes para que esa cantidad se vaya reduciendo. Sin embargo, este mes con el gasto añadido que supone el cierre de los comedores no lo abonará: "Se lo explicaremos al IVIMA, pero estos días no puedo pagar la deuda porque hay una semana en la que me tengo que hacer cargo de la comida de mis hijos".

Dolores también debe dinero, en su caso 280 euros por no haber podido hacer frente a los recibos de la luz. Esta semana la desesperación ha hecho que se le pase por la cabeza aumentar sus deudas, ha llegado a plantearse hacer un compra, sin abonarla, para así poder alimentar a sus nietos: "Una vez que me la hubieran dejado en casa, no haberla pagado. Lo que pasa es que el repartidor es conocido del pueblo y no quise crearle problemas. Por eso, al final, no lo hice".

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