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El Procés es el vacío

Se ha desplazado el eje de Barcelona a las comarcas, algo que explica el éxito de ciertas ideas. A partir de este mecanismo pasamos de la Catalunya expansiva, propugnada entre otros por el muy añorado Pasqual Maragall, a la que mira hacia adentro

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Jordi Turull, Carles Puigdemont y Xavier Garcia Albiol en el hemiciclo

Desde hace mucho tiempo pensaba escribir un artículo titulado perquè no escric sobre el Procés, pero sé que seguiré haciéndolo. Esta mañana me puse a nadar y descubrí que mi interés es narrar los motivos de ese vacío que todo lo llena, la perversión de su existencia abstracta, porque de momento nadie ha demostrado su solidez, más bien es una nada útil para accionar bocas, levantar banderas y provocar infinitas jaquecas.

En su Diccionario enciclopédico de la vieja escuela Javier Pérez Andújar menciona con mucho tino que nuestra época es la del absoluto sentimentalismo, una especie de maná surgido de la necesidad periodística de titulares fáciles a partir de ese invento desaprovechado que son las redes sociales. De este modo cada día el ciudadano puede indignarse y apelar a cómo le hieren en lo más hondo. Esta inercia basada en el sentimiento derrumba el pensamiento, inexistente, como en el Procés, que entre sus méritos tiene simbolizar muy bien nuestro tiempo histórico.

Y lo logra entre otras cosas por su inefable capacidad de convertir múltiples mentiras en verdades que nunca lo serán. La principal surgió en la ya lejana noche de los tiempos de junio de 2011, cuando tras la mal llamada toma del Parlament el otrora Molt Honorable Artur Mas decidió que era una buena idea ocultar las retallades con estelades. Desde entonces, entre confesiones, descalabros y 3% por doquier, la lucha por la independencia se ha transformado en un combate de supervivencia del partido patrimonial de Catalunya y sus vasos comunicantes, que, por cierto, nunca se han salpicado y puede que ocupen el sillón presidencial en las próximas elecciones.

Estamos , no descubro nada pero las cosas deben decirse, ante una cuestión de hegemonía, indiscutida durante unos años hasta que aparecieron los Comuns, a los que se les acusa injustamente de ambigüedad, algo delirante si seguimos su discurso y deducimos que si quieren un referéndum, pero dentro de las vías legales, pero claro, el altavoz mediático soberanista es poderoso y capaz de llamar no demócrata a quienes no sigan su decálogo.

No veo muy democrático lo que propone Anna Gabriel consistente en subvencionar sólo a los medios partidarios a las ideas que desde una posición de poder llevan la voz cantante, como tampoco veo nada plural que la televisión pública se haya convertido en un aparato de agitprop donde casi durante veinticuatro horas se deforma sin informar. A veces creo que para vivir tranquilo lo mejor es no encender la Nostra y respirar el aire de la calle. En otras ocasiones, más recientes, pienso en lo aprobado por el Congreso español para, al fin, crear una RTVE independiente de partidismos. Deberíamos tomar nota.

Otro factor es el populismo, muy criticado pese a ser el motor de todo el Procés desde Artur Mas con los brazos alzados cual Mesías. La voluntat de un poble, término decimonónico, excluye el concepto ciudadanía y continua con su matraca desde múltiples formas y vertientes que incluyen la presencia de organizaciones minoritarias en la cúspide, sin que nadie las haya votado, y la presencia de oradores simbólicos con la cara dura de hablar de España como opresora. Si uno analiza fríamente la importancia de Pep Guardiola alucina, porque es un entrenador de fútbol, el equivalente posmoderno de los que aleccionaban a los gladiadores romanos en el Coliseo. Panem et circenses.

Guardiola es de Santpedor, Puigdemont de Amer y Junqueras alcalde de Sant Vicens dels Horts. Se ha desplazado el eje de Barcelona a las comarcas, algo que explica el éxito de ciertas ideas. A partir de este mecanismo pasamos de la Catalunya expansiva, propugnada entre otros por el muy añorado Pasqual Maragall, a la que mira hacia adentro. Es la metáfora del país como templo o ágora de Antoni Puigverd. El templo es un lugar sagrado al que debes entrar como fiel. El ágora es la plaza pública, un lugar inclusivo donde todo el mundo tiene cabida.

La elección del formato sacrosanto afecta, y mucho, a la cultura. Uno de los personajes más repudiados de la Historia catalana reciente es Eugeni d’Ors, pero no puede negársele, lo explica muy bien Javier Varela en una reciente y premiada biografía, su voluntad de construir país a partir del conocimiento, y esa fue una de las grandes labores noucentistas. En cambio, ahora, más allá de manifiestos perfectamente olvidados, no detecto ningún paso donde la palabra cultura aparezca destacada, y sin ella el proyecto independentista carece de cualquier credibilidad y camina firme hacia un provincianismo muy indigesto en nuestra era, donde parece, y se agradece, que Europa pueda resucitar en medio de tanta inconsecuencia. Crear fronteras es cerrazón, física y mental.

Por lo demás el Procés es el vacío por su absoluta nulidad de propuestas para un hipotético mañana sin pertenecer a España. Han pasado casi un lustro desde la famosa Diada de 2012 y aún espero que me cuenten los planes políticos más allá de milagros del pan y los peces. Para que los que ya están enfadados no se me   cabreen más de la cuenta les diré que, asimismo, la oposición catalana y española ha tenido durante este intenso período un perfil más bien lamentable.

El ideal sería, pero ambos bandos se negaron en redondo desde el principio, unos desde la performance y los otros desde el silencio, el diálogo. Quien escribe piensa bastante como el editorial del New York Times. Si ya hubiéramos votado quizá todo el sainete hubiera terminado y estaríamos más tranquilos. No creo que sea tan difícil reconocer España como Nación de Naciones, dar prioridad a las autonomías históricas, ser justos en el aspecto de las aportaciones del Estado al Principado y crear un clima que supere la conllevancia e instale la concordia, no la de Cambó, sino una que permita una colaboración verdadera desde una óptica federal. Sí lector, pido relativos imposibles que sin embargo pueden fructificar si los dos gobiernos del vacío abandonan sus butacas y dan paso a otras caras y nombres proclives a construir y no a destruir, hombres y mujeres bien distintos a los que nos quieren perpetuar en una tierra baldía sin esperanza con exceso de ruido y sin atisbos de bien común en el horizonte.

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