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DESALAMBRE

El problema de la renta en la lucha contra el sida

Países que pasan de Renta Baja a Renta Media son abandonados por los mecanismos de financiación internacional y han de responder con sus propios recursos a pandemias como el sida, la tuberculosis o la malaria

Las ONG se quedan sin financiación para apoyar a las poblaciones clave, que son criminalizadas y estigmatizadas por muchos gobiernos de estos países

El drama castiga enormemente a regiones de Europa del Este y Asia Central, y amenaza con echar por tierra los esfuerzos en América Latina

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Imatge de l'acte celebrat amb motiu del Dia Mundial de la Sida./ SANDRA LÁZARO

Imagen de archivo de una protesta por la lucha contra el VIH | FOTO: Sandra Lázaro

Desde hace más de 50 años, el Banco Mundial clasifica económicamente a los diferentes países del mundo usando una medida específica del desarrollo económico: el ingreso nacional bruto (INB) per cápita. Por ejemplo, en su última clasificación, de julio de 2015, Bangladesh, Kenya, Myanmar y Tayikistán dejaron de ser países de renta baja y pasaron a ser países de renta media. Mongolia y Paraguay, por otro lado, pasaron de la franja de ingreso medio-bajo a la de ingreso medio-alto.

La realidad es que ese ascenso no significa necesariamente mejoras en la vida de muchos de sus habitantes. Algunos datos significativos: el 70% de la población más pobre del mundo vive en países de Renta Media. El 60% de todas las personas con VIH/sida reside en estos países. Y tan solo el 44% de la población residente en países de Renta Media tiene acceso a medicamentos.

Son países muchas veces pequeños, con grandes problemas de salud y epidemias muy concentradas entre sus poblaciones más vulnerables. Se encuentran sobre todo en Europa del Este y América Latina, y dependen enormemente de la ayuda exterior para financiar su respuesta a pandemias como el sida, la tuberculosis y la malaria.

Trancisión’ de la financiación

"Hace muchos años que los mecanismos de financiamiento bilateral y multilateral tienen una agenda de financiar a los más pobres" dice Javier Hourcade, representante regional de America Latina y el Caribe para la Alianza Internacional. "Se basan en la premisa de que los países de renta media, al ser más ricos, pueden afrontar la respuesta a la epidemia de VIH con recursos propios".

De este modo, los donantes internacionales como PEPFAR o, más importante, el Fondo Mundial de lucha contra sida, tuberculosis o malaria - un fondo internacional de vital importancia que financia en decenas de países programas de respuesta a las pandemias - comienzan procesos de ‘transición’ en los países renta media para centrar sus ayudas en los países de renta más baja. "‘Transición’ es una palabra desarrollada por estos donantes para salir de los países con un perfil bajo" asegura Hourcade. "Es una manera inmoral de abandonarlos. "Transición" no implica que estos países estén preparados. No lo están. La gente que tiene HIV y vive para contarlo lo hace gracias a la solidaridad global".

"La actual política de retirada del Fondo Mundial está abandonando de manera irresponsable una serie de países de Europa del sureste, del este y Asia central", asegura Raminta Stuikyte, de European AIDS Treatment. "La parte más vulnerable de ese proceso son las personas que se inyectan drogas, hombres que tienen sexo con hombres y trabajadoras sexuales. En el análisis de ONUSIDA hace varios años, sólo el 15% de la financiación para estos grupos venían de financiación nacional. El resto: donantes internacionales, principalmente el Fondo Mundial".

El rol de las organizaciones de la sociedad civil, principales beneficiadas de las ayudas del Fondo Mundial, es fundamental para asegurar tratamiento y sensibilizar sobre estas poblaciones clave, que incluyen también a mujeres, adolescentes, presos y personas transexuales. Raramente los programas dirigidos a estos grupos van a ser financiados por los gobiernos que "prefieren pagar precio el alto de los fármacos que el precio bajo de condones o programas de prevención y sensibilización" critica Hourcade. Y es que los gobiernos de muchos de estos países criminalizan y estigmatizan a estas poblaciones, que tras el abandono del Fondo Mundial y otros donantes perderán servicios de prevención, servicios legales y servicios de suministro de medicamentos. "Las subvenciones del Fondo Mundial están terminando y los servicios están cerrando o reduciendo al mínimo. Por desgracia las consecuencias están llegando muy rápidamente" dice Stuikyte.

Servicio de atención e intercambio de agujas para consumidores de drogas en Bucarest | FOTO: Drugreporter

Servicio de atención e intercambio de agujas para consumidores de drogas en Bucarest | FOTO: Drugreporter

Europa central y Asia Central

En Europa Oriental y Asia Central, las nuevas infecciones se incrementaron en un 30% entre 2000 y 2014 y el número de muertes relacionadas con el sida en estas regiones aumentó más del triple entre esos años. Estas cifras mucho tienen que ver con esos procesos de ‘transición’ de los donantes internacionales en países que aumentaban su clasificación en el Banco Mundial.

El caso de Rumanía ilustra perfectamente este drama. "En el año 2011, cuando se retiró la concesión de financiación para programas de VIH, el país tenía un 1% de prevalencia de VIH entre los usuarios de drogas inyectables. Un estudio reveló que la prevalencia en 2014 es de más de un 20%. También ocurrió en Serbia: la concesión terminó hace dos años y la prevalencia del VIH ha aumentado. En Montenegro, ha pasado un año desde el cierre de la subvención y las agencias locales están reportando que la prevalencia de VIH entre los hombres que tienen sexo con otros hombres se ha disparado hasta el 20%" lamenta Stuikyte.

Las ayudas para Bulgaria, Macedonia y Bosnia Herzegovina acaban este año. Bielorrusia, Kazakstán, Azerbaiyán también han recibido su última aportación. Será el gobierno a partir de ahora quien deba cubrir las necesidades de las poblaciones clave, como el gobierno bosnio se ha comprometido a hacer pero, "¿cómo van a hacerlo si no estaban realmente comprometidos con la respuestas al VIH y si, además, existe un estigma y una discriminación enorme hacia los trabajadores sexuales, los hombres homosexuales y los consumidores de drogas inyectables?" se pregunta Skuikyte.

Estos procesos de transición van a hacer que, ante la falta de fondos, muchas organizaciones de la sociedad civil desaparezcan, pese a su rol fundamental en ayudar a estas poblaciones olvidadas por los gobiernos. "Serbia es el ejemplo de lo que sucede con los grupos locales" cuenta Skuikyre. "Veza, una organización que ofrecía servicios de intercambio de agujas, ha tenido que terminar con sus operaciones. No tienen agujas para distribuir ni oficina, y han relatado como la unidad móvil que fue comprada con dinero del Fondo Mundial fue reclamada por el Ministerio de Salud, ya que está en sus cuentas y no puede ofrecer servicio a personas que se inyectan drogas".

América Latina y el Caribe

A diferencia de Europa del este y Asia central, las cifras muestran otra realidad en esta zona del mundo. De hecho, en América Latina, el número de nuevas infecciones por el VIH en 2014 fue un 17% menor que en 2000, y en el Caribe se redujo a la mitad en el mismo periodo. Las muertes relacionadas con el sida han disminuido en un 31% en América Latina y en el Caribe a menos de la mitad.

Pero en Latinoamérica y el Caribe hay muchos países de renta media-baja que han pasado a ser países de renta media-alta y que pasan a ser no elegibles para el financiamiento, no solo del Fondo Mundial, sino también de PEPFAR y otros donantes. Esta retirada de apoyo afectará de manera desproporcional a los programas con las poblaciones clave en los próximos años, y echará por tierra todo lo conseguido hasta ahora.

"Aún hay enormes problemas en muchas zonas, como varios países del Caribe o, por ejemplo, Belice, porque todavía tienen sistemas legales que criminalizan relaciones entre el mismo sexo", dice Hourcade, mientras reivindica la necesidad de sistemas de salud fuertes que no solo necesitan dinero y financiación, sino también un activismo que luche por políticas de integración, educación y desarrollo. Ese activismo que tanto peligro corre con la retirada de los donantes internacionales.

Otros indicadores

"El problema es pensar en los problemas económicos para pensar en términos de salud. Hay muchos términos que no son tenidos en cuenta, como la desigualdad" dice Hourcade. "Los indicadores del Banco Mundial son caprichosos. Que un país pase de ser de renta baja a renta media no quiere decir que el país, de repente, está fantástico y pueda resolver todos sus problemas. Necesitamos indicadores diferentes para clasificar a los países, pero no existen y los actuales no resuelven estos problemas de salud y desarrollo. No es lo mismo ser India o China que Argentina o Brasil en nivel de deuda interna o pobreza".

El Fondo Mundial, PEPFAR o los otros donantes no deben tomar decisiones basadas en la renta per cápita. Tampoco deben tener una "mirada tan miope" de lo que es la carga epidémica. "Si, por ejemplo, la población transexual de Peru tiene una prevalencia de sida del 35% necesita dinero. Obviamente no tanto como la población de Sudáfrica, que tiene un 30% de prevalencia entre la población general; no estamos pidiendo que la respuesta sea igual, pero debe ser coherente para poder financiar a las organizaciones de defensa de los derechos humanos y control social que trabaja con poblaciones clave".

Las transiciones deben parar. O deben ser replanteadas. "El Fondo Mundial está comprobando de que sus anteriores salidas no han sido exitosas" comenta Skuikyre. "Habiendo construido una respuesta tan importante durante tantos años para frenar la epidemia, dejarla caer ahora es criminal. Uno pestañea y, de repente, todo es un desastre" dice Hourcade. Y termina: "El drama está siendo la desaparición de las organizaciones de la sociedad civil. ¿Quién estará ahí para proveer servicios a las poblaciones clave? Nadie".

Una trabajadora social rellena un formulario en Sofia, Bulgaria | FOTO: Drugreporter

Una trabajadora social rellena un formulario en Sofia, Bulgaria | FOTO: Drugreporter

El papel de España

Hace muchos años que España dejó de ser un actor importante en la lucha contra el sida, tanto en ayuda bilateral como en ayuda multilateral. Si antes de 2011 España llegó a ser el quinto mayor donante del Fondo Mundial, desde entonces no ha donado ni un solo céntimo. Es más: todavía debe 140 de los 600 millones comprometidos en ese periodo.

Desde diferentes organizaciones de la sociedad civil, como Salud por Derecho, hemos insistido y trabajado para que el Gobierno español recupere poco a poco los niveles de inversión anteriores. Esperamos que para la Conferencia de Reposición de fondos del Fondo Mundial, que tendrá lugar en Canadá durante septiembre, España vuelva a ofrecer aportaciones acordes con la gravedad de estas pandemias.

Por otro lado, la ayuda bilateral puede servir para ayudar a los países de Renta Media que los financiadores han ido abandonando. Por eso también proponemos poner en marcha programas bilaterales con determinados países de Latinoamérica o Europa del Este para apoyar los servicios de prevención y a la sociedad civil, que así podrán realizar una incidencia política que consiga despertar la conciencia de los gobiernos para ofrecer una respuesta que incluya a las poblaciones clave.

Pablo Trillo es periodista, trabaja en Salud por Derecho, y está en Durban, Sudáfrica, cubriendo la XXI Conferencia Mundial de sida.

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