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Las familias con niños discapacitados pagan más del doble que el resto por las colonias de verano

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Raúl Gay

Zaragoza —

Tener un hijo con discapacidad es más caro que tener un hijo sin discapacidad. Lo saben bien los padres y madres de decenas de alumnos aragoneses que se ven obligados a pagar más del doble que otros para que sus niños vayan a las colonias de verano que ofrece el Gobierno de Aragón a través del programa Abierto por Vacaciones. Tras pelear en los despachos, han logrado el compromiso de que la administración les devuelva la diferencia, aunque no hay fecha para ello.

Durante los meses de junio y julio, Abierto por Vacaciones acoge durante 6 semanas a los alumnos mientras los padres todavía trabajan. El Gobierno da una subvención de 90 mil euros a la educación especial pero las cuentas no salen. Los alumnos sin discapacidad pagan 65 euros por semana, mientras que aquellos que sí la tienen abonan 150 euros. A esta cantidad hay que sumar el coste de las sesiones de fisioterapia y el transporte. En total, la familia de un chaval con discapacidad paga algo más de 1.000 euros, frente a los 390 euros que cuesta la plaza ordinaria. Los padres y madres han tenido que pelear durante meses en los despachos para lograr que estas cuotas se equiparen.

Las AMPAS de colegios especiales se reunieron antes de las elecciones con diferentes partidos políticos y también con el Departamento de Educación, entonces dirigido por Dolores Serrat. En aquel encuentro, dice una madre de un chico con discapacidad, “prometieron que se iba a abaratar el coste de colonias, a través del Instituto Aragonés de Servicios Sociales (IASS), pero tras elecciones dijeron que el Gobierno estaba en funciones y no podían hacer nada”. Ahora es el PSOE quien responde a la petición.

Al inicio, fueron los padres y madres los que hablaron con los partidos, porque ellos conocían de primera mano el problema. Después la Federación de Asociaciones de Padres y Madres de alumnos de la escuela pública (FAPAR) se sumó a la reivindicación y pasó a gestionar el asunto. En una una reunión con los actuales responsables de Educación se acordó devolver a las familias el dinero extra que habían tenido que pagar. Desde el Gobierno, afirman que se contempla el reintegro de 50.000 euros, aunque no hay fecha fijada.

La comisión de AMPAS de educación especial quiere que esta medida sea permanente para no tener que pelear lo mismo dentro de un año. “No tendríamos que ir despacho por despacho pidiendo dinero”, comentan. En septiembre hablaran con Educación para cerrar el tema y que se incluya en los presupuestos de 2016.

La rutina y la ocupación son importantes

Para los padres y madres de educación especial, estos programas deberían ser entendidos como una “continuación escolar”. Durante junio y julio, muchos niños con discapacidad se encuentran mejor en el colegio que en casa, donde los padres no pueden atenderles como es debido ni llenar su tiempo porque trabajan. “A veces no se puede llevar a una piscina porque es complicado, tampoco las playas son accesibles…”

El padre de una niña con autismo dice que “nadie se plantea el fondo de la cuestión, si realmente deben tener tantas vacaciones, si estas colonias deberían estar incluidas en educación y ser gratuitas”. Recuerda que “por mucho que se abarate, siempre habrá niños que necesiten este servicio y no lo pueda usar”. Esto choca con la igualdad de oportunidades.

Se pregunta si lo mejor para los niños de educación especial es que estén dos meses en su casa y no tiene una respuesta clara. “Tal vez no. El curso debería seguir hasta que los niños lo necesitasen: allí les ayudan a trabajar y les dan terapia”. Sostiene que hay que revisar el modelo para para que cada alumno tenga el trato que más le conviene.

No es el único que lo piensa. La madre de dos alumnos con discapacidad afirma que “es primordial” que los niños puedan acudir a la escuela el máximo de tiempo posible. “El aburrimiento es muy malo”, asegura. “Todo el mundo le da a la cabeza cuando se aburre y nunca para bien. Por eso es importante una actividad”. A esto hay que sumar que en vacaciones se acaba el servicio de fisioterapia, una necesidad para muchos niños con discapacidad física e intelectual. “Las vacaciones no son vacaciones para ellos”, lamenta.

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