Rosa Mantecón (CCOO): “Las fuerzas reaccionarias atacan al sindicalismo porque es el gran baluarte de los trabajadores”
Rosa Mantecón (Reinosa, 1980) ha sido recientemente reelegida como secretaria general de Comisiones Obreras en Cantabria con un indiscutible respaldo del 87% de los delegados y sin candidaturas alternativas. Lo hace en un momento de máxima cohesión interna, pero también de alta tensión política y social, donde el sindicato se reivindica como “el principal baluarte” de las personas trabajadoras frente a “la campaña de constante descrédito por parte de las fuerzas más reaccionarias”.
En esta entrevista con elDiario.es, Mantecón analiza los retos inmediatos del sindicalismo en la comunidad autónoma, desde la precariedad y la siniestralidad laboral hasta el acceso a la vivienda. “Estamos en plena lucha sindical y no descartamos que se extienda en el tiempo y por toda Cantabria, ante la actitud del Gobierno y de la patronal”, advierte sobre los conflictos laborales actuales en educación, sanidad o en el sector del metal.
Acaba de ser reelegida secretaria general de CCOO con un 87% de apoyo de sus compañeros y compañeras. ¿Cómo interpreta este apoyo y qué lectura hace del momento que atraviesa el sindicato?
La lectura que hacemos es la de un respaldo mayoritario en un momento en el que el sindicato llega a su punto de mayor cohesión, porque se han incorporado y han respaldado el proyecto la práctica totalidad de las federaciones del sindicato, y porque por primera vez en la historia no ha habido candidaturas alternativas en el proceso congresual para la reelección. Se ha dado respaldo al trabajo realizado en los últimos cuatro años, que para Comisiones Obreras de Cantabria ha sido el mejor mandato de su historia a nivel interno, alcanzando las mayores cotas de afiliación. Así que entendemos que los trabajadores y las trabajadoras de Cantabria hacen una lectura positiva del trabajo que realizamos tanto en las empresas como en la sociedad. Nos hemos convertido en la primera organización sindical en Cantabria por primera vez en la historia, y así lo ha certificado la Dirección General de Trabajo al cierre del año 2024. Con lo cual, encaramos este nuevo mandato con muchas ganas y con mucha fuerza, y con un gran respaldo para continuar trabajando para mejorar la organización, con el objetivo de ser la mejor herramienta para mejorar las condiciones de trabajo y de vida de las personas de Cantabria.
Uno de los grandes retos que se ha marcado es cubrir a las más de 7.000 personas que en Cantabria aún no tienen convenio. ¿Cuáles son los sectores más afectados y cómo piensa abordar este objetivo?
Ese es uno de los grandes déficits que tiene nuestra comunidad, aparte de la precariedad general, sumado a la gran desigualdad salarial que tenemos respecto a otras comunidades y a la media nacional. Las personas que se encuentran en peor situación son las que no tienen cobertura de un convenio colectivo. En este último mandato hemos cuantificado el volumen de personas y sectores en los que se da esta circunstancia. Y en una gran parte -y creemos que sería una buena forma de afrontar esta problemática- son en sectores sociosanitarios, sectores vinculados a la sanidad privada, que podrían aglutinarse y estar acogidos por un único convenio. Ese es uno de los trabajos que ya hemos iniciado, y de ahí continuar con el resto. Nuestro principal objetivo era poder incorporar a convenios ya existentes ámbitos de actividad que podrían estar vinculados a otros sectores. En esa línea estamos trabajando y esperamos resolver gran parte de ello a lo largo de este periodo.
En su discurso en el acto en el que fue reelegida mencionó la necesidad de contar con un sindicato “fuerte y pegado al terreno”. ¿Considera que la sociedad percibe hoy a los sindicatos como una herramienta con esa fortaleza y cercanía?
Hay una campaña de descrédito de las organizaciones sindicales, pero las personas trabajadoras dicen lo contrario, ¿no? Cuando nosotros vemos que nuestra afiliación crece, que tenemos más respaldo en las empresas, que nos votan más personas, entendemos que la tendencia es a la inversa de la que se quiere contar. ¿Podríamos mejorar esta circunstancia dando a conocer la labor que se realiza desde la organización sindical? Sí. Y por eso también es algo en lo que vamos a trabajar: en impulsar que las personas conozcan el valor de las organizaciones sindicales, que conozcan el trabajo que se realiza y cómo le afecta a los trabajadores, a las trabajadoras y a la ciudadanía. Ahí nos vamos a dedicar, porque el sindicalismo todavía tiene mucho que ofrecer y es el gran baluarte que tienen las personas trabajadoras de nuestro país. Y siendo así, es por eso que se ataca a las organizaciones sindicales, pero la gente responde en la dirección contraria: respalda más a las organizaciones sindicales. Y creo que en el último periodo, de forma muy importante, a lo largo de la pandemia, se ha demostrado la utilidad de las organizaciones sindicales y, en concreto, de nuestro sindicato.
¿A qué o a quién atribuye ese descrédito?
Hay una tensión, hay una crispación política que no nos es ajena, precisamente por eso, porque hay que señalar a quien puede ser el contrapunto de tus intereses. Lógicamente, la extrema derecha y las fuerzas más reaccionarias están en una campaña de constante ataque, de constante descrédito. Lógicamente, las personas trabajadoras responden y así lo estamos viendo en el día a día. Hemos tenido un periodo muy activo, de movilización constante, y como vemos, esa va a ser la línea sucesiva. Porque está claro que, en un momento en el que la economía funciona, en el que las empresas están obteniendo los mayores resultados de los últimos tiempos, lo que queremos es que se reparta la riqueza al igual que se repartió el sufrimiento en otros momentos. Ahora mismo se ha afrontado una crisis de una manera absolutamente diferente a como se había hecho en otras ocasiones y eso ha sido gracias también al empuje de las organizaciones sindicales. Los resultados han sido diametralmente opuestos y beneficiosos tanto para las personas trabajadoras como para el conjunto de la economía, y sobre todo, para las empresas. Ahora es el momento del reparto y eso es lo que se va a disputar.
Mencionaba antes el aumento de la afiliación, pero ¿qué diagnóstico hace sobre la edad media de las personas afiliadas a CCOO en Cantabria? ¿Está el sindicato logrando conectar con las generaciones más jóvenes?
Es cierto que la sociedad ha ido cambiando y las personas jóvenes quizá no tengan ese apego a las organizaciones sindicales. La incorporación al mercado de trabajo es más tardía. El mercado de trabajo también está cambiando, hay otros nuevos ámbitos laborales en los que no tenemos tanta implantación como en los sectores tradicionales. Y estamos trabajando también por llegar a la gente joven, para que conozca cuáles son las funciones que tienen las organizaciones sindicales, en qué les pueden afectar, y que se recupere o se genere un cierto apego a quien realmente es su aliado y de ninguna manera su enemigo.
¿Teme que esté desapareciendo la conciencia de clase?
No, de ninguna manera. Lo que estamos viendo es que, cuando se hace un buen trabajo, cuando la representación sindical y los grandes referentes hacen una buena tarea, la sociedad responde. Lo que pasa ahora es que estamos en una lucha mediática en la que, por los motivos que sean, no estamos ganando. Ese es un camino que también tenemos que recorrer: el de incorporar el discurso en ámbitos más generales, para llegar a gente que en el día a día no convive con personas sindicalistas o no convive en ámbitos donde la representación sindical existe.
¿Cuáles son las denuncias que más predominan en el sindicato?
Ahora mismo lo que tenemos son grandes objetivos, algunos muy generales, como la defensa de los servicios públicos. Estamos viviendo un momento en el que se pretende deteriorar, al menos en Cantabria, los servicios públicos con la gota malaya. Y esto hay que trasladarlo y generar una conciencia en la sociedad de que los servicios públicos son una necesidad. Queremos hacer un baluarte tanto en la garantía de unos servicios públicos de calidad, universales, accesibles a toda la ciudadanía de Cantabria, resida donde resida, como en la lucha contra la precariedad, que es muy intensa en nuestra comunidad, y sobre todo contra la siniestralidad. Esos son tres grandes ejes en este momento, aparte de, por supuesto, mejorar la negociación colectiva y los derechos de las personas trabajadoras.
¿Qué avances se han conseguido y qué frenos siguen existiendo en las empresas cántabras en relación al impulso de planes de igualdad y protocolos contra la discriminación?
Cantabria era uno de los territorios con mayor déficit en políticas laborales de igualdad. Las empresas de Cantabria se han mantenido en la insumisión durante muchos años. En este último periodo, sobre todo en el último año, se ha impulsado muchísimo la negociación colectiva en este ámbito. Se han negociado y registrado muchísimos planes de igualdad en nuestro territorio. Todavía incluso algunas administraciones se mantienen al margen. El Gobierno de Cantabria recientemente negoció y registró su plan de igualdad después de muchísimos años de déficit, obligado desde 2007 por el volumen de plantilla. A pesar del impulso que hemos dado, todavía queda mucho que mejorar. Desde Comisiones Obreras estamos formando a todo nuestro activo sindical para tener capacidad de participar en la negociación de planes de igualdad que garanticen derechos reales, que continúen avanzando en la conquista de nuevos derechos -para eso se crean los planes- y que sitúen a Cantabria como un territorio donde se respeten y se avancen los derechos de igualdad que legalmente ya están reconocidos.
Cantabria no es un territorio en el que se persigue la paz social para tener un titular o una bandera como territorio. Las personas de Cantabria exigen dignidad, derechos y respeto
El acceso a la vivienda es quizá el principal problema social ahora mismo, tanto en España como en Cantabria. ¿Qué papel debe jugar el sindicalismo en la reivindicación del derecho a la vivienda frente a la especulación y el negocio?
Sí, por supuesto. Ahora mismo la política —y así lo estamos viendo incluso en el Gobierno de Cantabria— está tratando la vivienda no como un derecho, sino como un negocio. Incluso hemos visto declaraciones valorando como algo positivo que haya inversores extranjeros vinculados a la vivienda en Cantabria. Desde Comisiones Obreras no lo vemos así. Queremos que la vivienda sea un derecho real. Queremos, en primer lugar, que se acate la Ley de Vivienda estatal, que se desarrolle en nuestra comunidad. Ahora mismo lo que adolece es un problema vinculado más bien a los precios y a la especulación, que se está generalizando, y donde no se está reconociendo el derecho a la vivienda de las personas con menos recursos o con salarios más bajos, o en condiciones sociales y económicas más difíciles.
¿Qué le parece que el Gobierno del PP presente una Ley de Vivienda centrada en combatir la ocupación ilegal, pese a los datos oficiales que minimizan su impacto?
Estamos bastante cabreados con este asunto, cuando ni siquiera se nos ha presentado el borrador o el planteamiento de ley que se pretende llevar al Parlamento. Es una reivindicación que hemos llevado al diálogo social desde que se constituyeron los espacios de trabajo con el nuevo Gobierno. Creemos que, cuando la mayoría social de nuestra comunidad siente la vivienda como su mayor preocupación, el diálogo social tiene que ser el espacio donde se trabaje por el desarrollo de una política de vivienda que es muy necesaria en Cantabria. Pero sí que es cierto que creemos, porque no conocemos el documento, que el texto no va en la dirección adecuada, y que no se está trabajando en la línea que necesita Cantabria.
¿Considera que hay un problema de masificación turística en Cantabria?
Cantabria no está sabiendo gestionar los flujos, la afluencia vinculada a la actividad que se desarrolla en el sector turístico, ni tampoco a la actividad turística que pudiera desarrollarse. Estamos viendo cómo se está dejando todo en manos del mercado y de los precios, aprovechando una circunstancia ambiental, o vinculada a las temperaturas, que ahora se ven como un refugio para personas de otras zonas. Pero hay que ponerse límites. Cantabria tiene que poner límites al territorio, respetar los derechos de quienes viven aquí, garantizar los derechos laborales de quienes trabajan en estos sectores, y reforzar el sector turístico y la hostelería con derechos, y no como el maná de una nueva era. Cantabria enfrenta importantísimos riesgos por no acometer una política adecuada para controlar la llegada masiva de personas. Aún estamos a tiempo, si el Gobierno y el Parlamento quieren.
¿Cómo afecta al empleo que buena parte de los trabajos estén enfocados al turismo?
Lo que estamos viendo es que el empleo evoluciona en España de forma muy positiva, vinculado al momento económico que vivimos y a la reforma laboral. Pero Cantabria está muy alejada de esa evolución. El hecho de estar tan vinculados a un sector turístico que no está coordinado, ni diseñado, ni tiene un proyecto, genera que la estacionalidad sea una seña de identidad de gran parte del empleo en nuestra comunidad. Donde otros ven vacantes laborales, nosotros vemos un déficit en materia laboral. Existe una alta conciencia del empresariado de Cantabria vinculados a los trabajos estacionales -como los de hostelería y turismo- que adolece de gran precariedad y falta de respeto de los derechos de los trabajadores. Así es muy difícil vincular a las personas con los sectores, y vincular los sectores al desarrollo de la comunidad.
¿Cómo valora la relación de CCOO con el Gobierno autonómico ahora que vamos a llegar al ecuador de la legislatura?
Llegado al ecuador de la legislatura y superado el primer año de relaciones en el diálogo social, tenemos que valorar la relación como cordial, pero no satisfactoria. Lo que pedimos es más seriedad, que los espacios de trabajo tengan mayor agilidad y que se centren realmente en sacar adelante las políticas acordadas. El Gobierno tiene que acelerar mucho en esta materia para que podamos alcanzar resultados satisfactorios.
Entonces, ¿la evolución del diálogo social no es adecuada en este punto de la legislatura?
No, la evolución del diálogo social, por supuesto, no ha sido la adecuada. Hemos tardado prácticamente un año en concretar las materias y los espacios de trabajo. Lo que vemos es que no se está tomando en serio ni con el nivel de compromiso necesario para abordar los retos que tiene Cantabria.
¿Qué balance hace de la lucha sindical en los diferente frentes abiertos que existen actualmente, como la educación, la sanidad y ahora el metal?
Creo que el trabajo sindical ha sido bueno y la respuesta de las personas trabajadoras ha sido adecuada al momento que vivimos. Hemos pasado un periodo de propuestas importantes. La respuesta del Gobierno de Cantabria y de ciertas patronales o empresas no ha sido la adecuada. Ahora estamos en un momento de lucha. Lo decíamos desde hace tiempo: Cantabria no es un territorio en el que se persigue la paz social para tener un titular o una bandera como territorio. Las personas de Cantabria exigen dignidad, derechos y respeto. Por eso ahora estamos en plena lucha y no descartamos que se extienda por todo el territorio y en el tiempo, ante la actitud que estamos viendo en las contrapartes.
¿Qué le parecen las últimas declaraciones del presidente de la CEOE llamando “delincuentes” a los huelguistas del metal y pidiendo cárcel para algunos de ellos?
El presidente de la CEOE falla gravemente. Sus respuestas son bastante inadecuadas. Se ha instalado desde hace meses en una campaña de criminalización de las personas trabajadoras. Ya lo hicieron en la anterior huelga del metal, cuando también sacaron las patas del tiesto. Vuelven a equivocarse atacando el derecho de huelga, un derecho fundamental e indiscutible. Lo recoge la Constitución, lo defienden las instituciones europeas, y es una vergüenza que un presidente de la patronal haga declaraciones así, cuando lo que están haciendo los trabajadores y trabajadoras es pelear por mantener y mejorar sus derechos. Es algo legítimo, y por supuesto, desde Comisiones Obreras vamos a respaldarlo en todo momento.
¿Qué diagnóstico hacen de la siniestralidad laboral en Cantabria?
La siniestralidad es el mayor drama laboral de nuestra comunidad en el ámbito laboral. Es exponente de la precariedad, pero no es el único elemento que nos lleva a las cotas que tenemos. Más de 7.000 accidentes con baja en el último año, prácticamente el doble de accidentes en solo un ejercicio. Es un drama que afecta a la salud de las personas, y del que no se habla. No he oído a ningún empresario, más allá del absentismo, hablar de preocupación por garantizar los derechos de salud y seguridad laboral. Con beneficios empresariales como no habíamos visto en otro momento —confirmados por el observatorio de márgenes del Gobierno de España—, lo que vemos es una ausencia flagrante de cultura preventiva. No hay sector ni empresa donde se garanticen los derechos de seguridad y salud, y donde no se genere esta siniestralidad. Incluso en grandes centros industriales con fondos europeos hemos visto siniestros, algunos mortales, que son el mayor exponente de la precariedad que puede sufrir una persona trabajadora por el mero hecho de acudir y cumplir con sus obligaciones laborales.
¿Cómo cree que repercutiría la reducción de la jornada laboral en la economía y en los trabajadores de Cantabria?
Está demostrado: la reducción de la jornada laboral es una política positiva. Es buena para las personas trabajadoras, pero también para la productividad y para las empresas. Generaría mayor incorporación de personas al mercado laboral, mayores ingresos y mayor satisfacción social. La sociedad ha respaldado opciones políticas que se comprometieron con esta medida. Las organizaciones sindicales hemos trabajado para ello. Hemos alcanzado un acuerdo con el Gobierno y ahora exigimos responsabilidad al arco parlamentario para sacar adelante más pronto que tarde esta medida.
¿Qué le pediría al Ejecutivo autonómico de aquí a los dos años que quedan de legislatura?
Le pedimos seriedad. Que se sienten a trabajar con las organizaciones sindicales y patronales en el diálogo social. Que pongan el foco en las verdaderas necesidades de la comunidad. Que impulsen el desarrollo, sobre todo en infraestructuras ferroviarias y empresariales. Que nos sentemos de forma seria a abordar un mapa de riesgo industrial. Que respeten a la ciudadanía y garanticen servicios públicos de calidad e igualitarios. Que respeten a las personas trabajadoras, garantes de los derechos de ciudadanía. Y que pongan el foco en las verdaderas necesidades de las personas de Cantabria, con una política de vivienda que no segregue ni a las personas ni al territorio. Hace falta un planteamiento serio, no cortoplacista como el que se está realizando ahora mismo.
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