La receta de queso de la abuela de un pueblo de Toledo que triunfa en Francia
Desde un pequeño pueblo de Toledo, Carriches, Sergio Muñoz ha recogido la tradición de cinco generaciones de pastores para hacer queso siguiendo la recetas de su abuela, cuando se reservaba una parte de la leche del rebaño para consumo propio. Con la sabiduría familiar y el entusiasmo por lo que hace ha logrado traerse medalla de algunos de los concursos queseros más importantes del mundo, el World Cheese Awards que se celebra en Suiza y el Concurso International de Lyon.
“Los quesos son algo vivo”, dice Sergio mientras su hermana y colaboradora Ainhoa embadurna de pimentón algunas de las últimas elaboraciones con forma de corazón que hace especialmente para un establecimiento madrileño. “Al ser de leche cruda, van cambiando según el día, o la temporada, la humedad les cambia el sabor o la textura”, dice.
Es un mano a mano entre ellos dos mientras su padre les ayuda con las ovejas que pastan a unos 400 metros de la propia quesería en medio del campo. Un rebaño de 600 ovejas de raza Assaf, una raza originaria de Israel procedente del cruzamiento entre ovejas de raza Awassi y machos de raza Milschschaf de origen irlandés, es un animal de muy alta producción lechera.
Los pocos metros que separan los pastos de la quesería es la que recorre la leche para llegar hasta esta pequeña industria de donde salen varios tipos de queso. “El primer queso que hicimos salió en 2018, era un queso solo para nosotros, lo hicimos como antes cuando utilizabas la leche haciendo quesos que la mujer elaboraba, se llevaban la leche pero una parte se quedaban para comer en casa”.
Sergio hace “la misma receta que hacía mi abuela, que se metían en cinchos de esparto y se prensaba con madera y con piedra”, pero él no lo prensa, sino que deja que se desuere por gravedad. Así hace su pata de mulo, e incluso el queso más grande que sale de esta quesería, una ejemplar de 10 kilos que tampoco se prensa. “Casi todos nuestros quesos se hacen así, excepto el semicurado que es de dos kilos y que ese sí es de pasta prensada, los demás ninguno”.
Elaboran también quesos de pastas blandas, tipo francés, cuyos nombres ‘Maná’ y ‘Ambrosía’ ya sugieren su excelencia. Maná está curado con carbón vegetal, que fue galardonado con una medalla de oro en el certamen internacional de 2025 de Lyon (Francia), al mejor de pasta blanda de leche cruda de oveja y corteza natural y premiado también en los World Cheese Award. Ambrosía es la base del queso Maná. Para estos fermenta la leche entre 24 y 36 horas y no utiliza cuajo, “se queda como una mousse, baja el ph y el queso se va derritiendo , lo sacamos a los diez o doce días. Conseguimos unos sabores muy estables, sin apenas acidez”, apunta.
Para este quesero, el “Pata Mulo es el todoterreno de nuestros quesos”, es un tipo de queso que no se elabora en la zona de Toledo, es más propio de otras latitudes. “Un queso difícil de hacer porque tiene mucha humedad”, dice.
Este queso lo presenta tradicional o con orégano o pimentón. “Con eso queríamos recordar la cocina tradicional de antes que se utilizaba el pimentón y el orégano, era lo que utilizaba mi bisabuela en la cocina, y queremos que cuando prueben el queso les recuerde a eso. Al ser un queso sin prensar conseguimos que el queso tenga mucho más sabor, una textura más cremosa, somos el pata mulo de Castilla-La Mancha” dice.
El semicurado es un queso dentro que recoge la tradición de la comarca, con la receta propia, “redondo de pasta prensada con tres meses de maduración, queso más suave pero muy particular, con mucho sabor de leche cruda”.
Está muy orgullo de su Gran Imperial, un queso de 10 kilos que también se trajo una medalla de plata del certamen de Lyon. “Es un queso de bodega enorme que se elabora como una cocción lenta, con más maduración, unos cuatro o cinco meses, la corteza sabe diferente, tiene mucha cremosidad. Es un espectáculo ver partir ese queso”, asegura.
Pero no sólo eso, también pone en el mercado un queso fresco y un yogur de leche de oveja, este último también ha sido medalla de oro en Lyon al mejor del mundo.
Venta también en la quesería
Casi toda su producción se vende en España, sale algo a Alemania donde la quesería trabaja con una distribuidora y una “una tiendecita en Polonia”, pero “nosotros no podemos sacar al mercado miles de quesos porque todo es totalmente artesano”.
Donde se compra mucho sobre todo los fines de semana es en la pequeña tienda que tiene a la entrada de la quesería. “Viene mucha gente a la quesería en Navidad y los fines de semana desde Madrid, de Toledo. La persona que viene a buscarlo sabe que yo no vendo queso, vendo salud, son probióticos naturales, fibra, hierro, proteína”, dice.
El trabajo en la quesería es diario, ya que no sólo elaboran quesos y yogures sino también Sergio distribuye, comercializa, ya que lo lleva a Toledo donde lo vende en pequeñas tiendas y a restaurantes con Estrella Michelin en la capital regional y en Madrid, y hasta lleva la página web.
Incluso los fines de semana organizan otras actividades como talleres de elaboración de quesos para particulares y grupos. “La gente elabora su propio queso fresco y luego se lo llevan a casa, disfrutan mucho”, incluso algunos grupos lo completan comiendo un cocido en el bar del pueblo.
Sergio siempre está pensado en elaboraciones nuevas, aunque no quiere desvelar sus proyectos. “Hay mucho ensayo y error”, dice mientras se queda dando una vuelta a los quesos que se están curando y que serán los próximos en salir al mercado.
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