Propósitos, ¿para qué?
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Lo que llevamos de 2026 era de prueba. A estas alturas del año, pasados seis meses desde que tomamos las uvas de la suerte, quizá es momento de revisar esos propósitos que con tanto ímpetu nos hicimos con la llegada del año nuevo.
Seré sincero: no hago más deporte ni como mejor. No leo más que antes y tampoco he viajado. Sigo abusando del teléfono y paso más tiempo del que me gustaría admitir en redes sociales. ¿Cómo es posible? Soy psicólogo, se supone que sé sobre estas cosas de los hábitos saludables, principios del comportamiento humano y técnicas de modificación de conducta.
Supongo que no soy inmune a las contradicciones del ser humano. Hay médicos que fuman, influencers con ansiedad social y jueces que prevarican. Haber estudiado Psicología te permite entender y acercarte a la complejidad de nuestra naturaleza y al contexto en el que se manifiesta, pero no me convierte en ejemplo de nada; si acaso, me enseña a tratarme con más compasión y permitirme fallar sin machacarme demasiado por ello.
Es complicado no sentir culpa cuando nos bombardean con mensajes desde el positivismo tóxico. Los extenuantes “si quieres, puedes”, “atraes lo que deseas” o “el poder está en ti”, que ignoran las circunstancias particulares de cada persona, sus limitaciones, su historia y sus condicionantes, poniendo el foco en lo estrictamente individual. Si todo es cuestión de actitud, entonces eres una basura si no logras lo que te propones. Y luego se llenan las consultas de autoexigentes.
No se me malinterprete. Por supuesto que es lícito querer mejorar tus hábitos y alcanzar metas, lo cuestionable es el motivo que te lleva a plantear este objetivo, desde dónde, para qué es importante para ti y si el contexto lo permite. También vale la pena preguntarse si es realista y sostenible lo que te propones, si es concreto, medible y coherente con el tipo de vida que llevas o aspiras a llevar.
A lo mejor el propósito de una madre con doble jornada laboral, dos nenas pequeñas y una pareja ausente, es poder comer tranquila tres veces al día, dormir más de cinco horas seguidas y tener un par de horas el fin de semana para sentarse y descansar, sin sentirse mal por ello. Puede que el propósito de quien acaba de perder a alguien importante, sea aprender a vivir con ello, aceptar que su vida será diferente y sostener la tormenta emocional cuando aparezca.
La fuerza de voluntad no existe. Te sugiero, en cualquier caso, pasar de lo abstracto a lo concreto, del largo plazo a lo que puedas hacer hoy. Valora modificar tu contexto para ponértelo fácil, es decir, si quieres comer mejor, no vayas a comprar con hambre; si quieres hacer deporte, empieza yendo andando al trabajo o queda con gente que lo practique. Sé flexible, háblate bonito y actúa de forma coherente. La voluntad tiene más que ver con tus valores.
Quizá la pregunta no sea si estás cumpliendo los propósitos que te marcaste en enero, sino si la persona que estás siendo hoy se parece un poquito más a la que te gustaría ser. La buena noticia es que todavía estás a tiempo de empezar.
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