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Los peritos que analizaron el barranco del Poyo tildaron ante la jueza de la dana de “torpe” la actuación de la Generalitat

Alejandro Pérez Cueva y Rafael Armengot, a la entrada del Palacio de Justicia de Catarroja el pasado 23 de marzo.

Lucas Marco

València —
12 de abril de 2026 22:33 h

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Dos peritos que han estudiado las inundaciones de la dana del 29 de octubre de 2024, trágica jornada que acabó con 230 fallecidos, cuestionaron de plano ante la jueza instructora de la causa la actuación ante la catástrofe de la Generalitat Valenciana. Rafael Armengot, doctor en Geografía con una larga carrera como predictor de la Aemet y miembro de la junta directiva de l'Associació Valenciana de Meteorología, explicó que, en Catarroja en 1957, ante un eventual desbordamiento del barranco del Poyo, se suspendieron las clases y el alguacil municipal, “con más de una hora de tiempo, avisó por las calles para que la gente se retirara a las partes altas de los edificios antes de la riada”. “En aquel momento, se funcionó con informaciones cualitativas y, de una forma muy sorprendente, en 2024 se ha tenido una actuación, yo creo, mucho más torpe en este sentido de alertar a la población”, afirmó Armengot ante la magistrada Nuria Ruiz Tobarra el pasado 23 de marzo. El perito declaró mano a mano con Alejandro Pérez Cueva, excatedrático de Geografía Física de la Universitat de València. Ambos son coautores de un estudio clave de la dana sobre los volúmenes de precipitación en las subcuencas de la rambla del Poyo, publicado por la revista Investigaciones Geográficas y preparan nuevas investigaciones.

“Por desgracia”, afirmó Pérez Cueva, “estamos constatando que han funcionado mucho mejor sistemas más precarios en cuanto a comunicaciones, observación y medios telemáticos anteriores que en esta situación”.

Rafael Armengot argumentó que, el día de la dana, “ahí estaban las alertas y las informaciones que se iban suministrando en tiempo real de múltiples maneras, desde las informaciones procedentes de la Aemet hasta las que llegaban por los medios de comunicación”, según reza el acta de la declaración de los peritos, a la que ha tenido acceso elDiario.es. “El SAIH [Sistema Automático de Información Hidrológica de la Confederación Hidrográfica del Júcar] también tenía estaciones que estaban enviando información”, apostilló Alejandro Pérez Cueva.

Los peritos, tal como concluyeron en su estudio, detectaron una primera fase de lluvias en el barranco del Poyo, “menores” pero “muy cuantiosas, porque fueron capaces de generar esa primera riada de la mañana”. “A lo mejor una cuarta parte del total de lo que cayó en la segunda fase de lluvias, cayó en la primera”, dijo Armengot. “La primera riada preparó el terreno para la segunda”, remachó.

A partir de las 15.30 del 29 de octubre de 2024, se produjeron hasta 11 tornados, con una “violencia extrema” que derribó torres eléctricas y rayos que cayeron en estaciones y repetidores de telefonía móvil, y un sistema convectivo de lluvias torrenciales se focalizó entre Turís y Godelleta. En la estación de la primera localidad, se registró una cantidad máxima del día de 772 litros por metro cuadrado.

Un “escenario de un altísimo riesgo”

Los barrancos de Gallego y Horteta, que no están aforados (solo lo está la parte alta de la cuenca) se desbordaron antes que el del Poyo, según las conclusiones de su estudio. En la fase crítica de la riada (entre las 16.00 y las 19.00), los mayores aportes de agua provenían de cuencas aguas abajo del aforo.

La catedrática Ana Camarasa, ya explicó ante la jueza de la dana (también en condición de perito, en su declaración del 10 de julio de 2025) las características del barranco del Poyo y el comportamiento “espasmódico” de la cuenca, a modo de “flash flood (avenida súbita). Armengot aludió a Camarasa como la “mayor conocedora de la rambla del Poyo”. “Una flash flood de libro”, detalló por su parte Pérez Cueva, “es un frente de crecida de un barranco, porque la primera agua se encuentra con más obstáculos, y va más lenta, va siendo, digamos, atropellada por el agua de detrás, y eso es lo que crea ese frente de lluvias que es tan peligroso, porque en menos de un minuto, te puedes encontrar un barranco casi seco a una ola que se llama de manera figurada tsunami, que te arrastra”. La avenida súbita “puede producir la falsa impresión de que se haya derrumbado algún tipo de presa” cuando es una “ola que se produce de manera natural”, terció Armengot.

El perito manifestó que, a su juicio, durante la fase de alerta roja activada aquella jornada, “no se puede bajar la guardia”. “Y más cuando, insisto, la predicción inmediata emitida desde Aemet era de que lo peor del episodio iba a ser entre las tres y las seis de la tarde”. “Es que mientras haya una alerta roja, es como un semáforo en rojo. Tú no te puedes saltar el semáforo rojo porque estimes que no vienen coches en ese momento”, dijo Rafael Armengot. 

Se trataba de un “escenario de un altísimo riesgo” en el que se trabaja con probabilidades. “En todo caso”, abundó el geógrafo, “con lluvias torrenciales de una enorme dimensión, en esas cuencas la probabilidad de desbordamiento con graves efectos, era altísimo”.

La caída de las redes de telecomunicaciones fue otra relevante “alarma” el 29 de octubre de 2024: “Cuando se cortan las comunicaciones, cuando se estropean estaciones, es un síntoma de adversidad”.

Las “tres neuronas”

Alejandro Pérez Cueva expuso su punto de vista como perito con cierta contundencia:

—De todas maneras, por el tema de la predicción, de hacer hipótesis predictivas de lo que puede ocurrir con lo que se está observando, hay que dejar claro que hace falta tres neuronas. Está la neurona de comprender los procesos hidrometeorológicos, la neurona de conocer el territorio y, en todo caso, la neurona de tomar medidas políticas. (...) En el caso de los [procesos] hidrológicos, la posibilidad más que probable es que haya riada de flash flood en estos barrancos. (...) Con las intensidades que se registraron en la primera fase de lluvias, se podía prever, y así pasó, que provocaría una riada.

Además, según Rafael Armengot, la dana “tenía una trayectoria que la hacía particularmente peligrosa”, de suroeste a noroeste. También destacó la “advección de la llegada de aire superficial” desde el Mediterráneo oriental: “En este caso, la trayectoria que al final ocurrió era aire que se recogía en el mar Egeo, a veces viene del sur de Turquía, que sintonizaba porque atravesaba el mediterráneo sin tocar tierra. Primero estaba más al sur, después tiene que subir más al norte. Y acabó entrando casi con trayectoria cien por cien marítima. Esa circulación de la advección, eso se organiza dos o tres días antes. Es decir, difícilmente se puede escapar a los modelos el que al final pase esto”.

En poblaciones como Torrent, Picanya o Paiporta, “prácticamente no llovió en todo el día, por tanto, la alerta no se podía vincular a lo que lloviera allí sino a lo que lloviera aguas arriba de la cuenca”. “Que la lluvia torrencial en cuenca afectara a poblaciones más abajo es obvio y evidente”, apostilló el perito.

Armengot manifestó su “altísima opinión” sobre los técnicos del Centro de Coordinación de Emergencias de la Generalitat y su capacidad para “digerir la información que les llega en tiempo real”. “Cuanto más se conozca el territorio, más se puede interpretar qué va a pasar con esos procesos hidrometeorológicos”, advirtió Pérez Cueva.

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