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El pez se pudre por la cabeza

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy (d) y el ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz.

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Aunque no hay ninguna investigación científica que lo certifique de manera concluyente e indiscutible, parece fuera de duda que los chinos llegaron a la conclusión de que el pez se pudre por la cabeza antes de la fundación del Partido Popular. Sin conocer las andanzas de Mariano Rajoy, Jorge Fernández Díaz, Eduardo Zaplana, Jaume Matas, Esperanza Aguirre, María Dolores de Cospedal... La sabiduría popular china, no se entiende muy bien cómo ni por qué,  alcanzó esa conclusión.

Lo que sí está demostrado más allá de toda sospecha por la investigación judicial es que los dirigentes del PP han trabajado de manera incansable e ininterrumpida para confirmar la veracidad del proverbio chino. Las siglas PP se han convertido en sinónimo de Partido Podrido y no por la conducta de su militantes y electores, sino por la de sus dirigentes en todos los niveles de nuestra fórmula de gobierno: estatal, autonómico o municipal, así como en el interior del propio partido.

La demostración no ha sido fácil de alcanzar. Los dirigentes del PP, la “cabeza”, han dado muestra de un ingenio inagotable para ocultar las pruebas que podían acabar destruyendo su derecho constitucional a la presunción de inocencia mediante sentencia firme. Todavía la siguen dando. Hay algunos dirigentes que ya han recorrido todo el camino que ha conducido a que los tribunales de justicia los hayan condenado mediante sentencia firme, pero hay muchos más que todavía están recorriéndolo, sin que exista sobre ellos una sentencia definitiva. Todavía siguen siendo muchos más los “presuntamente” corruptos, que los que han dejado de serlo. 

Esa tenacidad de los dirigentes del PP en ocultar las pruebas destructoras de la presunción de inocencia está haciendo avanzar, sin duda, la investigación científica en lo que a la corrupción se refiere. Karl Marx tiene unas páginas memorables en “Las Teorías sobre la Plusvalía” sobre el “delito como motor de la historia”, en las que enumera, de manera ejemplificativa pero con mucha amplitud, la cantidad de conocimientos científicos que se han alcanzado con la finalidad de hacer frente a actividades delictivas. Algo parecido podrá hacerse en el futuro relacionando las conductas de los dirigentes del PP con los avances en la investigación sobre la corrupción política.    

Hasta el momento habíamos ido sabiendo muchas cosas sorprendentes. Pero la certificación por vía judicial de que las “cloacas” del Estado se han instalado, siempre “presuntamente”, en el despacho del Presidente del Gobierno y del Ministro de Interior y en las plantas “nobles” de Génova 13, es algo que va más allá de lo que nos habíamos imaginado. La tendencia en los dirigentes del PP a identificar a su partido con el Estado es algo que llevamos sospechando desde hace muchos años. Pero de ahí a utilizar el “núcleo esencial” del aparato represivo del Estado para proteger al partido frente a una investigación judicial hay una distancia que nos resultaba difícil imaginar que se había recorrido. 

Presuntamente es lo que ha ocurrido. Se acaba de levantar el secreto del sumario y la información de que disponemos dista mucho de ser la que definitivamente tendremos y, sobre todo, dista mucho de ser la que acabará pasando el filtro del juicio oral. Únicamente entonces los indicios actuales podrán convertirse, o no, en pruebas destructoras de la presunción de inocencia. 

Ahora bien, si se llega a ese momento, ya no nos encontraremos ante conductas individuales delictivas, sino ante la constatación de la ilegalidad del PP como partido político. Si Mariano Rajoy, Jorge Fernández Díaz, María Dolores de Cospedal... acaban siendo condenados mediante sentencia firme en la denominada “operación Kitchen”, no será posible mantener la inscripción del PP como partido político en el Registro de Partidos del Ministerio de Interior.

Por aplicación directa de la Constitución, en cuyo artículo 22.2 se dice textualmente: “Las asociaciones que persigan fines o utilicen medios tipificados como delito son ilegales”. Cuando son los máximos dirigentes, la “cabeza”, del partido los que son condenados por un asunto como el que está siendo investigado en la operación Kitchen, la continuidad del partido como parte del sistema de partidos en el que descansa la operatividad de la democracia española no resulta posible. 

Lo que está en juego no es, por tanto, la presunción de inocencia de Mariano Rajoy, Jorge Fernández Díaz o María Dolores de Cospedal, sino la “presunción de legitimidad” del PP como partido de la democracia española.

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