¿Adiós a la fusión entre Iberia y Air Europa? Claves de una operación empresarial que aún es posible

Aviones de Iberia y Air Europa.

La fusión entre Iberia y Air Europa va camino de convertirse en el serial empresarial español más relevante de los últimos años. No sólo por la importancia que tienen las dos compañías para un sector tan vital para la economía como el turístico, también porque en estos casi dos años se han vivido capítulos de tensión, donde las negociaciones parecen rotas, como este miércoles. Al mismo tiempo, aún hay posibilidad de un acuerdo que satisfaga a todos los implicados. 

IAG y Air Europa ofrecen compromisos a Bruselas para que apruebe su fusión

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Además, hay actores al margen de las empresas que tienen un papel esencial, como el Gobierno y la Comisión Europea, que pueden ser determinantes para que el intento de fusión reviva o, finalmente, se extinga para siempre. Analizamos las claves de esta negociación. 

¿Qué se estaba negociando?

El primer capítulo de la negociación entre Iberia y Air Europa se remonta a hace dos años. En noviembre de 2019, la matriz de Iberia (IAG) anunció que había llegado a un acuerdo con la de Air Europa (Globalia) para comprar el 100% del accionariado de su aerolínea. A cambio, la también dueña de British Airways y Vueling pagaría cerca de 1.000 millones de euros.

El objetivo de la operación era crear un gran grupo español y convertir el aeropuerto de Madrid - Barajas, principal centro de operaciones de las dos aerolíneas, en su gran 'hub', el eje europeo de los vuelos entre Europa y América Latina. La operación, en ese momento, no despertaba problemas, salvo posibles exigencias por parte de Bruselas por reducir la competencia, que parecía que se podían solventar, y ambas empresas preveían que la operación estuviera sellada a mediados de 2020. 

A cambio de esos 1.000 millones para la compañía de la familia Hidalgo, IAG se quedaba con los más de 60 aviones de Air Europa, que entonces superaba los 3.000 empleos. La idea era que Iberia mantendría, al menos en un primer momento, la marca de su competidora y podría elevar sus ingresos por tráfico de pasajeros hasta un 50% e IAG los elevaría un 10%. 

Sin embargo, todas esas previsiones se quebraron solo unos meses después, cuando se desató la pandemia y las operaciones aéreas se cancelaron a escala global.

¿Cómo ha afectado la COVID-19 a la fusión de las aerolíneas?

La COVID-19 ha sido la clave de toda esta operación. Básicamente, los números, previsiones y estimaciones que las dos compañías sellaron en noviembre de 2019 dejaron de tener sentido cuatro meses después, cuando la pandemia dejó en tierra todos sus aviones y sus cuentas de resultados se tiñeron de rojo. 

En el caso de IAG, en 2020, perdió más de 6.900 millones de euros. Tuvo que sanear hace algo más de un año su balance con una ampliación de capital de más de 2.700 millones de euros. Al ser una compañía cotizada, su acción vivió un terremoto. En diciembre de 2019, cada título valía 7,2 euros. Actualmente, no llega a 1,5 euros.

En el caso de Air Europa, también hubo pérdidas y, en lugar de ampliación de capital, un millonario rescate con fondos públicos. La aerolínea de Globalia perdió 427 millones durante el primer año de la pandemia, a pesar de haber obtenido una inyección de liquidez de 475 millones de euros a través del Fondo de Apoyo a la Solvencia de empresas estratégicas, de la SEPI, que tendrá que devolver.

Unos fondos que han sido claves para que la compañía siga activa pero que no parecen ser suficientes para garantizar su viabilidad en solitario, si no llega la fusión con Iberia o nuevas ayudas. La compañía ha reconocido que tres cuartas partes del rescate las ha empleado en cubrir los costes derivados de su actividad; y un 27% en otro tipo de gastos, como los financieros. 

De hecho, no ha descartado tener que recurrir, por segunda vez, a ese Fondo de Solvencia, en función de cómo vaya su liquidez. 

Esta situación ya derivó en una considerable revisión a la baja del precio a pagar por Air Europa, desde los 1.000 iniciales a los 500 millones de euros acordados en enero de este año. Pero esa rebaja no ha sido suficiente.

¿Por qué se han roto las negociaciones?

Las negociaciones se han roto sobre todo por los números, por la situación financiera de las empresas en estos dos últimos años. Los nubarrones se veían desde hace semanas. 

El consejero delegado de IAG, el español Luis Gallego, reconoció en la última conferencia con analistas, de presentación de resultados hasta octubre, que era “más pesimista que optimista sobre el futuro de la operación”. 

Gallego asumió, entre los problemas a la vista, “la situación económica de Globalia”. “Ahora hay que revisar la operación para que el saldo sea positivo para todos”, aseguró. No sólo por la COVID-19, también porque la Comisión Europea ha dejado claro que la integración supone un problema por reducir las opciones y la competencia para los usuarios. “Ya más no podemos hacer”, aseguró el CEO de IAG en noviembre.

¿Por qué ha sido clave la Comisión Europea?

Junto con la situación financiera, las exigencias de la Comisión Europea han marcado la negociación. Este pasado junio, la comisaria de Competencia, Margrethe Vestager, anunció que Bruselas iba a investigar “en profundidad” la integración

Su decisión era inminente, porque tenía que desvelar su opinión justo después del cambio de año, el próximo 4 de enero. De entrada, las perspectivas no eran halagüeñas para las empresas.

“A la Comisión le preocupa que la operación propuesta pueda reducir significativamente la competencia en setenta” rutas “entre las que ambas compañías aéreas ofrecen servicios directos”, aseguró la Comisión. “En varias rutas, IAG y Air Europa son las dos únicas compañías aéreas que las explotan”.

“​​Sin los vuelos de enlace de Air Europa, varias compañías aéreas podrían decidir suspender sus servicios a destinos internacionales también explotados por IAG, con lo que se reducirían las posibilidades de elección de los viajeros”, recaló el departamento de Vestager.

Menos competencia, porque no hay alternativas. “La Comisión ha constatado que la competencia de otras compañías aéreas, ni siquiera la de las europeas de bajo coste, ejercería probablemente una presión suficiente sobre la entidad fusionada en las rutas en las que tendría elevadas cuotas de mercado”, dijo el organismo. Ante esta situación, la entidad resultante de la fusión tendría que ofrecer contrapartidas a Bruselas y Luis Gallego también reconoció que iba a ser “difícil” encontrar un “equilibrio” con las exigencias de la UE. 

¿Qué opina el Gobierno?

El Gobierno ha tratado de lanzar un mensaje de tranquilidad. No sólo porque estén en juego los casi 3.000 puestos de trabajo de Air Europa, también porque la compañía aérea ha sido una de las principales beneficiadas de las inyecciones de la SEPI por la pandemia.

Este miércoles, tras romperse las negociaciones, el Ejecutivo ha trasladado un mensaje de “tranquilidad” a empleados, clientes y proveedores. Asegura que analizará “las distintas opciones que se abren en esta situación, con la intención de garantizar la continuidad de la actividad y las operaciones”.

“Air Europa es una compañía estratégica para España por su importancia para el sector de la aviación y el sector turístico”, indican fuentes del Ejecutivo. No sólo con los fondos de la SEPI, también con apoyo del ICO que, en conjunto, superan los 600 millones.

“En este entorno tan difícil para el sector del transporte aéreo, el Gobierno va a seguir trabajando para reforzar la solvencia empresarial, protegiendo la adecuada competencia en beneficio de los viajeros y velando en todo momento por el buen uso de los recursos públicos”, indican las citadas fuentes. 

De momento, no habría que descartar nuevas ayudas pero tampoco un préstamo participativo. Hay que recordar que el Consejo de Ministros ya dio luz verde a la SEPI para que suscribiera acciones de IAG, dentro de su ampliación de capital, por importe 69,3 millones de euros.

¿Van a seguir negociando?

Sí, aunque las compañías no hacen valoraciones sobre qué opciones tienen sobre la mesa. Sin embargo, fuentes conocedoras apuntan que las negociaciones estaban muy avanzadas y que tampoco hay que tirar por la borda todo el trabajo realizado en estos dos años.

Es decir, la puerta está abierta a un acuerdo, pero a uno nuevo. Conllevaría otra valoración, poner un precio diferente a las acciones de Air Europa, otras condiciones y, también, criterios que satisfagan a las autoridades de Competencia de la UE. De momento, la operación entre IAG y Globalia no parece haber llegado a su último capítulo.

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