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Schulz: "La apuesta progresista es la disciplina fiscal, pero acompañada de inversiones"

Martin Schulz, presidente saliente del Parlamento Europeo y candidato socialdemócrata a presidir la Comisión, defiende las diferencias con los conservadores: "Las recetas no son las mismas. Queremos imponer límites al capitalismo"

El socialista alemán critica "la falta de transparencia" de la troika y el menoscabo a "los derechos fundamentales y sociales garantizados por los tratados comunitarios"

Schulz afirma que "Europa es un continente de inmigración y hay que regularla"

El presidente del Parlamento Europeo (PE) y candidato socialista a la Comisión Europea, Martin Schulz. / Efe

Por primera vez el presidente de la Comisión Europea no lo elegirán los Estados, sino los diputados europeos. Y el socialdemócrata alemán Martin Schulz, de 58 años, es uno de los candidatos, junto con el conservador Jean-Claude Juncker; el liberal Guy Verhofstadt; el líder de Syriza, Alexis Tsipras; y los verdes Ska Keller y José Bové.

Schulz responde a las preguntas de eldiario.es a través de un cuestionario, enviado por correo electrónico, en el que intenta señalar las diferencias fundamentales con respecto a los conservadores, después de que unos y otros hayan aplicado medidas de austeridad cuando han tenido responsabilidades de Gobierno en sus países: "La disciplina fiscal es una necesidad, pero debe acompañarse de inversiones comunitarias, no sólo por más austeridad. Este reequilibrio es la apuesta de las fuerzas progresistas".

Los socialdemócratas se presentan como una alternativa al modelo conservador dominante. Sin embargo, sus compañeros del SPD gobiernan Alemania con la principal representante de la austeridad, Angela Merkel. ¿Cómo argumentan que su proyecto es alternativo? Incluso la Comisión Europea está compuesta básicamente por los dos grandes partidos.

Decir que hay una continuidad entre la alianza conservadora de la CDU y los liberales en la gran coalición con el SPD es un error. El SPD ya ha conseguido importantes cambios en política interior y comunitaria. Por ejemplo, la introducción de un salario mínimo en Alemania. Esto será importante para reorientar el débil consumo en Alemania y reducir la desigualdad.

Además, en los últimos cinco años, hemos tenido una mayoría conservadora en la Comisión, el Parlamento y el Consejo de Europa. Si los progresistas hubieran tenido el liderazgo, las cosas habrían sido diferentes. No habríamos retrasado decisiones fundamentales además de añadir una mayor presión fiscal a los contribuyentes, y habríamos garantizado que los esfuerzos se habrían aplicado de una forma más junta en la sociedad.

Las recetas entre el centroderecha y el centroizquierda no son iguales, ni en el ámbito nacional ni en el continental. Nos diferenciamos en la gestión macroeconómica; en la forma en que vemos la igualdad y la justicia como objetivo e instrumento de la prosperidad económica; nos diferenciamos en el papel que deben desempeñar los sindicatos en las relaciones laborales; en los límites que creemos que hay que imponer sobre el capitalismo y las finanzas sin regulación; en la igualdad de género y en los objetivos medioambientales. 

Pero gobiernos socialistas como los de José Luis Rodríguez Zapatero, en España, y François Hollande, en Francia, han aprobado recortes muy severos.

Los progresistas queremos unas finanzas públicas dentro de la senda de la sostenibilidad: esto supone un equilibrio adecuado entre prudencia fiscal y medidas de crecimiento; no austeridad porque sí. La disciplina fiscal es una necesidad, porque no queremos trasladar deudas a nuestros hijos y generaciones futuras, pero la disciplina fiscal debe acompañarse de inversiones comunitarias, no sólo por más austeridad. Este reequilibrio es la apuesta de las fuerzas progresistas.

Un famoso economista italiano Padoa-Schioppa solía abogar por el rigor a escala estatal y la inversión a escala europea. En contradicción con esta receta ganadora, la Europa de la última década ha estado predicando la austeridad tanto interior como continental, creando lo que los economistas llaman políticas describen como políticas procíclicas.

En todo caso, conservadores y socialistas han coincidido en el 73% de las votaciones durante la última legislatura en la Eurocámara.

Los porcentajes y las estadísticas deben mirarse con cuidado: el asunto no es tanto la cantidad como la calidad legislativa. Muchos asuntos abordados por el Parlamento Europeo pueden no estar sujetos a controversias y es positivo que haya grandes mayorías para apoyarlos.

A menudo en un informe legislativo el asunto importante puede cocerse en una o dos enmiendas que puede ser más importante que todas las votaciones juntas. Hay que centrarse en estos asuntos para entender el nivel del debate político. También verdes y liberales han contado con los conservadores más del 50% de las ocasiones, pero eso no significa que compartan el 50% de los puntos de vista de los conservadores.

Además, el hecho de que los grupos políticos voten juntos no significa que haya un solapamiento político, es más bien el resultado de duras negociaciones para alcanzar un acuerdo en el Parlamento, para estar en una posición más fuerte para negociar con el Consejo Europeo. Las estadísticas sólo ofrecen una historia parcial.

El hecho de que los grupos políticos voten juntos no significa que haya un solapamiento político, es más bien el resultado de duras negociaciones para alcanzar un acuerdo en el Parlamento

¿Cómo definiría a sus competidores para presidir la Comisión, Junker, Tsipras, Keller, Bové 7 Verhofstadt?

Los respeto. Creo que en nuestros debates hemos demostrado que la democracia europea está vivita y coleando, que tenemos diferentes puntos de vista y planes en cómo impulsar Europa y en que la voz de aquellos que quieren destruir la UE no tiene peso.

Independientemente de cómo salgan las elecciones, creo que deberíamos estar orgullosos de lo que hemos conseguido: un primer paso tangible para que los electores puedan elegir.

¿Qué papel cree que debe desempeñar el Banco Central Europeo?

El Banco Central Europeo ha demostrado el valor de instituciones supranacionales fuertes e independientes en la crisis del euro. La actuación firme y decidida de Mario Draghi ha hecho mucho para recuperar la confianza en el euro y la eurozona.

Como presidente de la Comisión, continuaría defendiendo la independencia del Banco Central Europeo, en contra de aquellos que reclaman que está haciendo demasiado y en contra de aquellos que dicen que hace demasiado poco.

Pero el euro también necesita un brazo político más fuerte, un gobierno económico reformado. Hemos alcanzado mejoras, pero hay que hacer más para que la Comisión se convierta en una institución que dicte, que no sólo marque la sostenibilidad fiscal, sino también el crecimiento económico. 

¿Cómo cree que debe salir Europa de la crisis?

Volviendo a invertir en sus principales activos: su juventud, sus trabajadores, sus pymes y su industria. Necesitamos un sistema financiero que esté al servicio de la economía real y no al revés. Necesitamos una lucha coherente y unida contra el fraude fiscal y la evasión fiscal, algo que ha erosionado la competitividad de ciudadanos y empresas honrados.

¿Cómo debería ser la política comunitaria en cuanto a la inmigración?

Europa debe asumir sus responsabilidades urgentemente para terminar con la catástrofe en el Mediterráneo. No podemos seguir mirando para otro lado y dejar solos ante sus dramáticas consecuencias a Italia, España, Grecia y Malta.

Toda vida perdida en el Mediterráneo es una mancha en nuestra civilización. La gestión de las fronteras no es sólo un asunto de Lampedusa y los guardacostas italianos, también es una cuestión europea. Somos el continente más rico del mundo y somos incapaces de demostrar nuestra solidaridad y humanidad. Hemos de compartir de una manera más justa las responsabilidades entre los 28 miembros de la UE, aceptando una simple verdad: Europa es un continente de migraciones, pero no tenemos una política migratoria común. Necesitamos crearla urgentemente, porque cada vez que se hunde un barco, nuestros valores se hunden con él.

El sistema de inmigración debe basarse en criterios claros como en otros continentes y países que han experimentado la inmigración legal, como EE UU, Canadá, América Latina o Australia. Esto no significa que todo el que quiera entrar en Europa pueda hacerlo, no podemos recibir a todo el mundo, pero al menos hay que crear procedimientos y esperanzas para los inmigrantes.

¿Cree que funciona correctamente la unión monetaria y el euro? ¿Debería reformarse?

El euro ha eliminado los costes de los cambios de divisa, ha aumentado la transparencia de los precios, ha creado un terreno de juego para empresarios, ha facilitado el mercado internacional y ha dado a la UE una voz más potente en el mundo. El tamaño y la fuerza de la zona del euro también la protegen mejor de crisis económicas y de turbulencias políticas internas.

La crisis de los últimos cinco años nunca fue una crisis del euro. Fue una crisis de crédito, una crisis de deuda y de gobierno, no del euro. 

¿Qué opina de los que defienden la salida del euro?

Creo que hacen un diagnóstico equivocado de los problemas y de las soluciones para el futuro, y creo que los electores les prestarán muy poca atención. Como he dicho antes, el problema de la eurozona no es el euro, es su gobierno.

¿Cómo califica el papel desempeñado por la troika?

Bajo mi presidencia del Parlamento Europeo se adoptaron dos informes muy críticos con la troika. En esos informes, no sólo describíamos lo perjudiciales para la gente que eran esas mal diseñadas políticas de austeridad, también denunciábamos cómo la troika se forjó fuera de los marcos comunitarios, menoscabando las garantías de los tratados de la UE en derechos fundamentales y sociales y en la rendición de cuentas por las decisiones. Hemos subrayado la falta de transparencia de la troika y los conflictos de intereses que acarreaba dentro de las instituciones.

¿Cómo sería la Comisión si usted logra presidirla?

La Comisión volvería a sus fundamentos: lideraría el debate sobre las políticas comunitaria más que esperar las bendiciones de los Estados miembros antes de actuar; se centraría en los asuntos en los que la UE puede aportar valor añadido, y no en asuntos menos que pueden quedarse en manos de los Estados o los Gobiernos locales; colocaría la creación de empleo en el centro de las políticas para reducir la plaga de desempleo, especialmente el juvenil.

¿Por qué se espera tan poca participación?

La clave para mí es la claridad. Cuando la gente ve una opción, cuando ve diferencias, cuando ve opciones viables, es difícil que se abstenga. Esto es lo que he intentado en estas elecciones, al presentarme como candidato a presidir la Comisión y a obligar al resto de las familias europeas a hacer lo mismo.

¿Cree que los eurodiputados tienen demasiados privilegios (salarios, pensiones, dietas, viajes en primera clase...)?

Siempre hay que intentar mejorar, pero creo que el Parlamento Europeo en los últimos años ha hecho grandes esfuerzos para alcanzar un marco para los eurodiputados satisfactorio. La clave está en continuar con la transparencia, la rendición de cuentas, con el fin de eliminar los riesgos de abuso del sistema.

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