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Bukele, cuando el coronavirus legitima el autoritarismo

En Alemania se dispara el contagio y sigue aumentando en Italia

Miren Braceras y Carolina Uribe

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Ha circulado con más celeridad que el famoso virus un vídeo del presidente de El Salvador, Nayib Bukele, un señor aficionado a gobernar a golpe de tuit y a través de las redes sociales, un imitador de Donald Trump que al igual que este piensa que sus opiniones son cuestión de estado.

Ese video, en el que se ofrecen apenas 7 minutos de un discurso sobre las medidas para afrontar el coronavirus en El Salvador, le ha brindado el aplauso de mucha gente de aquí, allá y más allá, mostrándole como un gobernante ejemplar que cuida a su gente. Y hemos descubierto con estupor, que era compartido incluso con alborozo por gente cercana, conocidos, familiares, amigas o compañeras de tantas luchas por más y mejores derechos y libertades para todas y todos.

Manejamos dos hipótesis. Por un lado, podría ser que desconozcamos la trayectoria política del Sr. Bukele, y a pesar de ese desconocimiento compartimos sin recabar información un discurso que evidentemente está preparado para la galería.

Segunda hipótesis, un escenario más grave aún: conocemos su trayectoria y el conjunto de medidas que ha adoptado el Sr. Bukele, pero definitivamente el coronavirus y su impacto en la psicología social está afectando gravemente a nuestros principios y a la defensa de los derechos y libertades que hace tan solo dos semanas nos parecían intocables.

Partiendo de la primera hipótesis, hemos de saber que el presidente El Salvador es empresario, propietario de la multinacional Yamaha, con negocios en servicios de publicidad, y lleva la mochila cargada de la experiencia previa con el FMLN, con el que colaboró durante doce años en asuntos de publicidad y ejerció durante 6 años como alcalde de Cuscatlán y San Salvador. Fue expulsado de la formación de izquierdas por violar los principios y valores del partido y no respetar los derechos humanos de la mujeres.

Asumió la presidencia el 1 de junio de 2019 de la mano del partido de ultraderecha Gran Alianza por la Unidad Nacional (GANA). Su victoria fue reconocida de inmediato por el gobierno del magnate Donald Trump, y seguidamente por el autoproclamado presidente de Venezuela, Juan Guaidó.

Se comunica con Dios, a la vista de sus tuits resulta ser un asesor muy activo de su entera confianza. Se opone al matrimonio entre parejas del mismo sexo y considera el aborto un homicidio.

Llegó al poder arremetiendo contra la clase política histórica y enarbolando un lenguaje directo y provocativo. Desde el primer momento quedó patente que despreciaba la política institucional y las garantías de cualquier estado de derecho, gobernando a través de redes sociales.

Le ganó a los dos partidos principales que habían gobernado en los treinta años posteriores a la guerra, con un discurso securitizador y haciendo bandera de “la guerra contra las maras”, que no sin motivos, es una de las principales preocupaciones de las y los salvadoreños. Ha sabido sacar provecho del miedo legítimo del pueblo de El Salvador para instaurar de forma progresiva una situación política cuasi dictatorial y para militarizar más si cabe, el país.

El 9 de febrero marcó un hito en la historia de la democracia al intentar “darse” un “autogolpe” de estado. Entró a la Asamblea Legislativa acompañado de un contundente e intimidatorio dispositivo de las fuerzas armadas, amenazante, para forzar la aprobación de sus presupuestos, y como él mismo admitió al diario El País “si hubiera querido tomar todo el poder, lo habría hecho”. El 20 de febrero animaba vía Twitter a hacer patria y “quemar vivo a un político”.

A la crisis mundial del Covid-19, El Salvador llega con cerca de 2 millones de personas viviendo en la pobreza, según la encuesta de Hogares de Propósitos Múltiples del Ministerio de Economía, y el 72% de la población ocupada en la economía informal. El Sr. Bukele, cuando no está en la redes sociales, se ha dedicado a ir desmantelando progresivamente los servicios públicos, sobre todo de salud, y tiene que hacer frente a esta emergencia con un sistema de protección social extremadamente precario. La economista feminista salvadoreña Tatiana Marroquín señala que en el presupuesto de 2020, Bukele disminuyó y eliminó programas sociales destinados a segmentos de la población salvadoreña más vulnerables. Al Ministerio de Salud le quitó $33.5 millones para atención en el primer nivel y se recortaron las Unidades de Salud y los Equipos Comunitarios de Salud (ECOS) entre otros. Ante el coronavirus, El Salvador llega con medidas estrictas de confinamiento pero sin un sistema sanitario y social que garantice la salud y la vida de las personas.

A esto se suma que el país tiene uno de los índices de homicidios más elevados del mundo y que es sumamente peligroso para las mujeres. Solo en 2019 se registraron 230 feminicidios y 676 mujeres siguen desaparecidas a fecha de hoy. Además, no olvidemos que El Salvador es uno de los pocos países del mundo que criminaliza el aborto en todas sus formas, condenando incluso por 30 y 40 años a mujeres pobres que padecen emergencias obstétricas y/o partos extrahospitalarios.

En aras de la “guerra contra las maras”, Bukele ha fortalecido el rol de las fuerzas armadas y la policía dotándola de más competencias y recursos, endeudando más si cabe al país y promoviendo actuaciones abusivas, discrecionales y vulneradoras de derechos.

Y las garantías del estado de derecho están en juego ahora más que nunca. Aparece la crisis mundial del coronavirus. El miedo y el shock se expanden a la misma velocidad que el virus. Un Sr. de su trayectoria y con la perspectiva de unas elecciones en 2021, se frota las manos.

El pasado 15 de marzo, sin un sólo caso de coronavirus en El Salvador se decretó el “Régimen de Excepción” suspendiendo los artículos 5,6,7,y 24 de su constitución que recogen los siguientes derechos: libertad de entrar, permanecer y salir; expresar y difundir libremente el pensamiento; asociarse libremente y reunirse pacíficamente; inviolabilidad de la correspondencia y comunicaciones telefónicas. En este contexto la libertad de prensa queda altamente comprometida. Al día siguiente ya se habían presentado hasta 5 demandas de inconstitucionalidad contra dicho decreto, tres de las cuales han sido aceptadas y están en estudio.

El 18 de marzo se informó del primer caso de coronavirus diagnosticado en el país. El 21 con tres casos confirmados, Bukele anunció las medidas de confinamiento obligatorio. En la transmisión estuvo respaldado por Roberto Murray Meza, poderoso y millonario empresario y Ronald D. Johnson, embajador de Estados Unidos en El Salvador.

El 22 de marzo comenzó el confinamiento por 30 días. Ese mismo día a las 19:00 informó que 269 personas habían sido detenidas y confinadas en lo que denomina “centros de contención” sin contar con un abogado y presentarles frente a un juez. El número de personas detenidas y retenidas ha crecido de forma exponencial cada día. Hace unos días la sala del constitucional aceptó el habeas corpus de tres mujeres y resolvió "...decretar auto de exhibición personal a favor de las citadas mujeres y de todas las personas que hayan sido privadas de libertad, desde la noche del sábado 21 de marzo de 2020”.

El 23 de marzo Bukele informa a la ciudadanía vía Twitter que la crisis se puede considerar como la “Tercera Guerra Mundial”. Y ese mismo día comunica por la misma vía que el ejército de los Estados Unidos está enviando recursos para “hacer cumplir las cuarentenas” junto con un vídeo en el que se puede ver claramente decenas de tanques de guerra y jeeps militares transportados por un tren de mercancías.

El 30 de marzo se abarrotaron las oficinas del CENADE del Ministerio de Economía, miles de ciudadanos y ciudadanas pedían el subsidio de $300 anunciado por el presidente, a través del vídeo que dio la vuelta al mundo, para familias sin ingresos. Familias a los que el confinamiento ha dejado sin medios de vida y a día de hoy no tiene para comer. El Sr. Bukele les citó allí y no respondió a sus demandas exponiendoles además a un posible contagio dada la aglomeración que se formó. Propaganda electoral en tiempos de pandemia que no solo genera frustración si no también un riesgo para la vida. El presidente optó por cerrar el CENADE remitiendo a toda la población a hacer lo trámites por internet en un país donde el 41% de la población no tiene acceso a la red, a pesar de que su presidente les gobierne por Twitter.

El coronavirus y la crisis son un hecho a nivel mundial, hay que prevenir y tomar medidas sin duda. Pero en línea con lo que advierte Josseline Roca desde la Asociación de Radiodifusión Participativa de El Salvador (ARPAS) hay que estar atentas a que de la mano del coronavirus no se expandan el autoritarismo, el totalitarismo y las violaciones de Derechos Humanos. El Salvador ya sabe lo que es vivir bajo 50 años de dictadura militar y como la misma Josseline afirma “Debemos vigilar que la emergencia no sea excusa para la realización de “sueños autoritarios” de mentes antidemocráticas”.

Que lo urgente no nos evite ver lo importante, los Derechos Humanos y las garantías constitucionales que tantos años nos ha llevado defender, no pueden verse hipotecadas por esta crisis. La libertad de prensa, información, rendición de cuentas debe seguir existiendo, porque esta crisis pasará, pero lo otro pueden hacerse permanente.

Estemos alerta con los intentos de legitimación del autoritarismo, que el miedo y la preocupación por el virus no nos hagan perder el norte ni el sur, que el coronavirus no se apodere de nuestro hemisferio izquierdo, lo necesitamos para superar con dignidad esta crisis.

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Publicado el
3 de abril de 2020 - 20:23 h

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