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OPINIÓN | 'Las cuentas de la derecha', por Antón Losada

Todas las mujeres del presidente Trump

Donald Trump, ladie's man

La gran marcha de mujeres en Washington y otras grandes ciudades de EEUU podría dar la impresión de que el 45º presidente tiene en contra a todo el género femenino. Nada más lejos de la realidad. A pesar de sus comentarios sexistas y racistas, su presunto historial de agresiones sexuales y, en general, su lamentable y agresivo comportamiento con muchas de las mujeres con las que ha compartido espacio televisivo, el 53% de las mujeres blancas estadounidenses votó por Donald Trump.

Perdona, Kellyanne Conway, pero tus "hechos alternativos" son simplemente mentiras

Kellyanne Conway, "la susurradora de Trump"

Hay quien piensa que han sido cinco mujeres las artífices de su triunfo, cinco estrellas de la campaña que, en casi todos los casos, han recibido cargos en su Administración. Incluso así, Trump ha sido poco generoso con las mujeres a la hora de formar Gobierno: el 80% de su gabinete está formado por hombres. Repasamos a sus principales apoyos femeninos y a todas las mujeres del nuevo equipo.

Kellyanne Conway (consejera presidencial)

La mujer que ha ganado la presidencia para Trump tiene 49 años y es natural de New Jersey. Antes de ganar las elecciones, Kellyanne Conway ya había hecho historia como la primera directora de una campaña presidencial republicana en Estados Unidos. Su papel en la campaña ha sido la clave para conseguir el voto femenino, cosa que lleva haciendo desde hace tres décadas para el partido republicano con su empresa Polling Company, de la que es fundadora y consejera delegada. Es coautora del libro Lo que realmente quieren las mujeres: cómo las mujeres americanas están borrando las líneas políticas, raciales, de clase y religión para cambiar nuestra manera de vivir.

De todo el equipo de Trump, podría ser la más y mejor educada. Magna cum laude en Ciencias Políticas por el Trinity College, también estudió Derecho en Oxford y se licenció en la George Washington University Law School. Quizá por eso es la más progresista del equipo en inmigración. Según CNN, llegó a pedir la legalización de millones de inmigrantes. También ganó el concurso de belleza New Jersey Blueberry Princess 1982. Conway no piensa que los concursos de belleza cosifiquen a la mujer.

Los padres de Conway se divorciaron cuando ella tenía tres años. “Crecí en una casa con mi madre y mis tías solteras. Me educaron cuatro italianas católicas”.  En los 90 apareció más de 1.200 veces en programas de televisión como tertuliana para atacar a los Clinton. Antes de trabajar para Trump, lo hizo para su rival en las primarias, el senador Ted Cruz. La gente la llama “la mujer que susurraba a Trump” y su primer campanazo ha sido acuñar el eufemismo “hechos alternativos”. También es la protagonista del sketch más gracioso del último Saturday Night Live.

Hope Hicks (jefa de comunicación estratégica)

A sus 28 años, la mano derecha del presidente es también la benjamina del equipo. En su perfil de GQ dicen que es bonita “de un modo característicamente americano; de la clase que inspira canciones de Tom Petty, pero no una revolución”. Trump la llama “belleza” y, hasta hace muy poco, era la jefa de lo que la revista New York ha llamado la campaña presidencial menos ortodoxa de la historia.

Estrella de lacrosse en la Universidad Sureña Metodista de Dallas, Hicks pasó por la empresa de relaciones públicas Hiltzik Strategies antes de hacerse fuerte en la planta 25 de la Torre Tump, como representante de ventas de la línea de ropa de Ivanka –hija de Trump– y a cargo de la promoción de los centros turísticos del clan. Cuando, en junio de 2015, Trump la reclamó para como jefa de prensa de su campaña presidencial, Hicks dejó a su novio, borró el historial de sus redes sociales y le dijo que sí. Desde entonces ha tenido lo que algunos consideran el trabajo más difícil del equipo: convertir los despropósitos de su jefe en algo digerible.

Por ejemplo, “aclarar” a la prensa que lo de cerrar las fronteras a todos los musulmanes era una medida provisional, mientras dura la investigación del ataque terrorista en San Bernardino. O contestar al papa Francisco cuando reprendió a Trump por querer levantar muros contra la inmigración. Su madre comentó que algún día podría escribir un libro sobre su experiencia. “Podría ser como Primary colors”, le dijo. De momento, sigue al presidente a todos lados con su portátil contestando y gestionando entrevistas y escribiendo los tuits que le dicta, especialmente ahora que el Departamento de Defensa pretende limitarle el acceso a Internet.

Katrina Pierson (exportavoz)

A diferencia de Hicks, la portavoz de Trump durante la campaña a nivel nacional siempre ha estado interesada en la política, solo que con cierta volubilidad. Katrina Pierson era proObama, según su versión, hasta que el expresidente se negó a prenderse la bandera estadounidense en la solapa. Saltó al estrellato local como activista del Tea Party de Texas en la campaña de Ted Cruz y, después de un intento fallido de entrar en el Congreso, Trump la reclutó para predicar su palabra por las televisiones. Dicen que a los 20 años la detuvieron por robar. Muchos la consideraban la nueva Sara Palin

Hija de una madre adolescente y beneficiaria de ayudas sociales en su infancia, dice que su prioridad es poner freno a la inmigración. Le gusta Trump porque “es, cómo no, políticamente correcto. Como que dice las cosas como las ve. Yo soy un poco así también”. De momento, Trump no le ha dado trabajo en la Casa blanca.

Melania Trump (primera dama)

Melanija Knavs nació en Sevnica, una ciudad eslovena del Valle Bajo del Sava de poco más de 15.000 habitantes. Conoció a Trump en la Semana de la Moda de Nueva York de 1998, cuando él aún estaba casado con Marla Maples. Aunque tiene 24 años menos que él, se convirtió en la tercera señora Trump en 2005. Barron, el único hijo de la pareja, tiene 10 años.

Todas las historias que rodean a la nueva primera dama tienen tinte de melodrama. Su momento de gloria como modelo fue una portada en el GQ británico donde sale desnuda con un collar de diamantes en una alfombra de piel. A la sesión, que podría ilustrar un reportaje sobre trata de blancas, GQ le añadió triple ración de desprecio y misoginia, con el titular: Sexo a 30.000 pies, Melania Knauss se gana sus millas. Durante las primarias, un grupo partidario de Ted Cruz recicló esa sesión de fotos en Utah para atacar a su marido en la sucia guerra de las primarias republicanas.

Sus amigas aseguran que es tímida como un ratón y su presencia pública parece corroborarlo, más cuando el presidente la trata con algo menos que dignidad. Cuando las redes sociales trataban de adivinar el contenido de la caja azul turquesa de Tiffany que Melania entregó a Michelle Obama el día de la Inauguración, alguien sugirió que podría haber una nota desesperada que pone 'llévame contigo'.

De momento, ni siquiera se va a mudar a Washington con el resto de la troupe. Melanie y su hijo se quedarán en Nueva York hasta que Barron acabe el curso. Los medios apuntan que las funciones de primera dama las asumirá la favorita de Donald, la modelo-empresaria-diseñadora-consejera-primogénita Ivanka Trump.

Ivanka Trump (hija favorita/mano derecha de Trump)

A Ivanka le parece inapropiado que la llamen “primera dama en la sombra”, sólo porque sea consejera de su padre, le haya sustituido varias veces en campaña, su marido –el promotor inmobiliario Jared Kushner– haya sido nombrado consejero del presidente y, a diferencia de Melanie, los dos se hayan mudado a Washington con sus tres hijos.

También ha dejado la vicepresidencia de Real Estate Development and Acquisitions de The Trump Organization para ayudar a su padre a “Hacer de América un lugar mejor”. Eric y Donald Jr., los dos hijos mayores del presidente, mantendrán sus cargos en las empresas del clan. Paralelo a los negocios de su padre, Ivanka es fundadora de su propia marca de joyería y ropa y es habitual en las galas benéficas de la jet set norteamericana.

La juiciosa y serena Ivanka, hija del divorcio más sonado de la década de los 80, es la favorita de su padre (su mediohermana, Tiffany, es la menos) y es un amor completamente correspondido. Fue su secuaz hasta el punto de haberle acompañado como anfitriona del reality The Apprentice. Es la bella para su bestia, la traductora simultánea que llega cuando él se marcha, siempre perfecta, para explicar lo que su padre quería decir para suavizar lo que en realidad ha dicho. Aunque a veces sea para decir: “Mi padre no puede ser sexista porque me ha contratado a mí”.

Sus diseños son pijos sin excentricidades, su página web ofrece consejos para mujeres sobre trabajo, relaciones, hijos y estilo. Es una Martha Stewart más joven, más bella y, desde hace medio año, mucho más poderosa de lo que Stewart será jamás. Su padre dice que debería estar en los billetes de 10 dólares y, si le dejan, la pondrá. También dicen que es lo mejor de la familia, no solo por fuera sino también por dentro. El Washington Post ha sugerido que el nuevo presidente debería ser ella y no él

Las otras mujeres de la Administración de Trump

Heather Wilson (secretaria de las Fuerzas Aéreas)

Militar de carrera, Heather Wilson se graduó en las fuerzas aéreas en 1982 y sirvió durante seis años antes de convertirse en la primera mujer exmilitar que entró en el Congreso estadounidense. Fue congresista republicana por Nuevo Mexico de 1998 a 2009. Fue miembro del Consejo de Seguridad Nacional con George W. Bush y, hasta ahora, era presidente de la South Dakota School of Mines and Technology.

Katie Walsh (subjefa de Gabinete de la Casa Blanca)

Walsh se estrenó en política como becaria de la campaña de reelección del senador John Ashcroft y es desde hace años la mano derecha de Reince Priebus, presidente  del Comité Republicano, recién nombrado jefe de Gabinete de Trump, a pesar –o precisamente por culpa de– sus desavenencias con el presidente durante su candidatura.

Elaine Chao: (Secretaria de Transporte)

Natural de Taipei, secretaria de Empleo y subsecretaria adjunta de Transporte durante la Administración de Bush, Chao es la primera mujer asiáticoamericana en formar parte del Gabinete. Está casada con el líder de la mayoría republicana, el senador Mitch McConnell de Kentucky.

Seema Verma (responsable de los centros Medicare y Medicaid)

Fundadora y jefa de la consultora sanitaria SVC, ahora será la jefa de la agencia que supervisa la asistencia pública sanitaria a jubilados y personas sin recursos. Antes trabajó con el vicepresidente Mike Pence tratando de abrir la cobertura Medicaid a los pobres de Indiana.

K.T. McFarland (consejera adjunta de Seguridad Nacional)

Veterana de la era de Reagan que Trump trata de emular, ha sido consejera de Henry Kissinger, ha escrito discursos para Reagan y, en general, ha trabajado para tres gobiernos republicanos. Su trayectoria política es corta. Fue candidata republicana al Senado (concretamente, por el escaño que ganó Hillary Clinton en Nueva York). Tertuliana habitual de la Fox, será ahora número dos del Consejo de Seguridad Nacional, donde se diseña la política exterior que quiere ejecutar el presidente.

Betsy DeVos (secretaria de Educación)

Casada con el clan DeVos (Amway Corporation, Highwater, etc), Betsy DeVos fue presidenta del Partido Republicano en Michigan y jefa del comité nacional de las mujeres conservadoras. También está detrás de la American Federation of Children, cuyo objetivo es conseguir que los padres puedan llevar a sus hijos al colegio que quieran (en lugar de estar sujetos al código de distritos). Extrañamente, también ha hecho campaña para impedir que los adultos puedan casarse con quien quieran. Trump la ha escogido por ser una de las grandes lobistas de la educación concertada y privada.

Nikki Haley (embajadora en la ONU)

De padres indios que emigraron a EEUU y gobernadora de Carolina del Sur desde 2011, Haley apoyó a Ted Cruz en las primarias y criticó a Trump por hacer comentarios racistas y no rechazar la retórica de los jefes del KKK. A sus 45 años, se ha convertido en el brazo de Trump en el marco diplomático internacional. Su primer trabajo será poner en práctica la decisión de recortar la aportación financiera a los presupuestos de las agencias de la ONU.

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