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Corralas y casas bajas, el difícil camino de la vivienda popular como servicio público que solo logra la lucha colectiva

La corrala rehabilitada de la calle Carlos Arniches de la UAM

Luis de la Cruz

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Durante muchos años, hubo un museo escondido en los sótanos de la facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Madrid que no era conido ni siquiera por la mayor parte de los estudiantes. El Museo de Artes y Tradiciones Populares, con una interesante colección formada por piezas de carácter etnográfico y antropológico de toda España. Las piezas, que llevaban desde los años setenta en el campus de Cantoblanco, encontratron un acomodo más digno en 2011 y fueron trasladas a una vieja corrala de la calle Carlos Arniches, junto a El Rastro, donde el museo convive con el Centro Cultural La Corrala, un recoleto espacio que acoge actividades de la universidad.

Entrar al patio del Corralón, como se conocía popularmente el edificio de 1860 , ofrece una panorámica privilegiada de la vivienda y la vida popular de siglos pasados. Es fácil imaginar la vida bulliciosa en las habitaciones de la primera planta, unidas por el caracterítico corredor, y en las buhardillas galdosianas. Los espacios de la planta baja se adivinan adecuados para el almacenaje del género, en una zona caracterizada por el mercadeo. Y la reconstrucción de la fuente en el patio abre las puertas de la imaginación a estampas de la vida comunitaria de las clases populares en los llamados barrios bajos de Madrid durante el siglo XIX.

El Corralón en los años sesenta

La atinada rehabilitación, sin embargo, estuvo a punto de no producirse. El entonces propietario de la corrala consiguió en la década de los noventa la declaración de ruina del edificio y la orden de desahucio para sus inquilinos. Un patrón idéntico al que siguieron la mayoría de corralas y edificios del Madrid histórico durante muchos años.

Las casas de vecindad (o corralas), que se desarrollaron sobre todo a lo largo del siglo XIX, estaban pensadas para acoger a vecinos de rentas bajas, a menudo hacinados, que compartían retrete y fuente de agua. Durante años, se dejaron caer inmisericordemente, aunque en los noventa alcanzaron un cierto estatus como aportación original de Madrid a la arquitectura civil contemporánea. Las corralas, debidamente adecentadas sus condiciones de habitabilidad, nos hablan de unas clases, las populares, cuya memoria nunca ha sido objeto de atención patrimonial.

La de Carlos Arniches no se hubiera salvado de no ser por el empeño de la Asociación Vecinal La Corrala y el cambio de sensibilidad patrimonial operado durante aquellos años, que llevó al Ayuntamiento a comprarla y rehabilitarla, para luego firmar un convenio con la universidad que lo gestiona.

Aunque no abundan los ejemplos de casas de corredor que se hayan conservado para convertirse en espacios públicos, el corralón de Lavapiés no está solo. Y el otro ejemplo que hemos encontrado comparte haberse salvado de la piqueta a través de la lucha colectiva.

La Plaza de las Californias y la corrala son los recuerdos de un barrio que ya no existe

Hablamos de un edificio público rehabilitado que ofrece la memoria de las Adelfas o de Las Californias, barriada que estaba situada entre el puente de Pacífico y el de Vallecas, en el distrito de Retiro. Entre los vecinos del viejo barrio de casas bajas y naves, junto a las vías del tren, se conocía como la corrala del Barón o, simplemente, la corrala.

En los años 80 el Ayuntamiento de Madrid proyectó un PERI (Plan de Reforma Interior) que consistía básicamente en derribar el barrio y crear ex novo una nueva zona residencial. La corrala del siglo XIX consiguió salvarse después de la lucha de la Asociación de Vecinos Los Pinos Retiro Sur y los jóvenes del Centro Social Seco, además de por la protección estructural que el edificio tenía por su antigüedad y tipología. Aunque el Centro cultural Luis Peiró-Las Californias se construyó junto a la corrala en 2008, la rehabilitación del viejo edificio se retrasaría hasta mediados de la siguiente década.

El Centro Social Seco había nacido años antes, durante la okupación de un viejo colegio en la calle Seco. Después del desarrollo urbanístico del barrio, se mudaron durante siete años a un local alquilado de la EMVS en la Calle Arregui y Aruej, lo que no era sostenible económicamente.

El estado ruinoso de la corrala hacia 2006

El colectivo de Seco fue fundamental para la rehabilitación de la corrala que reclamaban, junto con la asociación vecinal, como espacio social. Para conseguirlo, pusieron en pie una campaña que culminó con una Marcha Rosa (el símbolo del centro social es la conocida pantera de este color). Finalmente, consiguieron la cesión de un espacio en la renacida corrala, que aún hoy es sede de numerosos proyectos vecinales.

Una mirada a las fotografías que se conservan de la corrala en el estado que ofrecía justo antes de su rehabilitación nos habla de una de las trampas que abocan a la desaparición de gran parte del patrimonio popular. Desvalorizado ya de origen, se enseña ruinoso y se argumenta que su conservación no vale la pena, como si muchos de los edificios nobles que hoy ilustran las guías de viaje no hubieran estado en ese mismo lugar.

De casas bajas y neomudéjar popular

Encuentro Internacional Robert Capa y la Memoria de Europa, frente al edificio de la calle Peironcely, 10, en el barrio de Entrevías (Madrid).

La corrala no es la única tipología de vivienda popular característica de Madrid, aunque sí la que ha conseguido, a duras penas, adquirir un cierto halo patrimonial que, por otro lado, no ha evitado que dejen de caer bajo las palas de la piqueta.

En los últimos años se ha puesto en valor el llamado neomudéjar popular, el estilo de vivienda para la clase trabajadora propio de los extrarradios de finales del XIX y principios del XX caracterizado por sus soluciones decorativas de ladrillo visto. La protección de un buen número de ellas en toda la ciudad solo ha llegado después de que la reivindicación vecinal se activara. El Grupo por la protección del Patrimonio de Tetuán puso en marcha un proceso de inventario participativo  que involucró a varias decenas de personas del distrito. Muchas de las casas propuestas por los vecinos obtuvieron algún grado de protección urbanística, pero las reclamaciones encallaron al llegar al capítulo de las casas bajas neomudéjares. Oportunidad urbanística y construcción en altura obligan.

En todo caso, de momento las casas de trabajadores no han llegado al radar de la administración como posibles sedes de servicio públicos. En el propio distrito de Tetuán, por ejemplo, nunca se ha planteado la conversión de un cogollo de casitas bajas en un espacio público. Tampoco se hizo caso a la reivindicación de la Asociación Vecinal Cuatro Caminos-Tetuán de convertir un extraordinario edificio neomudéjar anejo al centro de especialidades José Marva en parte del complejo médico, a pesar de que el edificio llegó a ser expropiado por la administración. La ocasión era única pero el inmueble de la calle Bravo Murillo fue derribado bajo la promesa –una vez más arrancada a través de la lucha vecinal– de que se reintegrarían elementos originales en el nuevo proyecto.

Sí contamos con una dotación pública en ciernes situada en humildes casas bajas de este peculiar estilo en el barrio de Entrevías, que una vez más han sobrevivido por el impuso extrainstitucional. Hablamos de las casas de Peioroncely 10, que saltaron a la fama después de que sus muros fueran identificados como los que aparecen heridos por la metralla en una célebre fotografía de Robert Cappa durante la guerra del 36.

La famosa fotografía de Robert Capa en el número 10 de la calle Peironcely.

Después de una intensa campaña pública, articulada por la Fundación Anastasio de Gracia-FITEL y otras entidades vecinales agrupadas en la Plataforma #SalvaPeironcely10, se consiguió que el inmueble pasara a manos públicas.

El Ayuntamiento anunció recientemente que albergará a partir de 2028 el Centro de Experimentación Cultural Robert Capa, “un espacio pionero de dinamización sociocultural dirigido a jóvenes de hasta 18 años”. Llegaba la dotación, pues, pero incluso en este caso lo hacia escamoteando la memoria popular, reivindicada por los valedores de la puesta en valor del inmueble, que siempre han pedido un museo de la memoria. ¿Qué memoria? La del barrio obrero intensamente bombardeado durante la guerra. Ante la decisión descafeinada del consistorio, el International Center of Photography (ICP), garante del legado del célebre fotógrafo, ha vetado que se utilice su nombre.

Emparentadas con las casas bajas de Peironcely encontramos en el distrito de Chamberí –a orillas de la calle Cea Bemúdez– los pabellones de guardas o casas de trabajadores del Canal de Isabel II. Son también casas bajas con fábrica de ladrillo, con elementos comunes al neomudéjar popular, y guardan la memoria de los trabajadores de una de las infraestructuras más importantes para el crecimiento de la urbe. Un ejemplo de memoria popular, obrera e industrial.

Las casas de los trabajadores del Canal de Isabel II, junto al Primer Depósito, no tienen ninguna protección urbanística de momento, pese a que podría ser la colonia obrera conservada más antigua de la ciudad. Aunque no se sabe el año exacto de la construcción de las casas, aparece ya en planos de 1885.

El Ayuntamiento obtuvo de la Comunidad de Madrid en 2017 las casas, que se encuentran escondidas entre el parque Enrique Herreros y las instalaciones del Canal de Isabel II. Se pensó entonces en dedicar la parcela a la construcción de una escuela infantil, una biblioteca o un centro de mayores., pero todo parecía indicar que conservar los inmuebles no entraba en los planes municipales. En 2020 las asociaciones Madrid, Ciudadanía y Patrimonio, Corazón Verde Chamberí y Parque sí pidieron su protección, insistiendo que ello no impediría la instalación dotacional que se decidiera.

Casas obreras centenarias de Chamberí

El anuncio del ambicioso proyecto Milla Canal, que en su primera encarnación prometía un pabellón para unos 5.000 espectadores en la zona, hizo temer de nuevo por la supervivencia de las casas. Entró entonces en escena Canal Sí, una plataforma de asociaciones que agrupa a distintas entidades interesadas en la conservación patrimonial del Canal de Isabel II. De nuevo, se pidió la protección de los edificios, avalada por la aparición de nuevos documentos que dejan claro que fueron concebidas desde el principio como un elemento integrante del complejo del Canal de Isabel II en el que se enmarca.

Después del trabajo de la plataforma Canal Sí, las casas se salvaron e, incluso, se aprobó en el Pleno de la junta de Chamberí del 11 de abril de 2024 que se incluyeran en el Catálogo Elementos Protegidos del Ayuntamiento –lo que de momento no ha ocurrido–. Sin embargo, no ha trascendido aún qué uso tendrán los inmuebles en el contexto del proyecto Milla Canal ni hay noticia alguna de que puedan convertirse en una dotación pública concreta.

Las casas de Canal, poco visibles al viandante, se han salvado de momento, pero se encuentran inmersas en un silencioso limbo administrativo. Su situación junto a una zona verde y anejas al complejo que las da sentido las hace perfectas para convertirse en una dotación pública que, a la vez, albergue la memoria de la clase trabajadora y el crecimiento de Madrid en el siglo XIX.

MUHBA Casas Baratas Bon Pastor Barcelona

En otros contextos más industriales, la conservación y musealización de viviendas de trabajadores se ha llevado a cabo bajo el paradigma del patrimonio industrial, como en los casos de las casas de los Tejedores en Lodz (Polonia), o la colonia Textil Vidal (Puig-reig, Barcelona), por ejemplo.

Inevitable es el ejemplo de las casas baratas de Bon Pastor, en Barcelona. Después de la remodelación de la barriada –el derribo de las 184 casas bajas centenarias de Sant Andreu y el realojo de sus vecinos– se salvaron algunas de ellas para, de forma similar a como ocurrió con la corrala de Las Californias, mantener la memoria del barrio popular.

Convertidas en Museo de la Vivienda de Barcelona, el indulto encierra el sentimiento ambivalente que envuelve el caso de la vivienda popular como dotación cultural: el exorcismo de las clases que lo habitaron para amortiguar la pérdida patrimonial generalizada. Sin embargo, en un contexto económico en el que se antoja lejana la posibilidad de una rehabilitación masiva a favor de los habitantes de las casas, que habría de producirse fuera de las leyes del mercado, las casas en pie operan como pequeñas victorias, de forma análoga a como lo hacen a las insatisfactorias fachadas que se salvan como el celofán que envuelve una porción del nuevo edificio.

En Madrid, donde el patrimonio industrial no ha llegado a revestir aún el grado de interés que tiene en otras latitudes, el interés por el caserío popular y su posible recuperación, simplemente, no existe. Solo el impulso desde abajo ha conseguido hasta la fecha algunos logros que podrían señalar el camino.

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