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Lo que se juega en las europeas fuera de España

El ascenso de la fuerza electoral de los partidos euroescépticos, anti-UE o de ultraderecha es la tónica en varios países de la Unión Europea

Hay pocas dudas de que las elecciones europeas van a ser, sobre todo, un test de política interior en todos y cada uno de los países que forman la UE.

Particularmente importante en los casos de Italia, Francia, el Reino Unido, Grecia, Dinamarca y Holanda, y también en el español. El segundo factor que marca estos comicios, y que está muy relacionado con el anterior, es la previsión de un fuerte ascenso del euro-escepticismo, cuando no el anti-europeísmo, en sus diversas expresiones, pero particularmente de ultraderecha. El tercero es que sólo un cataclismo podría cambiar sustancial la relación de poderes nacionales que actualmente existe en el parlamento europeo y en la que claramente predomina Alemania, para dolor de los franceses.

Seguramente, ningún líder europeo se juega tanto en las europeas como el presidente del gobierno italiano, el ex - democristiano hoy aliado de los ex – comunistas, Matteo Renzi. Un buen resultado puede consolidar su poder, precario como casi todo en el país transalpino, sobre todo si se ve acompañado de un descenso del voto al movimiento % Estrellas de Beppe Grillo –que logró el 25 % en las últimas elecciones, pero al que los sondeos vaticinan ahora solo un 20 %- y si el gran rival del centro-izquierda, es decir, Berlusconi, se pega un batacazo tal y como auguran algunas encuestas. Pero si estos vaticinios se ven desmentidos por las urnas, y en buena medida eso depende de los resultados que obtenga Beppe Grillo, Renzi podría entrar en una espiral de deterioro, tanto en términos generales como, sobre todo, internos

El personaje clave de las europeas en Francia no es François Hollande ni la oposición de derechas, sino Martine Le Pen, la lideresa del Front National. Porque si los sondeos aciertan y su partido es el más votado, la ultraderecha se puede convertir en el punto de referencia central de la política francesa. Ya lo vienen siendo en parte desde hace tiempo. En sus último periodo de mandato Nicolás Sarkozy sesgó claramente su política a fin de atraerse a los votantes del Front National. No lo consiguió en la medida por él deseada y, además, ese sesgo animó al voto dormido del centro-izquierda y a muchos centristas a votar a Hollande. La presión de la ultraderecha también ha hecho mella en el presidente socialista. El reciente nombramiento como primer ministro de Manuel Valls, cuya popularidad como ministro del interior no había dejado de crecer gracias a la dureza de su política frente a los inmigrantes, se explica, en buena medida en esa clave. Al tiempo Hollande ha modificado sustancialmente su política económica, reorientándola a favor de los vientos neoliberales que corren por toda Europa. ¿Qué más podrá hacer si el electorado convierte a la euro-escéptica Marine Le Pen –cuyo programa para estas elecciones se resume en la frase “Voy a bloquear Europa”- en la política más votada de Francia?

En Grecia, el ultraderechista Amanecer Dorado podría obtener hasta el 10 %. Pero la clave de las europeas en el país helénico está en la izquierda. Y más concretamente en los resultados que puede obtener Siriza. Si, como algunos analistas prevén, el partido de Alexis Tsipras supera con holgura el 30 %, la coalición del gobierno que preside Antoni Samaras podría aguantar muy difícilmente sin convocar elecciones para dentro de no mucho. Y Siriza sería el favorito en esos comicios.

Al conservador británico David Cameron le ocurre algo parecido que a su colega Hollande. Que la ultraderecha nacionalista y antieuropea del UKIP puede obtener el primer puesto en las europeas. Ese resultado no debería poner en riesgo el gobierno que Cameron comparte con los liberal-democrátas, pero sí podría potenciar las fuertes corrientes euro-escépticas existentes en el seno del partido conservador y obligar al primer ministro a tomar decisiones que aumentaran la distancia que ya separa a Gran Bretaña de Bruselas.

El ascenso de la fuerza electoral de los partidos euroescépticos, anti-UE o de ultraderecha es la tónica en otros países de la UE. En Dinamarca, los sondeos prevén que el Partido Popular obtendrá un 23, 1 %. El partido del xenófobo Geert Wilders podría hasta ser más votado en Holanda. En Bélgica, Suecia y en algunos países del este formaciones de ese tipo podrían obtener buenos resultados. Como en España no hay ultraderecha formalmente reconocida, nuestro país no se puede subir a ese carro. Pero más de un comentarista europeo subraya como uno de los hechos más relevantes del actual panorama político continental que los españoles figuran en estos momentos, y según los sondeos, entre los ciudadanos más euroescépticos del continente. Y citan como expresión de ello, el que, según el último Eurobarómetro, sólo el 23 % de los españoles confía en la Unión Europea (la media de la UE es del 39 %), al tiempo que el 62 % desconfía de ella.

Aunque la coordinación entre esas fuerzas, todas ellas marcadas por el ultranacionalismo, va a ser muy difícil de lograr, todo indica por tanto que el euroescepticismo va a ser un actor relevante en el devenir del futuro Parlamento Europea. Y no hay que olvidar que dicha actitud también tiene una lectura de izquierdas y los griegos de Siriza y los franceses del Front de Gauche son claros exponentes de ella.

Esa es una de las batallas del futuro. Los contenidos reales de la que puedan librar la derecha europea, agrupada en el PP y el conjunto de los socialdemócratas del continente, aún está en gran medida por concretarse en la práctica, digan lo que digan los programas, y la experiencia de las dos últimas legislaturas europeas no es precisamente alentadora al respecto.

Otro dato, y no precisamente secundario, aparece más claro. El de que Alemania va a seguir mandando en el Parlamento Europeo. Gane Martin Schulz, alemán él mismo o, como parece más probable, el luxemburgués Jean Claude Juncker, desde siempre alineado con las posiciones germanas. Y no sólo porque Berlín y sus aliados contarán con el grupo más numeroso de la cámara, más allá de las divisiones partidarias, sino porque buena parte de la tecno-estructura, de los cargos no electivos más importantes de la misma, seguirán estando en manos de alemanes o de amigos de los mismos.

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