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Los responsables de las opiniones recogidas en este blog son sus propios autores.

Vientres de alquiler: derecho y deseo

Vientre de alquiler

La defensa de la "maternidad subrogada" se basa en varios argumentos que analizaremos a continuación: el derecho a la procreación, lo amados que serán esos niños tan deseados, el altruismo y la libertad de las mujeres.

El primer argumento es directamente una falsedad interesada: la procreación no es un derecho ni lo ha sido nunca. Y sin embargo, este anhelo que se quiere hacer pasar por derecho, conculca, en la mayoría de los casos, muchos otros derechos fundamentales: el derecho a filiación, el derecho a conocer el origen, el derecho de las mujeres al propio cuerpo y el derecho natural del bebé a estar con la madre "piel con piel" nada más nacer.

Se quiere hacer pasar por derecho todo aquello que el dinero puede pagar y comprobamos que se está tratando un tema tan trascendental como lo es la gestación de un ser humano, con una enorme frivolidad, a la que contribuye el hecho de que un número cada vez mayor de famosos y personas del mundo del espectáculo acudan a la subrogación. Esta práctica tiene numerosas implicaciones éticas, médicas y jurídicas que, sencillamente, se están pasando por alto porque el foco mediático está puesto sobre los llamados "padres de intención".

El segundo ni siquiera se puede considerar un argumento. Que los niños van a ser muy amados. Pues sólo faltaba que no lo fueran. La ternura inmediata hacia los cachorros de la especie es un sentimiento inherente, no ya a todos los humanos sino a todos los mamíferos. No es posible que se dé rango de argumento para cambiar el paradigma social a un instinto que compartimos con una gata.

Si tenemos que creer a las agencias y a los defensores de esta práctica, hay mujeres haciendo cola para gestar altruistamente los bebés de desconocidos. Es sencillamente una falacia utilizada como pantalla para ocultar el hecho de que lo que se pretende es abrir el camino hacia la pertinencia de un mercado de mujeres pobres gestando para personas con poder económico. Que alguien nos explique dónde está el altruismo de una feria mercantil, como la Surrofair, donde hay, como en toda feria, proveedores y compradores de servicios. Si todo es tan altruista, por qué está mediatizado por agencias que se quedan con la parte del león en lo que se refiere al tema económico. Cómo se le puede llamar altruismo cuando se firman contratos que blindan literalmente a los pagadores del servicio. Nos gustaría saber por qué, si es todo superaltruista, esa mujer tan generosa que ha aceptado gestar un hijo para otros, no puede arrepentirse en el último momento y decidir quedarse con el bebé. La respuesta es fácil: porque, al tratarse de un negocio, la parte económica, la que aporta los fondos, está por encima de la humana, la que aporta el material físico y psicológico. Por mucho que nos esforcemos, no conseguimos encontrar ese altruismo merced al cual se quiere legalizar lo que en realidad es una actividad económica que mueve miles de millones de euros al año en todo el mundo.

Se habla también de la libertad de la mujer para decidir, se invoca a la autonomía de las mujeres para inmediatamente suspenderla, al quedar las "gestantes" supeditadas a los deseos de la agencia y de los "comitentes". Es tan paradójico como si alguien aceptara firmar un contrato para ser esclavo. Ellas (todo su cuerpo, no sólo su vientre) quedarán a merced de los “padres de intención” y de las agencias durante casi un año, desde que se someten a los procesos de fecundación hasta que se produce el parto. Los "surropapis" tienen todo tipo de caprichos, recogidos en contratos kafkianos: hay quienes deciden que la “subrogada” se convierta en vegana o no tenga relaciones sexuales o no se tiña el pelo. Asimismo, son los pagadores quienes deciden si la mujer debe abortar, sin que ella tenga opción de opinar al respecto. Hay un contrato del estado de California en EEUU en el que los "comitentes" se reservan el derecho de, si la madre fallece durante el parto, mantener las constantes vitales a criterio propio para que el alumbramiento prospere, sin que la familia de ella tenga nada que opinar. El dinero les da el poder de mandar sobre la vida y sobre la muerte. Se da también la circunstancia de que no es posible el desistimiento contractual de la "portadora gestacional", esto es, ella no tendrá nunca la opción de echarse atrás y decidir quedarse con el bebé en el último momento. Sólo hay un contrato que esté a la altura de éste: el contrato en el que se le vende el alma al diablo, y visto lo visto, saldría más a cuenta.

Cuando se intenta cambiar un paradigma social, el primer arma que se utiliza es el lenguaje y éste es adaptado y retorcido para que normalice ese nuevo paradigma. Los entrecomillados de este artículo son ejemplos de esta especie de neolengua que trata de ocultar la verdad de los vientres de alquiler. Pagar por un ser humano está prohibido en todos los países, por lo tanto, en lo que se refiere a la aportación económica (en las webs de algunas agencias hay un link calculadora para que los clientes puedan saber cuánto les va a costar el proceso) no se puede hablar de remuneración. Pero como es inevitable hablar del vil metal porque aquí lo que hay es dinero a cambio de un servicio, le quitamos la etiqueta de "remuneración", le ponemos la de "compensación" y voilà, ya es legal. Magia.

Si se señala que las parejas que no pueden gestar siempre podrían optar por la adopción, en lugar de someter a las mujeres a un proceso deshumanizado, las razones que se dan para rechazar esta opción son también un signo de nuestra sociedad de lo inmediato: es que las esperas son muy largas, los procesos muy lentos y engorrosos; tenemos dinero y tenemos prisa, queremos un bebé a la carta y con nuestros genes. Aunque se convierta nuestra sociedad en "El cuento de la criada".

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Publicado el
3 de diciembre de 2018 - 10:37 h

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