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“Le dije a mi madre que necesitaba un respiro”: el auge de las relaciones de bajo contacto con la familia

Fotograma de 'Sharp Objetcs' (HBO).

Emily Retter

15 de febrero de 2026 22:11 h

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Cuando su madre la llamaba, el estrés sacudía el cuerpo de Marie como si sonara una alarma. Así que «dejé de contestar al teléfono», afirma. Formula las palabras con determinación, como si leyera un guion. Este fue uno de los «límites» que acordó concienzudamente con su terapeuta hace tres años, cuando llegó a un punto crítico en la gestión de su relación con su madre.

Nunca le ha explicado su decisión a su madre, pero fue la consecuencia de toda una vida en la que Marie, que ahora tiene más de 40 años, se ha sentido rechazada, avergonzada y como «la oveja negra de la familia». La madre de Marie, dice, siempre lo centraba todo en sí misma. «A cada cosa que yo hacía era simplemente como... otros están peor. Por ejemplo, yo decía: «No me encuentro muy bien», y ella respondía: «Sí, bueno, yo tengo diabetes». Me daba miedo expresar mi opinión».

Un día, Marie llamó a su madre por teléfono y le dijo que le habían diagnosticado autismo. Ella respondió con un despectivo «mmm». «Mi terapeuta me dijo: no puedes controlar su comportamiento, pero puedes controlar lo que permites que te afecte y cómo te afecta».

Así que, además de dejar de contestar al teléfono, decidió que ella, su marido y sus hijos ya no visitarían a su madre, que vive a unas horas de distancia. Solo llamará a su madre cuando tenga un motivo claro: para ver cómo están los abuelos o para comunicar alguna noticia importante. «Llamo cuando lo necesito», afirma. «Si le contaba algo personal, se lo contaba a toda la familia... no había seguridad emocional». ¿Y si su madre se queja? Marie vuelve a recurrir a ese guion. «Ni siquiera me disculpo», dice. «Le digo: 'Ah, es que he estado muy ocupada. ¿Cómo estás?» Y cambio de tema».

En el mundo del distanciamiento familiar, el enfoque que describe Marie se conoce como «bajo contacto» o LC [low contact, por sus siglas en inglés]. Aunque es complejo de manejar, evita el corte absoluto de todos los lazos del «sin contacto» (NC), un tema que se ha debatido ampliamente gracias al enfoque muy público adoptado por Brooklyn Beckham hacia sus padres, y entre los príncipes Harry y William. TikTok está repleto de usuarios que proclaman los beneficios del sin contacto. Las 400.000 publicaciones sobre el tema incluyen frases como «¡Recupera tu poder!» y «El no contacto es respeto por uno mismo».

Pero Marie no quería el contacto cero. «El amor que siento por mi madre siempre estará ahí», afirma. Quería asegurarse de que sus hijos pudieran ver a su abuela y no quería arriesgarse a romper los lazos con el resto de su familia. Para ella, el contacto reducido es «más fácil de llevar» que la ausencia total de contacto, con «menos culpa». Y aunque la relación no ha mejorado drásticamente, Marie siente que se ha abierto una pequeña puerta para una posible conversación en el futuro.

Georgina, que tiene unos 30 años, también ha optado por un contacto reducido. «Cuando éramos pequeños, toda la familia se preocupaba por no molestar a mi madre», afirma, y añade que a menudo se sentía como el objeto de la «volatilidad» de su madre. Finalmente, una disputa familiar la llevó a optar por un contacto «muy reducido» con sus padres y hermanos.

Pero, al igual que Marie, quiere que sus hijos tengan una relación con sus padres y hermanos y con los hijos de estos, y que sus hijos establezcan sus propias relaciones con sus primos. Su madre cuida de sus nietos una vez a la semana y los lleva de vuelta a casa, pero Georgina mantiene la conversación breve. Cuando sus hermanos están de visita, se reúne con ellos para que los niños puedan verse. «Es algo muy centrado en los niños», dice Georgina.

Georgina nunca le dijo a su madre que iba a reducir el contacto. «Mi madre vino a casa después de semanas sin hablarme y me dijo cosas horribles», cuenta. Le resultó difícil mantenerse firme, pero accedió a ponerse en contacto con los nietos, lo suficiente para que su madre «se sintiera bien».

Katherine Cavallo, psicoterapeuta familiar y de parejas con más de 25 años de experiencia clínica, trabaja a menudo con clientes que sufren distanciamiento familiar. Afirma que el contacto escaso o nulo se ha vuelto más frecuente en los últimos años, lo que respaldan algunas cifras. Una encuesta reciente de YouGov reveló que el 38% de los adultos estadounidenses están distanciados de algún miembro de su familia [En España, en grandes ciudades como Madrid o Barcelona, un 38% de los ciudadanos dicen que sus relaciones familiares son nulas o poco frecuentes, un 26% en los pequeños municipios, según un análisis del Foro NESI a partir de la Encuesta sobre Integración y Necesidades Sociales de la Fundación FOESSA 2024].

Cavallo cree que esto se debe a una mayor conciencia de las relaciones poco saludables y al impacto de las experiencias infantiles en la salud mental. «Obviamente, eso es positivo», subraya, pero «también hay mucha desinformación y se tiende a patologizar en exceso a familiares y amigos como abusivos o narcisistas» cuando quizá no lo sean.

Algunas personas tienden a pensar que la ausencia de contacto hará que los problemas desaparezcan. Pero, tu madre siempre será tu madre, tu hermano siempre será tu hermano. Se trata de encontrar formas de gestionar eso un poco más matizadas y útiles

Katherine Cavallo psicoterapeuta familiar

La terapeuta dice que las generaciones más jóvenes a menudo no comparten el mismo sentido del «deber» hacia su familia que las generaciones mayores, lo cual no siempre es algo negativo. Sin embargo, desde el punto de vista cultural, describe «una tendencia creciente hacia el crecimiento emocional asociado al individualismo y una falta de tolerancia hacia las relaciones que puedan interferir en ello».

«Creo que el impulso hacia el distanciamiento ha sido perjudicial para muchas familias», afirma. Sin embargo, añade que recomendaría no tener contacto si existieran riesgos significativos, como comportamientos violentos o abusivos. Cavallo realiza una evaluación de riesgos antes de considerar cualquier tipo de trabajo de reunificación familiar. Pero el contacto reducido, afirma, «es un buen ejemplo de compromiso. Ofrece la oportunidad de explorar lo que es posible sin tomar una decisión definitiva y puede ser útil para aliviar la presión».

Vale la pena tener en cuenta que la ausencia de contacto puede ser simplemente una forma de evitar sentimientos difíciles. «Algunas personas tienden a pensar que la ausencia de contacto hará que los problemas desaparezcan», afirma. «Pero, ya sabes, tu madre siempre será tu madre, tu hermano siempre será tu hermano. Las relaciones no desaparecen por no tener contacto. Se trata de encontrar formas de gestionar eso que sean un poco más matizadas y que, con suerte, puedan ser más útiles».

Los límites también pueden ser creativos. Además de centrarse en la duración y la frecuencia del contacto, «a menudo sugiero realizar una actividad en lugar de hablar», afirma. «Puede ser útil quedar en un lugar neutral, ir a la bolera o jugar al minigolf, sobre todo si hay niños, sin que haya diálogo ni oportunidades para disputas». O también se pueden «enviar fotos, para mantener la relación sin que haya diálogo».

También hay que tener en cuenta el posible arrepentimiento. Philip Karahassan es un psicoterapeuta con experiencia en el trabajo con el duelo. Afirma que muchas personas tienen dificultades para gestionar el dolor tras la muerte de un familiar con el que no tenían contacto. Destaca el caso de una persona que ni siquiera sabía que su familiar padecía una enfermedad terminal: «La cantidad de personas que acudieron a mí y me dijeron: 'Nunca pude despedirme». Aunque Karahassan tiene claro que cada familia es diferente, en general está a favor de reducir el contacto. «Al adoptar ese enfoque», afirma, las personas «toman más control porque crean los límites que desean en esa relación».

Es útil recordar que, no hace mucho tiempo, se consideraba normal que las familias tuvieran poco contacto. La Dra. Lucy Blake, profesora titular de psicología en la Universidad del Oeste de Inglaterra, explica que la opinión mayoritaria en la terapia familiar desde la década de 1960 era que «una relación familiar típica es aquella en la que las personas tienen un contacto poco frecuente». Es en gran parte gracias a los avances tecnológicos que las personas se comunican con tanta frecuencia, ya sea mediante visitas o llamadas telefónicas, mensajes, redes sociales o grupos de WhatsApp. Antes de la llegada de los teléfonos móviles, la idea de llamar a los padres una vez cada quince días se consideraba perfectamente normal y, en cierto modo, era más saludable, afirma. El escaso contacto podría ser una forma de contrarrestar las familias «idílicas» que se presentan en las redes sociales, afirma, y de «aliviar esas expectativas».

Caroline tiene más de 50 años y decidió reducir el contacto con su madre hace tres años, tras una relación «tumultuosa» que duró toda su vida. Después de una comida en la que su madre la criticó duramente, Caroline fue trasladada al hospital con un posible ataque al corazón, que resultó ser un ataque de pánico. Decidió que no podía continuar con la relación tal y como había sido hasta entonces.

Antes de la llegada de los teléfonos móviles, la idea de llamar a los padres una vez cada quince días se consideraba perfectamente normal y, en cierto modo, era más saludable

Lucy Blake doctora en psicología

Le dejó claro a su madre lo que iba a hacer. «Le dije: 'Mamá, necesito distanciarme un poco». Le preparé todo el apoyo que necesitaba y luego me alejé. Le dije que la llamaría cuando estuviera lista para hablar». Lo más importante es que evitó decirle que el problema era ella. «Si le hubiera dicho que era ella, solo habría creado más problemas». Sigue llamándola todos los días, pero su límite es de cinco minutos. «Tengo que mantenerlo muy limitado, porque si no, surge algo que realmente me molesta». Ve a su madre una vez al mes. El espacio, sin evitarla por completo, le ha llevado a la autorreflexión. «Al reducir el contacto, me di cuenta de que parte de esto eran desencadenantes dentro de mí que necesitaba sanar, no mi madre», dice.

La perspectiva de Caroline sobre este tema es matizada, ya que sus propios hijos adultos dejaron de tener contacto con ella en 2024 tras las consecuencias de su difícil ruptura con su pareja. Hoy en día, su hijo mayor sigue sin mantener mucho contacto con ella. Aunque afirma que esto le resulta increíblemente doloroso, es consciente de su propia «inmadurez emocional», debido a la relación que tiene con su madre. «¿Creo que el tiempo pasa y espero que esto no dure para siempre? Sí, pero no voy a culparlo, porque sé cómo se siente». Añade: «Para mí, el contacto reducido es una herramienta que nos permite obtener la ayuda que necesitamos, para poder decidir si queremos una relación a tiempo completo con una persona o no». Aconseja a los padres: «Aprovechen este tiempo sabiamente, porque es probable que su hijo vuelva para ver si han cambiado».

Es evidente que este nivel de autorreflexión es el ideal, pero no todos pueden alcanzarlo. La autora y mentora personal Harriet Shearsmith afirma que a algunas personas les resulta difícil mantener los límites, y que hacerlo puede afectarles emocionalmente. Mientras que para algunas personas las relaciones con poco contacto pueden funcionar, otras sufren el rechazo de sus familiares, como por ejemplo, que un miembro de la familia explote y les pregunte enfadado: «¿Por qué no me llamas?» o «se haga la víctima». Otras personas cuentan que se les ignora o que se habla mal de ellas a otros miembros de la familia. «No siempre es una opción segura», afirma.

Al igual que las propias familias, el contacto reducido es complicado. Para Marie, que se encuentra en una etapa difícil de su propio contacto reducido, su consejo principal es claro: construye tu red de apoyo. «Sin duda, recomendaría acudir a terapia mientras lo haces», afirma. «Y trata de encontrar personas importantes a tu alrededor, relaciones en las que puedas volcar todo tu esfuerzo». A medida que intentas reducir un vínculo, otros cobran mayor importancia.

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