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Amaia Pérez Orozco, una mirada feminista para una situación de urgencia

La economista aboga por un debate en todas las capas sociales que dé lugar a cambios estructurales

“Es momento de echar coraje y estallar los corsés normativos”, defiende

La economista Amaia Pérez-Orozco

La economista Amaia Pérez-Orozco

La mirada feminista que aplica a la economía le ha llevado a la conclusión de que éste es un momento en el que se requieren cambios sistemáticos y estructurales. Amaia Pérez Orozco, reputada economista dedicada al estudio de la sostenibilidad de la vida, considera que son las mujeres las que sostienen mayor carga de trabajo (tanto remunerado como no remunerado), al mismo tiempo que sus empleos están también más invisibilizados. “Existe la necesidad de impulsar un análisis feminista de la economía, porque estamos en un momento de urgencia”, alerta. Y con ese objetivo, con el de impulsar un debate social que conlleve cambios, compareció el pasado miércoles ante la comisión de Empleo, Políticas Sociales y Juventud del Parlamento Vasco.

Según el último informe elaborado por Eustat, las mujeres realizan prácticamente dos horas más de trabajo no remunerado al día que los hombres. Es por esto que Pérez Orozco lo considera el “gran gigante oculto”. “El no remunerado también es trabajo —sostiene— y está en el corazón de las desigualdades entre hombres y mujeres”. Esto redunda en una “división sexual del trabajo”, por la que la mayor parte del trabajo de las mujeres es no remunerado, mientras que la mayor parte del de los hombres es pagado.

La economista Amaia Pérez Orozco, durante su comparecencia en el Parlamento Vasco

La economista Amaia Pérez Orozco, durante su comparecencia en el Parlamento Vasco Rubén Pereda

Considera que, en los últimos años, desde el feminismo se ha optado por una estrategia de emancipación a través del empleo, con la esperanza de que la incorporación de las mujeres en el mercado laboral conllevase la resolución del resto de conflictos. No obstante, lamenta, se ha aplicado una “política de tierra quemada” para hacer frente a este cambio de tendencia. “Se suele decir que los privilegios no se ceden hasta que dejan de ser privilegios. A ciertos empleos, las mujeres no han podido acceder hasta que se han precarizado”, explica. El trabajo de las mujeres, ya sea remunerado o no remunerado, se privatiza, se feminiza y se invisibiliza.

La “enfermedad del coste”

Al hilo de esto, los nuevos nichos de mercado, argumenta, han coincidido con esta campaña y dado lugar a un cambio de disposición del trabajo no remunerado. Aun así, marca como límite la “enfermedad del coste”: cuando a las empresas se les complica conseguir rentabilidad, optan por empeorar las condiciones de trabajo o por ofrecer o uno el servicio dependiendo de lo que pueda pagar el usuario.

En este contexto, no hay “red de protección”. “Existen tanto la carencia como la incertidumbre por no saber cuándo se va a carecer”, comenta Pérez Orozco, a lo que añade: “Se multiplican también los trabajos que hacen las mujeres en un papel de malabaristas, que se agrava dependiendo de la clase social”. Y es que las desigualdades de género, opina, se han de pensar siempre en conexión con otras desigualdades sociales, como el estatus migratorio, la racialización y, sobre todo, la clase social: “El deber de cuidar es el problema común de las mujeres, pero, al mismo tiempo, los recursos tan radicalmente desiguales que tenemos para abordarlo nos colocan en situaciones totalmente distintas. Las mujeres de clase media y clase alta son las responsables del bienestar de su familia, en última instancia, pero los recursos que tienen para hacerlo no tienen nada que ver con, por ejemplo, los de su empleada del hogar”.

Conflicto capital-vida

Ante esta problemática, Pérez Orozco aboga por cambiar de enfoque, repensarlo, y evitar que nuestras vidas giren, cada vez más, en torno a las necesidades del mercado, ya que denuncia que la lógica de la rentabilidad empresarial rija la vida. “Los procesos que reconstruyen la vida son la clave; no basta con entender los de mercado” defiende. “Se amplía la mirada, se introducen nuevos agentes, nuevos trabajos, y se hacen otras preguntas, como, por ejemplo, qué se considera crecimiento económico”. Denuncia cierta perversión de las palabras, gracias a la que, por ejemplo, se llama crecimiento económico al crecimiento de los flujos de mercado, ignorando que hay flujos que “directamente destruyen vida”. “Al poner en marcha una industria contaminante que ensucia un río —explica—, hay que limpiar ese río, de modo que, al final, cuesta dos veces la cantidad; en vez de una destrucción de riqueza natural, se lo considera doble crecimiento económico”.

Para sacar a flote la base del iceberg que no se ve, las mujeres invisibilizadas que en realidad son, según Pérez Orozco, el eje vertebrador de la economía, propone cambios sistemáticos y estructurales, que planten cara a un “sistema socioeconómico insostenible e injusto”. Pide valentía y coraje para poner en marchas medidas de transición y políticas, que redunden en beneficio de un debate del conjunto de la sociedad. La pregunta a responder: cómo sostener la vida en un contexto de ataque.

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