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En español, please

Aún no me acabo de enterar del todo qué es eso de los “millenials”, y ya tengo que ponerme a averiguar lo que es un “background”

Anglicismos

Anglicismos

De un tiempo a este parte, me empieza a preocupar que tenga que traducirme para entender lo que ya entiendo en mi propia lengua. Mi preocupación nace de comprobar la proliferación de términos ingleses para todas y cada una de las tendencias, actividades, problemas sociológicos, cambios generacionales, modas y costumbres que son propias de nuestra más palpitante modernidad. Es una verdadera avalancha que te llega sin anestesia y sin traducción simultánea. Entre otras razones, porque soltar un terminacho inglés en un debate de cierta altura constituye un signo de distinción que diferencia al que está al día del que sigue con ese lenguaje vulgar que todavía lleva la boina puesta.

Me van a dar la jubilación con esta moda absurda. Aún no me acabo de enterar del todo qué es eso de los “millenials”, y ya tengo que ponerme a averiguar lo que es un “background”. Ignoro si voy a tener vida suficiente para ir cambiando mi humilde idioma por el que manejan los hijos de la Gran Bretaña, que, además de darnos diariamente el coñazo con su Brexit, aún se permiten decirnos a todos cómo tenemos que hablar.

Y cómo tenemos que actuar. Porque hace ya tiempo que nadie te destripa una historia, cuando tiene tan fácil hacerte un “spoiler”. Ni ingiere comida rápida (también llamada basura), porque para algo está eso que llaman “fast food”. Ni incurrirá en la falsificación de imágenes, porque se le plantará un “deepfakes” reclamando sus derechos. Ni habrá quien corra por las calles, porque el corredor de toda la vida se ha visto desplazado por el “runner”. Ni habrá un triste entrenador o preparador o asesor que no se vea engullido por un “coach”. Y si alguien quiere adquirir algo a bajo coste, tiene que saber que comprar “low cost” le saldrá mucho mejor para su bolsillo. Y así podríamos seguir con una larga ristra de vocablos absolutamente innecesarios, que invaden nuestro habla cotidiano y a los que habría que oponer una insumisión declarada.

¡Pero si ya, con esto de la anglomanía,  no podemos ni ser españoles de bien y, por tanto, católicos, apostólicos y romanos, como Dios y Abascal mandan! De la noche a la mañana, y de la mano de un Papa de habla hispana, nos hemos encontrado con que la Virgen María ya no es intercesora entre Dios y los hombres, sino una “influencer”, casi con el status de una Paula Echevarria cualquiera. ¡Y luego se quejarán de que no haya vocaciones! ¡Y cómo va a haberlas, si, con lo que está pasando, a cualquiera se le quitan las ganas de trabajar para ser santo!

Tenemos también anglicismos, reales o supuestos, para los que no se encuentra una traducción mínimamente convincente

Pero aún puede ser peor, porque tenemos también anglicismos, reales o supuestos, para los que no se encuentra una traducción mínimamente convincente. Pienso, por ejemplo, en “Streetwear”, del que se me dice por la revista “Vogue”: “Para entender el término debemos pensar en él como un “statement” (…) La mujer de hoy ha dejado de llevar vestidos y “stilettos”, hoy viste en “raw denim” y sudaderas de grandes proporciones”. Y concluye: “¿Existiría siquiera el término streetwear de no ser por el social media? Sí, es un mercado de nicho, pero el nicho se vuelve cada vez más grande”. Todo clarísimo, ¿no? Statement, stilettos, raw denim, social media, mercado de nicho… ¡Si el que no se entera es porque no quiere!

O porque es incapaz de prestar atención a los datos que aporta la más rigurosa actualidad. Por poner un ejemplo, quien se haya molestado en seguir el último proceso electoral (o el penúltimo para ser exactos), le habrá quedado muy claro que  en este país nadie miente, porque todos hablan “en fake”. Y esto es así hasta el punto de que los detectores de mentiras han quedado obsoletos y han tenido que ser sustituidos por los “fact checking”, que son, al parecer, los auténticos verificadores de datos, para que nadie nos dé gato por liebre en los debates entre candidatos.

Aunque también es verdad que perder las elecciones, ¡y como las ha perdido el PP!, ha sido un acicate para recuperar a todo volumen ese español racial que habla de las “mamandurrias”, de la extrema derecha, de las patadas en el culo y de no ir con nuestros más directos competidores “ni a la vuelta de la esquina”.

Algo hemos avanzado, pues, en la recuperación del idioma. En situaciones políticas de emergencia, parece que el español sigue siendo muy útil, porque lo entiende todo el mundo. Otra cosa es que quienes, como Casado, dicen que han rectificado para volver al centro, hagan luego todo lo contrario en la primera vuelta de la esquina que se les presente, que es la del 26 de mayo; y, si tienen la menor oportunidad de hacerlo, se vayan con cualquiera que considere al PSOE enemigo de España. Pero, al menos, sabremos que mienten, y no que “hablan en fake”. ¡Con lo estimulante que es decir las cosas claras!

 

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