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Las consecuencias electorales de una abstención del PSOE

El presidente de la gestora del PSOE, Javier Fernández (c), acompañado por los compañeros de partido Antonio Hernando (i) y Vicente Álvarez Areces (d).

Uno de los argumentos más esgrimidos para justificar que el PSOE no debería abstenerse de ninguna manera ante un gobierno de Rajoy es el de las consecuencias electorales de la abstención. La idea sería que, una abstención del PSOE ante el PP abriría una hemorragia de votantes del partido socialista a Podemos.

La lógica de esta justificación es clara, Rajoy es un candidato tremendamente impopular entre el electorado socialista, la nota media que recibe entre este es de 2.46, según el estudio pre-electoral del CIS de las elecciones de junio. Una nota considerablemente inferior a la que recibieron líderes como Iglesias, 4.08, Garzón, 5.67, o Rivera, 4.45. Por lo tanto, es de esperar que una abstención que le diera el gobierno a Rajoy, generaría un malestar muy grande entre los electores del partido, que seguramente se traduciría en movimientos hacía partidos que no hubieran mostrado su apoyo a Rajoy, sobre todo, Podemos.

Este riesgo parece especialmente alto si tenemos en cuenta que hay hasta un 13,7% de votantes del PSOE que en junio dudaron entre la formación socialista y la coalición de Unidos Podemos. Una bolsa de votantes que en diciembre era incluso el 31,7% del electorado. Es decir, que el espacio de competición ya está abierto, y sería fácil que se abriera aún más. La preocupación parece por lo tanto justificada.

Además, si miramos la suerte electoral de otros partidos socialdemócratas que han dado apoyo a gobiernos de derecha o centro derecha nos encontramos casi siempre caídas de votos en elecciones siguientes. El PSC (Partit dels Socialistes de Catalunya) perdió casi 4 puntos entre 2010 y 2012 y el SPD (Partido Socialdemócrata de Alemania) se desplomó del 34% de los votos al 23%.

Ni siquiera siendo el socio mayoritario parece que el resultado aguante. El SPÖ (Partido Socialdemócrata de Austria) cayó más de 6 puntos entre 2006 y 2008 y los laboristas holandeses, a pesar de mejorar los resultados en una primera elección, cayeron hasta el 15% en 2002 con la llegada de la Lista Fortuyn.

Unas caídas de las que los partidos no siempre se recuperan después: el alemán SPD solo mejoró ligeramente los resultados en 2013 y el PSC siguió cayendo en 2015, aunque es probable que no sea la mejor elección para comprobar el efecto.

Sin embargo, que la lógica tenga sentido y que en otras ocasiones haya pasado no significa que vaya a ocurrir necesariamente. Al fin y al cabo, los ejemplos pasados de los que disponemos son generalmente en contextos de tradición mucho menos bipartidista, y, con la excepción de Cataluña, son casos de gobiernos de coalición, no de apoyos puntuales.

Además, hay muchos otros elementos que pueden explicar la suerte electoral de los partidos estudiados. El PSC se vio seguramente afectado por la agenda soberanista, la posición del SPD seguramente estuvo muy condicionada por el liderazgo de Merkel y, tanto SPÖ como el holandés PvdA, fueron retados por partidos anti-inmigración y perfiles muy distintos al que tiene hoy día Podemos.

De hecho, como demuestra el cuadro de arriba, los partidos tradicionalmente a la izquierda del partido socialdemócrata (Iniciativa en el caso catalán, los verdes en los casos austríaco y holandés, y la izquierda de Lafontaine en el caso alemán), rara vez se benefician de la participación del partido socialdemógrata en cuestión en gobiernos de derecha o centro-derecha.

En el caso español, además, no solo estamos hablando de generar algo similar a una gran coalición, también hablamos de investir a un partido con graves problemas con la justicia por corrupción, y de esto sí que no tenemos ningún ejemplo como indicador.

En resumen, existen motivos para creer que el partido socialista perdería una parte importante de sus apoyos en caso de abstenerse, y así lo vienen demostrando las encuestas. Sin embargo, no está claro ni el tamaño de tal pérdida ni el beneficiario de ella.

Lo lógico sería que lo fueran las fuerzas como Podemos, pero las encuestas muestran pocos movimientos en esta dirección aún. Al fin y al cabo, la figura de Iglesias no para de caer en popularidad entre el electorado socialista, un 3.19 según el barómetro de julio. La evolución del discurso de la formación morada, el tipo de gobierno y las políticas que saldrían de una abstención, y las dinámicas de competición que se generarían marcarán el efecto de la abstención de formas que aún hoy no son previsibles.

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Publicado el
20 de octubre de 2016 - 20:50 h

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