Venezuela: ¿un “déjà vu”…?
Si el lector, ante los tumultuosos sucesos acaecidos en Venezuela, tiene por momentos una sensación de “déjà vu” , esa noción de que sucede algo nuevo, pero a la vez te recuerda algo ya vivido, ese lector tiene y no tiene razón a la vez, como el famoso Gato de Schrödinger.
Volvamos la vista atrás, donde tenemos mucha información disponible. El 23 de octubre de 1983, dos camiones cargados de explosivos se estrellaron en sendos edificios de Beirut. El primer edificio se hundió, matando a casi sesenta paracaidistas franceses. El segundo edificio quedó pulverizado, matando a doscientos cincuenta marines norteamericanos de una tacada. Beirut estaba saliendo de una fase muy destructiva de la guerra civil (1975-1990), y se supone que esas fuerzas se desplegaban como fuerza de interposición, para una salida pactada de las fuerzas palestinas, con Arafat a su cabeza. Ninguna facción palestina, ni cristiana, tuvo nada que ver con aquello, y el tiempo ha ido confirmando que fue el acta de nacimiento de Hezbollah (que no existía todavía).
Estados Unidos y Francia estaban en shock, nadie entendía nada ni sabía lo que iba a pasar. R. Reagan, mal aconsejado, decidió que había que hacer una demostración de fuerza, y a la vez distraer la atención de la opinión pública. Y decide invadir ….la Isla de Granada, donde se supone que el gobierno estaba preparando un ataque a Estados Unidos (sic). La prueba, había alargado la pista de su aeropuerto unos centenares de metros. Aquello, tres días después de lo de Beirut, fue una payasada que provocó tres cosas. La primera, no había tal amenaza pero entre marines y tropas de Granada murieron unas doscientas personas. La segunda, nadie había secuestrado a ningún estudiante de Estados Unidos, una de las excusas para el ataque. Y la tercera, la peor película de guerra de Clint Eastwood, llamada aquí “El sargento de hierro”, para no creerlo.
En otoño de 1989 pasaban muchas cosas, el mundo estaba a dos semanas de que cayera el Muro de Berlín, los soviéticos se iban (maltrechos) de Afganistán, y sobre todo, Estados Unidos parecía no enterarse de gran cosa. Pues adelante con otra película de guerra. El 20 de diciembre, siendo G. Bush (padre) el Presidente, decide invadir Panamá, para detener al Presidente Noriega, que se supone era un gran narco que se proponía inundar Estados Unidos de droga. ¿Les suena? La mini escaramuza duró tres semanas, murieron otros pocos centenares de militares entre Marines y soldados panameños, y un joven fotógrafo español, Juanchu Rodríguez, que cubría aquello para El País. Noriega, ilegalmente detenido en su país, fue llevado a una cárcel de Estados Unidos, y condenado a la cárcel de por vida. Por cierto, Noriega murió en esa cárcel en 2017, de tumor cerebral. Y además, ya cuando la invasión, medios norteamericanos revelaron que Noriega había estado en la nómina de la CIA.
Podríamos añadir otro despropósito, cual es el fallido intento de rescate de rehenes norteamericanos en Irán. Era Presidente Jimmy Carter, el régimen iraní mandó a finales de 1979 a sus guardianes de la revolución a asaltar la Embajada de Estados Unidos. Tomaron rehenes a casi ochenta diplomáticos, incluyendo a todo el equipo de la CIA, y los mostraron a los medios de comunicación internacionales atados y con los ojos vendados. Carter, mal aconsejado, apostó por una muy compleja operación de rescate, que acabó sin alcanzar a rescatar a ni uno de los rehenes, pero con dos helicópteros enormes, Chinook, chocando en el aire al sur de Qoms, y varias decenas de comandos muertos. En esa operación no se llegó a disparar ni un tiro. Jomeini esperó a que Reagan ganase las elecciones de 1980, y poco después, le devolvió todos los rehenes, con la mediación de Argelia. De ahí salió esta vez una buena película, Argo, con Ben Affleck de protagonista, aunque con un desenlace bastante imaginativo…
Las diferencia con la reciente prestación de Trump son varias, pero el hilo de continuidad es evidente. Un Presidente de Estados Unidos, mal aconsejado, con una lectura del contexto internacional totalmente errónea, y con los medios militares que tiene, es un peligro público planetario. Trump tiene todo esto y más. La discontinuidad tiene otros rasgos. En primer lugar, las malas maneras, la prepotencia, el narcisismo, y un lenguaje absurdamente mal educado. La confusión entre lo público y lo privado, inaudito, pronto las cumbres de la OTAN se celebrarán… en Mar-a-lago, Florida. El nombramiento de familiares y amigos a diestro y siniestro para todo tipo de cargos e iniciativas diplomáticas. En segundo lugar, y aquí yace la amenaza más grande del trumpismo, una doble amenaza hacia el interior de su país, y también hacia el frágil equilibrio de normas internacionales a preservar. Si cae la OTAN, si se ningunea Naciones Unidas, todo irá a peor.
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