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Y entonces llegó Ciudadanos

Haber creído que el Partido Popular sufría ocultación de voto (algo que es hoy discutible) no permitió ver que en el centro derecha también existía un porcentaje de votantes huérfanos que no querían volver a apoyar al partido de Rajoy.

La formación de Albert Rivera parece estar recogiendo muchos exvotantes del PP. Pero igual que Podemos, tiene por delante el reto de transformar lo que es hoy un estado de ánimo en apoyo real en las urnas.

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Albert Rivera, con el candidato a la Presidencia de la Junta andaluza, Juan Marín (derecha), en Málaga.

Con la llegada de Ciudadanos al tablero político español, parece que todas las piezas comienzan a encajar en el año electoral que nos espera. El 9 de enero de este año, el ObSERvatorio de la Cadena SER situó al partido de Albert Rivera como quinta fuera política con un 5% de los votos (MyWord). Dos días más tarde, el 11 de enero, El País le otorgó ya la cuarta posición con el 8,1% (Metroscopia). Cada nueva encuesta de Metroscopia (febrero y marzo) y de MyWord (febrero y marzo) han ido incrementando sus apoyos hasta situarla en una posición muy similar a la de los principales partidos de nuestro país. De hecho, el pasado domingo Metroscopia pronosticó en estos momentos un empate entre las cuatro formaciones políticas, una situación muy similar a la que ayer describía el ObSERvatorio de la Cadena SER.

A muchos les ha generado una gran sorpresa la irrupción de esta fuerza política, especialmente por su rapidez. Pero lo cierto es que algunas de las señales ya estaban ahí. Dicho de otra forma, a unos cuantos nos ha sorprendido menos. Por ejemplo, en un artículo que publiqué el 5 de enero en El País ya advertí que la irrupción de esta fuerza política podía cambiar el tablero político. ¿Por qué?

Como se puede ver en el gráfico 1, desde el comienzo de la legislatura las intenciones directas de voto de PP y de PSOE no han hecho más que bajar, hasta principios de 2013. A partir de esa fecha se situaron entre el 12 y el 14 por ciento y se mantienen bastante estables desde entonces. Este bajón no fue aprovechado por IU y UPyD, como puede verse en el mismo gráfico. En cambio, lo que se disparó fue el porcentaje de personas que declaraban abstenerse o estar indecisos. De hecho, este tipo de votante alcanzó cifras récords en nuestra democracia. Es lo que se ha llamado en repetidas ocasiones como huérfanos políticos.

Gráfico 1. Intención directa de voto (2011-2015).

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Fuente: CIS.

En 2014 Podemos irrumpió en nuestro escenario político. Pero su rápido crecimiento no significó un descenso de las intenciones de voto de PP y PSOE (ver gráfico 1). En cambio, los partidos minoritarios más tradicionales como IU y UPyD sí que empezaron a sufrir ligeros descensos. En realidad, lo se redujo de forma muy significativa es el número de personas que estaban sin referentes partidistas. Muchos de ellos procedían de los grandes partidos, en especial del PSOE, y comenzaron a alinearse con la formación de Pablo Iglesias.

En las filas del PP había una cierta tranquilidad. Veían cómo muchos de los exvotantes socialistas de 2011 se iban a otra fuerza política, limitando mucho la capacidad de crecimiento del PSOE. Y a esto se unía una segunda interpretación un tanto errónea: si el PP tenía una intención directa de voto tan baja era porque sus votantes ocultaban su apoyo al partido de Mariano Rajoy. Es decir, el PP sufría voto oculto y en realidad el porcentaje de apoyo era mucho mayor del que reflejaban los datos brutos de las encuestas.

Para llegar a tal conclusión, los analistas se fijaban en el recuerdo de voto del PP. A lo largo de esta legislatura, el porcentaje de personas que recordaban haberle apoyado en 2011 siempre ha estado muy por debajo de los que realmente lo hicieron. El gráfico 2 presenta las personas que han admitido en las encuestas del CIS haber votado al Partido Popular y al Partido Socialista en 2011. Puede verse cómo en el caso del PSOE esta cifra se aproxima siempre mucho a lo que sucedió realmente (28,8%). En cambio, los votantes del PP parecían haber olvidado que le apoyaron. La cifra real sobre el total de votantes fue el 44,6%, muy lejos del recuerdo de voto que hemos visto en las encuestas del CIS.

Esta divergencia entre el recuerdo y lo que sucedió realmente llevó a muchos analistas a pensar que el PP sufría voto oculto. Pero como ya señalé a finales de 2013, ¿y si realmente no era así? El recuerdo de voto puede tener varias interpretaciones.  Una interpretación posible es que los electores no recuerdan haberle apoyado porque les avergüenza admitir públicamente que le votaron. Este sería el mecanismo que estaría detrás del voto oculto. Lo mantenemos en secreto y no decimos en las encuestas ni que le votamos en el pasado y que, por lo tanto, lo vamos a hacer en el futuro.

Pero una interpretación alternativa es que no recordar haber apoyado a un partido en el pasado es fruto del descontento y desafección que nos genera. Sería una forma más de mostrar nuestro desacuerdo con esa formación política, de tal forma que no sólo no vamos a votarle en el futuro, sino que además se nos ha “olvidado” que algún día depositamos su papeleta en una urna.

Gráfico 2. Recuerdo de voto de PP y PSOE (2012-2015).

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Fuente: CIS

A esta interpretación alternativa del recuerdo de voto deberíamos añadir dos elementos más que nos hacen pensar que a lo largo de estos años el PP no ha sufrido todo el voto oculto que algunos pronosticaban. En primer lugar, como señalé en un post anterior en Piedras de Papel, la memoria de los votantes del Partido Popular ha sufrido una mutación un tanto extraña a lo largo de esta legislatura. Muchos de ellos se han “olvidado” que le apoyaron en 2011. En cambio, recuerdan de forma perfecta que le votaron en las elecciones europeas de 2014. Es como si los electores del PP hubiesen recuperado de repente la memoria. Por lo tanto, si el mecanismo que podía explicar el “olvido” de los electores del Partido Popular era una cierta penalización social por haberle apoyado, parece ser que este castigo social no es muy fuerte ya que no les cuesta reconocer que le votaron recientemente.

En segundo lugar, si repasamos las encuestas de Metrocospia que se hicieron para las elecciones europeas y lo comparamos con lo que realmente sucedió (tabla 1), vemos que el único partido que tuvo una intención directa muy por debajo de lo que realmente obtuvo finalmente fue Podemos. En cambio, PP y PSOE se aproximaron mucho a su intención directa declarada. De hecho, las distancias entrarían dentro del margen de error de la encuesta, sin que haya una diferencia estadística significativa. Dicho de otra forma, no parece que el PP tuviese voto oculto en mayo de 2014.

Tabla 1. Intención directa de voto en las elecciones europeas

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Fuente: Metroscopia.

Haber creído que el Partido Popular sufría ocultación de voto (algo que todavía sostienen muchos analistas), no permitió ver que en el centro derecha también existía un porcentaje de votantes huérfanos que no querían volver a apoyar al PP. Seguramente los estrategas del PP confiaban en que una percepción de cierta recuperación económica les permitiría reconquistar a muchos de estos electores. No tendrían más remedio que votarles porque Podemos era una opción ideológica muy alejada de ellos. Pero en esto apareció Ciudadanos.  

La formación de Albert Rivera parece estar recogiendo muchos de los exvotantes del PP. En cada clima social de Metroscopia, el porcentaje de estos exvotantes no hace más que crecer y en marzo casi el 20% de aquellos que apoyaron al Partido Popular en 2011 ahora se decantarían por Ciudadanos (ver gráfico 3).

La única incógnita que nos queda por resolver es qué pasará en el futuro. A los sociólogos se nos pide que adelantemos qué pasará dentro de unos meses cuando, en el fondo, lo mejor que sabemos hacer es interpretar el presente. Los datos de opinión pública actuales muestran una gran fragmentación partidista. Pero no sé si esto se sostendrá en el tiempo.

La gran diferencia entre Podemos y Ciudadanos respecto a PSOE y PP es que los primeros son fenómenos sociales, mientras que los segundos son partidos políticos. Es importante tener clara esta distinción. Una formación política es una estructura con cuadros, implantada en gran parte del territorio, algo fundamental para obtener representación en las instituciones. En cambio, los fenómenos sociales son estados de ánimo ciudadanos. Pueden acabar convirtiéndose en estructuras organizadas con dirigentes. De hecho, Podemos y Ciudadanos andan en esa tarea. Pero no es fácil.

No es descartable que la intención de voto de estas dos nuevas formaciones políticas sólo sea eso: intención. Otra cosa muy distinta es depositar una papeleta. Aunque las elecciones europeas mostraron a una ciudadanía que había perdido el miedo al cambio. Cuando la sociedad desea algo, es muy probable que acabe sucediendo. Veremos.  

Gráfico 3. Porcentaje de exvotantes del PP que votarían ahora a Ciudadanos.

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Fuente: Metroscopia.

 

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