Calderero, sastre, soldado, espía y Zapatero
Toda Latinoamérica, pendiente de Donald Trump, Delcy Rodríguez y Venezuela. En Europa, los gobiernos miran a Ucrania con la aprensión habitual y a Groenlandia con una alarma renacida. La derecha en España se distingue por su originalidad. En estas fechas tumultuosas, sigue intentando rentabilizar a Ábalos y, con respecto a la crisis venezolana, está muy interesada en saber lo que ocurrirá con Zapatero y desea que alguien le meta mano de alguna manera. ¿Pruebas? No hay que ponerse tan estricto. Que alguien las busque.
Lo que sea con tal de no hablar de Trump. En primer lugar, euforia por lo que llamaron “la caída del régimen”. Después, confusión al comprobar que la vuelta de la democracia a Venezuela no entraba en los planes inmediatos de Estados Unidos. Alberto Núñez Feijóo se puso serio y decidió publicar un texto, no un par de tuits, para consolidar doctrina. María Corina Machado había sido ninguneada por la Casa Blanca y definida como una exaltada sin poder real en las calles venezolanas. Alguien que no podía recibir el poder a menos que los marines de EEUU estuvieran desplegados en el país para atar en corto a los chavistas.
Como esa alternativa estaba de momento descartada, Machado era una rémora. El PP tenía que decir algo. “Dejarla fuera de este proceso es peor que una injusticia personal. Es perpetuar el abuso y la arbitrariedad”, escribió Feijóo. También dedicó un espacio a rechazar la idea de que la nueva presidenta en funciones, Delcy Rodríguez, pueda jugar un papel en el futuro del país: “No sería más que una operación de continuidad del régimen”.
Siempre dispuestos a señalar con el dedo a los responsables de las fechorías, en esta ocasión a Feijóo y el PP se les congeló el valor. Ninguna acusación a Trump, que ha hecho precisamente todo lo que Feijóo considera intolerable. Parecía que todo había ocurrido por generación espontánea, como si Nicolás Maduro hubiera sido capturado en Las Vegas mientras jugaba en un casino, y no hubiera sido sacado de la cama junto a su esposa por miembros de las Fuerzas Especiales norteamericanas. Como si Trump no hubiera decidido que Rodríguez es la nueva interlocutora de Washington.
Mientras la izquierda denunciaba la violación de la soberanía venezolana, el PP estaba más interesado en cantar victoria. De repente, al ver que Machado había sido postergada, el partido recuperó la pasión por el Derecho internacional y el derecho de los venezolanos a elegir su futuro. Todo esto era compatible con momentos de propaganda, como cuando Elías Bendodo aceptó inmolarse y aparecer en público. Una cosa suele llevar a la otra. “Que Sánchez defienda a Maduro no sorprende a nadie. El régimen venezolano ha sido, durante años, uno de los grandes referentes del sanchismo, con Zapatero como aliado clave”.
Sánchez había recordado que España no reconoció la victoria de Maduro en las últimas elecciones por el fraude electoral cometido. Dio refugio en los últimos años a centenares de miles de venezolanos que habían huido del hundimiento económico. El Gobierno español llegó a reconocer años atrás a Juan Guaidó como presidente interino del país, una iniciativa que no sirvió para nada. En esas condiciones, Sánchez era un aliado muy extraño del chavismo al apoyar reivindicaciones de la oposición en momentos clave.
En términos de desinformación, no hay nada como el comodín de Zapatero para el PP. Aquí cada uno juega su papel. Las Nuevas Generaciones del PP madrileño están en la vía de los macarras digitales. Cuidado, somos pijos y estamos dispuestos a usar la IA. En la foto de Maduro esposado en el USS Iwo Jima, colocaron la cara de Zapatero. En este estilo de los miniayusos, la política solo es una forma de eliminar al adversario o meterlo en la cárcel. El PP anunció después que convocará al expresidente a la comisión de investigación del Senado que se inició dedicada al caso Koldo y ahora ya es una cámara de eco pornográfica en la que caben todas las aberraciones posibles.
En algunos medios de comunicación, se hacía lo posible para continuar con el papel de Zapatero como deus ex machina de todo lo terrible que ocurre en Venezuela. En un momento en que todo el mundo se preguntaba cuáles serán los próximos pasos de Trump, y seguro que el expresidente está entre ellos, resulta que este volvía a dirigirlo todo desde las sombras. “Zapatero pilota el plan político para normalizar a la presidenta encargada Delcy”, decía El Mundo.
Zapatero pasaba a ser el colaborador principal de Washington con la misión de promover la imagen de Delcy Rodríguez. El origen de la información era citado como “fuentes políticas”, lo que al menos descarta al mundo de la cultura y del deporte, pero abarca a miles de personas en Venezuela.
En EEUU, se destaca que el secretario de Estado, Marco Rubio, tiene comunicación directa y permanente con la nueva presidenta. A la espera de que cumpla sus supuestas promesas, Delcy está bastante normalizada por Washington sin necesidad de que Zapatero le eche una mano.
Más madera. En The Objective, se afirmaba que Zapatero había intervenido en las negociaciones para convencer a Maduro de que abandonara el país. Aquí también el expresidente colaboraba con el Gobierno de Trump. La imagen de Zapatero en la prensa de derecha había dado otro salto mortal. De cómplice de Maduro había pasado a colega de Trump y Rubio, dos políticos nada favorables a depender de la opinión de figuras extranjeras a las que nunca van a confiar sus últimas intenciones.
Todo esto sirve para justificar, según ese medio, que si EEUU no entabla acciones judiciales contra el expresidente no es porque no haya pruebas, sino porque existen siniestras componendas que le permiten librarse. Y con esto se pueden llenar un montón de tertulias.
Donde sí ha intervenido Rodríguez Zapatero con frecuencia es en contactos con el Gobierno de Caracas para conseguir la liberación de presos políticos. Sus gestiones fueron vitales para que Leopoldo López fuera excarcelado y pudiera exiliarse a España. También para que Edmundo González pudiera abandonar el país después de que el escrutinio oficial le dejara sin la victoria. González agradeció al Gobierno español esas gestiones. Este jueves, el presidente de la Asamblea y hermano de Delcy, Jorge Rodríguez, anunció la liberación de un número importante de presos, entre ellos varios de nacionalidad española.
Es llamativo que fuera Jorge Rodríguez quien diera la noticia, y no el ministro de Interior, Diosdado Cabello. Afirmó que se trataba de “un gesto unilateral” para que no pareciera una imposición norteamericana. Rodríguez elogió la intervención de Zapatero en las gestiones que hicieron posible estas salidas de prisión.
Los artículos sobre Venezuela en la prensa española son relevantes en la medida en que sirven de fabricantes de la materia prima que luego utilizará el Partido Popular en sus iniciativas públicas. Es lo que hizo con un artículo de Vozpópuli que sugería que Zapatero estaba siendo investigado en EEUU bajo el novedoso concepto de “un expediente judicial de Nueva York”.
Lo que ocurrió allí fue que un gran jurado aprobó el procesamiento de seis personas, entre ellas Nicolás Maduro, a petición del Departamento de Justicia, en concreto del fiscal federal Jay Clayton, nombrado por Trump en abril de 2025. Zapatero no aparece en ningún lado en ese auto, lo que fue un detalle menor para los dirigentes del PP que utilizaron la noticia en sus tuits.
Entre los elementos menos sorprendentes de esta red está la querella que el grupo ultraderechista Hazte Oír presentó en la Audiencia Nacional contra Zapatero. Ya tardaba en llegar, porque la tarea de demolición del rival nunca está completa en España hasta que llega la querella de un chiringuito judicial a la búsqueda de un juez comprensivo.
Por suerte para el PP, ahora llega María Jesús Montero y la financiación autonómica a competir en el menú informativo. Lo que sea con tal de que se diluyan los titulares de Venezuela tras el plantón de Trump a Corina Machado. Sobre Zapatero, siempre habrá tiempo para engordar la trama de su novela de espías.
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