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La pérdida del Gobierno aviva las guerras internas en el PP antes de abrir la carrera por la sucesión

Santamaría y Cospedal en los actos del 2 de Mayo en Madrid

José Precedo

“El PP es un partido de poder donde nadie va a cuestionar al presidente mientras tengamos el Gobierno. Otra cosa es lo que pueda pasar el día después”. La declaración es de un importante dirigente del Partido Popular y tiene ya un par de años. Pero la frase no envejece y resume bien cómo siguen siendo las cosas puertas adentro.

Después de diciembre de 2015 cuando perdió la mayoría absoluta por primera vez y el candidato del PSOE, Pedro Sánchez, firmó el acuerdo con Ciudadanos, el PP ya estuvo unas semanas en vilo. Cargos importantes admitían en privado que no podía descartarse una refundación en el caso de perder también el Gobierno central después del batacazo de aquellas municipales y autonómicas en las que se dejó casi todo el poder territorial. Finalmente, Rajoy logró sobrevivir a aquello y la paz interna pudo estirarse dos años más. Un tiempo en el que el presidente siguió manejando un poder omnímodo, nombrando ministros, sustituyéndolos sin someterse a nadie, y tomando todas las decisiones de las que gran parte del partido se enteraba al mismo tiempo que la prensa.

Aquella abstención del PSOE y la dimisión de Pedro Sánchez contribuyeron a agrandar la leyenda del líder político que lo resiste todo pero esta vez el final ha llegado por sorpresa, como consecuencia de una moción de censura exprés tramitada en una semana, que se ha llevado por delante a su Gobierno.

Y las guerras internas del PP que el hiperliderazgo de Rajoy ha mantenido soterradas bajo su mandato amenazan con ver la luz con toda su virulencia. El primero en sacar el hacha ha sido el exministro de Exteriores José Manuel García Margallo, muy enfrentado desde la primera legislatura de Rajoy a la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría.

“Haré todo lo posible para que Soraya Sáenz de Santamaría no sea portavoz del Partido Popular”, contó este lunes García-Margallo en el programa Espejo Público de Antena 3. El exministro, militante del PP y diputado en el Congreso, definió a la vicepresidenta como “la persona más poderosa de la historia de España desde Godoy”, la culpó de ser “la única responsable” de “decisiones estratégicas equivocadas”.

García Margallo lanzó ese ataque a su enemiga en el partido sin esperar siquiera a que Santamaría se haya postulado para ningún puesto.

Con todo, el enfrentamiento más enconado en la primera línea del PP es el que mantienen la propia Santamaría con la secretaría general del partido, María Dolores de Cospedal. Una mala relación que en la última época ya ni se esfuerzan en disimular y que se escenificó en público el pasado 2 de mayo, durante la recepción en la Real Casa de Correos de Madrid durante la fiesta de la Comunidad de Madrid, donde permanecieron sentadas al lado, casi sin mirarse, en una fotografía que apareció destacada en toda la prensa.

Esas tensiones, que se han mantenido latentes durante los últimos años cuando ambas compartían Consejo de Ministros, corren el riesgo de agravarse, ahora que el PP ya no gobierna pero sobre todo una vez que se abra la carrera por la sucesión de Rajoy. A diferencia de lo que ocurre con Santamaría, que tiene un ingente poder pero por delegación -emana del presidente- durante los últimos años, Cospedal se ha garantizado el apoyo de algunos territorios. El tercer aspirante que está en todas las apuestas es Alberto Núñez Feijóo, el candidato que muchos ven como el único que puede parar a Ciudadanos y plantar cara a Albert Rivera. Cuenta a su favor tres mayorías absolutas consecutivas en Galicia, donde Ciudadanos no ha logrado sacar ni un solo diputado. En su contra juega su vieja amistad con el narcotraficante Marcial Dorado, un lamparón en su hoja de servicios de su época en la que era número dos de la Sanidad gallega y que ya le acompañará siempre.

La fórmula de la sucesión no está determinada pero son legión los dirigentes que apuestan por un congreso extraordinario en otoño que abra un nuevo tiempo en el partido y permita afrontar con otro líder la trascendental campaña hacia las autonómicas y municipales, en las que Ciudadanos se presenta como una peligrosa amenaza para las instituciones que todavía conserva. La mayoría de los dirigentes consultados asume que la hipótesis de un dedazo de Rajoy no es asumible en 2018 y que tampoco sería muy propia del actual líder del PP.

A la pacificación del partido no ayuda otra de las tareas pendientes. El PP deberá reorganizar en las próximas semanas las funciones de sus principales líderes para su nueva tarea de oposición. Una vez que Cospedal abandone el Ministerio de Defensa cuando Sánchez nombre a su sustituto y se haga el traspado de poderes, la secretaria general dispondrá de más tiempo para ocuparse del día a día del partido que en la última época venía gestionando el coordinador general Fernando Martínez Maillo. Ni siquiera está claro el rol que va a asumir Rajoy en los próximos meses, más allá de pilotar el proceso de su propia sucesión. De momento, este lunes ha recuperado el despacho de líder de la oposición en el Congreso pero está por ver quién va a ocupar el escaño de portavoz parlamentario que ha motivado las beligerantes declaraciones de García Margallo.

Además, hay dirigentes como el ministro de Fomento, Íñigo De la Serna, exalcalde de Santander y uno de las caras nuevas del partido, que se han quedado sin ninguna ocupación.

Este martes Rajoy, a quien nadie se ha atrevido a cuestionar en público, reúne a la cúpula del PP para analizar la grave crisis abierta en un escenario endiablado: la marca electoral está hundida en los sondeos -los sociólogos no habían visto una cosa igual desde el derrumbe de UCD tras la victoria de Felipe González en 1982- y, lo que es más grave todavía, tiene por delante una larga lista de juicios por corrupción durante los próximos meses.

Por si faltaba algún protagonista, este martes reaparece José María Aznar, en un acto que ha programado su fundación, FAES, ya desvinculada del PP. Coincidirá con la primera vez en que Rajoy se dirigirá a su militancia tras perder el Gobierno. El expresidente lleva años desmarcándose del líder al que señaló con su dedo para la sucesión en 2003 y piropeando a Ciudadanos y a Albert Rivera.

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