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Adoctrinamiento: Nuevas técnicas para viejos fines

El escándalo de Cambridge Analytica, la empresa británica que ha utilizado los datos de 50 millones de usuarios de Facebook para influir en sus conductas políticas, nos lleva a otra dimensión 

El dominio de la información es básico en esta estrategia. En España,  ni siquiera esconden la voluntad de influir en la opinión pública en aspectos con claro trasfondo ideológico

No pudo soñar el adoctrinamiento mejores herramientas. Esta macabra estrategia parece haber modelado ya a una parte sustancial de la sociedad para que llegue a no reparar en los peligros que la acechan

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La Mnisitra de Defensa, María Dolores de Cospedal, pasa revista a las tropas

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La manipulación para adoctrinar ha entrado de lleno en nuestras vidas. Operaba ya desde hace tiempo, pero ahora se ha hecho oficial. El escándalo de Cambridge Analytica, la empresa británica que ha utilizado los datos de 50 millones de usuarios de Facebook para influir en sus conductas políticas, nos lleva a otra dimensión. La campaña de Trump en EEUU y el Brexit inglés habrían estado seriamente afectados por esta injerencia. No eran bots rusos: en la génesis estaba la extrema derecha pura y dura. Detrás de Cambridge Analytica se encuentran -entre otros- Breitbart News y Stephen Bannon, que fuera asesor esencial de Trump.

El mecanismo es simple: bastan una docena de likes para definirte y ser usado. Aquí lo explican de forma muy didáctica. Luego, empresas como Cambridge Analytics recogen y venden los registros. El modus operandi, sucio y sensacionalista, lo muestra Íñigo Sáenz de Ugarte a través de un reportaje de Channel 4, cuarto canal de la TV británica. La empresa acredita su experiencia en muchos más países que EEUU y GB que no eran ninguna minucia. Se trata de cambiar la mente de las personas, no tanto por la persuasión como por el dominio de la información, dicen los propios autores.

España es capaz de ir con mantilla a las procesiones de Semana Santa y utilizar los más avanzados instrumentos tecnológicos para  los más viejos fines. Y aquí entra la ministra Cospedal. En los ratos libres que le deja la compra masiva de armamento –para el que sí hay dinero-, está poniendo en práctica el diseño de país que promueve el propio Rajoy al frente de todo el PP.  El dominio de la información es básico en esta estrategia, pero ni siquiera esconden la voluntad de influir en la opinión pública en aspectos con claro trasfondo ideológico.

Eldiario.es adelanta la exclusiva -que no encuentra el eco que el asunto requiere-. Defensa destina 600.000 euros a subvencionar a quienes adoctrinen sobre las Fuerzas Armadas. El Plan Estratégico de Subvenciones 2018-2020 del Ministerio premiará a personas y organizaciones que se dediquen a ejercer esa influencia. Con métodos de este calibre que conviene destacar:

Se destinarán 200.000 euros por ejercicio a campañas que aumenten la sensación de riesgo de la población y muestren cómo ayuda el Ejército a mitigarlo. Se trata de una estrategia a gran escala: la ministra ha firmado convenios con colegios y medios de comunicación con el mismo objetivo, dicen Carlos del Castillo y Laura Galaup. 

En el mismo sentido, el PP ha hecho público ya el temario que adelantó este diario para ilustrar a escolares de entre 6 y 12 años del concepto que el Partido Popular tiene de España. La inmigración como riesgo, el rey y su boda, el deber de defender a España y asistir al desfile de las Fuerzas Armadas, banderas, himnos, o el pasodoble de la posguerra “Banderita” para momentos de asueto.  Hasta presenta como riesgo “las armas de destrucción masiva” que inspiraron a Aznar para la invasión de Irak, siendo el único dirigente que no ha pedido disculpas.  El contenido completo de la asignatura, aquí. 

A la vez, nos refieren que “ El Congreso acelera el estudio de las noticias falsas”, como están haciendo ya numerosos países. Se ponen a ello, diputados y editores de, entre otros, esos medios tan fiables que a diario nos ilustran con su opinión indiferenciada de la información. Incluso con la manipulación directa, uno de cuyos últimos hitos han sido los sucesos de Lavapiés. Por cierto, a la mayoría se les ha extraviado el inmigrante al que golpeó la policía en la nuca, llevaron de cualquier manera a un portal y que Juan Luis Sánchez  encontró malherido en un hospital

Esta comisión se va a ocupar, nos dicen, de atajar la desinformación, las Fake News. O controlar lo que entiendan por ellas -podría ser-,  que nunca verán como la viga en ojo propio. Y, según la noticia, de “al mismo tiempo, hacer una lectura geoestratégica y militar de la cuestión”. Su objeto de trabajo: “Las noticias falsas o tergiversadoras con intención de intoxicar masivamente, o Fake News”. Es decir, lo que ha hecho Cambridge Analytica en la campaña de Trump y el Brexit. O el ideario que el gobierno del PP quiere introducir para modelar la opinión pública a su imagen. De una forma organizada. A la vista de los hechos, es práctica habitual en sus portavoces y en los medios afines que son mayoría. Esto es un cambio cualitativo.

Cada paso nuestro en Internet deja huella. Mi búsqueda del reportaje de Telva donde Inés Arrimadas hacia su puesta de largo con las estancias regias del Parlament como decorado, me llenó el ordenador de ofertas de vestidos largos de ocasión. Todos conocemos esa experiencia. Nuestros datos son recogidos y usados para fines muy precisos. La maniobra de apoyo que se está desplegando va destinada a silenciar “la competencia” que fluye aún por la libertad de las redes.

No pudo soñar el adoctrinamiento mejores herramientas. Esta macabra estrategia parece haber modelado ya a una parte sustancial de la sociedad para que llegue a no reparar en los peligros que la acechan. Enfoca lo que quiere difundir, desplaza lo que quiere ocultar. Asuntos  más llamativos y de menor transcendencia distraen de lo principal.  De alguna manera, muchos ya han entregado su mente, como infectados por un troyano informático al que pudieron y aún pueden eliminar.

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