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La caída en desgracia del líder del PP: Los siete pecados capitales de Alberto Fabra

El presidente de los populares valencianos anunciaba el pasado martes que asume la responsabilidad de la debacle electoral y renunciaba a dirigir al PP en la oposición, por lo que no se presentará a la reelección en el cargo

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Fabra será presidente del PPCV hasta enero y pide "resetear" el partido

El president Fabra con los dirigentes del PP valenciano

En julio de 2011, tras la renuncia de Francisco Camps a la presidencia de la Generalitat por el caso de 'los trajes', Alberto Fabra, por aquel entonces alcalde de Castellón -apadrinado por el ahora  condenado encarcelado Carlos Fabra-, era elegido por aclamación por la Junta Directiva Regional del PP nuevo presidente del partido a propuesta del propio Camps, a quien también sucedió como jefe del Consell.

Este martes, 26 de mayo, menos de cuatro años después, Fabra anunciaba que  no dirigirá al PP en la oposición -tras los resultados electorales del 24M, que imposibilitan que pueda formar gobierno pese a ser la fuerza más votada en la Comunitat Valenciana- así como que tampoco se presentará a la reelección como presidente de un partido que necesita ser "reseteado".

No obstante, a pesar de que hay  voces críticas que han exigido la dimisión de Fabra y la celebración de un Congreso extraerdinario, Génova ha cerrado las puertas a esta posibilidad hasta después de las elecciones generales de noviembre. Está previsto que se celebre a principios de 2016.

Éstas son algunas de las claves que han llevado al todavía president de la Generalitat a caer en desgracia entre sus compañeros de partido.

- Designación 'digital'. Pese a ser elegido por aclamación por los miembros de la Junta Directiva Regional del PP, lo cierto es que su nombre vino 'sugerido' desde Génova después de que la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, se negara a asumir esa responsabilidad. Quedó descartada entonces la mano derecha de Camps, Paula Sánchez de León, y también se sintió agraviado el entonces presidente provincial del PP en Valencia, Alfonso Rus, ahora  caído en desgracia a causa del 'DipuGate'.

- El cierre de RTVV. El 29 de noviembre de 2013 -apenas unos días después de que el PP lo aprobara en Les Corts-, poco después de las 12 del medio día, la emisión de  Canal 9 iba a negro tras cortar la emisión de la televisión autonómica. Unas horas antes, se había cortado la emisión de Ràdio 9. Esta decisión, si bien contó con el respaldo público unánime del Partido Popular, generó el malestar entre diversos dirigentes populares, que en privado reconocían que la decisión del president era desacertada y que iba a suponer un gran desgaste al PP.

- La financiación autonómica. El president de la Generalitat ha pedido una  mejora del sistema de financiación autonómica de la Comunitat Valenciana, que supone un déficit de 1.000 millones de euros anuales en las transferencias del Estado. Sin embargo, esta reivindicación la ha realizado 'con la boca pequeña', lo que provocó una pseudorebelión de los empresarios valencianos, que exigían mayor firmeza y determinación a la hora de exigir más dinero para la Comunitat Valenciana. Y lo mismo sucedió en el seno del PP, donde también aparecieron voces críticas que exigían mayor contundencia por parte del jefe del Consell.

- La corrupción. Alberto Fabra se dio cuenta de que la  corrupción era un problema y un lastre para el Partido Popular, con más de 150 cargos imputados (entre ellos una decena de diputados autonómicos, dos expresidents de la Generalitat, presidentes de las Diputaciones, exconsellers y exaltos cargos del Consell, alcaldes, concejales...). Su obsesión, deshacerse de los imputados en las instituciones y en el partido -en algunos casos con mayor éxito y en otros con menos acierto-. Esta lucha contra los imputados por corrupción le ha granjeado numerosos ' enemigos' en el seno del partido, que no comprendían por qué tenían que quitar de las listas a imputados que no estaban condenados -uno de ellos, Alfonso Rus-.

- El topo del Palau. Las filtraciones acerca de los gastos de Presidencia y otras cuestiones pusieron en la picota al propio Fabra y a quien era su mujer de confianza, Esther Pastor. La  búsqueda del filtrador se convirtió en una obsesión para el jefe del Consell, que puso en marcha una investigación en la que las sospechas se dirigieron hacia el personal de confianza del vicepresident, José Císcar -el  jefe de la Policía Autonómica llegó a interrogar al jefe de prensa de Císcar durante varias horas-.

- Falta de apoyos en el partido. Alberto Fabra nunca ha conseguido el respaldo unánime de los populares valencianos, y su liderazgo ha sido cuestionado en más de una ocasión, sobre todo por dirigentes de la talla de  Alfonso Rus o Rita Barberá. Además, el respaldo con el que contaba el president ha ido reduciéndose cada vez más.

- Cuestionado por Génova. En Génova no confiaban en Alberto Fabra y Mariano Rajoy no acababa de verlo como el candidato ideal del PP a la presidencia de la Generalitat. Sin embargo, la falta de alternativas -González Pons, García Margallo o la propia Rita Barberá no quisieron asumir esa responsabilidad-, empujó a Rajoy a nominar a Fabra como candidato, y eso que ni siquiera los barones regionales del PP mostraron de forma explícita y contundente su respaldo a Fabra -los dirigentes provinciales se negaron a firmar un documento de apoyo al president-.

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