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REGIÓN DE MURCIA

Rueda de corresponsales

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Recuerdo siendo adolescente una noche entrañable, en una cafetería que hoy ya es historia, escuchando contar a alguien los entresijos de la rueda de corresponsales en el extranjero que Victoriano Fernández Asís coordinaba desde Prado del Rey para ‘España a las 8’, en Radio Nacional de España, un informativo que acaba de cumplir 50 años en antena. Confieso que pasé uno de los momentos más gratos de mi vida oyendo a aquel antiguo trabajador de la Compañía Telefónica, confidente desde la mesa central del múltiplex que los conectaba, relatar las conversaciones previas que el veterano periodista mantenía con jóvenes profesionales como Jesús Hermida, Pedro Wender, José Antonio Plaza o Cirilo Rodríguez. Lo cuento porque ya entonces –hablo de hace más de cuatro décadas–, uno soñaba con trabajar algún día en algo que me parecía tan fantástico como fascinante. Y, por fortuna, aquel sueño se cumplió.

Confieso además que si a un medio debo mi bagaje profesional es a la radio y, especialmente, a Radiocadena Española, en primer lugar, y luego a RNE donde pasé, posiblemente, los mejores años de mi vida laboral. Allí ocupé diversas responsabilidades y conocí a enormes profesionales de los que aprendí cuanto sé y de los que aun hoy me enorgullezco de conservar su amistad. Y mantengo un recuerdo casi a diario de los que nos dejaron. La radio creció conmigo –o yo con ella– y me enseñó a ser mejor persona. También a vislumbrar las cosas desde otro prisma; a interpretar que todo no es blanco o negro y que existen los matices y los tonos grises. Y los claroscuros, por supuesto. Me enseñó a ser más tolerante y respetuoso. A vivir en una sociedad en la que se defiendan los derechos y deberes de todos y cada uno de sus ciudadanos. A defender sin ambages la libertad de expresión, palabras tan manidas para muchos pero con las que algunos se suelen atragantar. Tras el 23-F, a valorar lo que es vivir en democracia. Y a ver de cerca lo trágica que puede resultar la vida, en primera persona, como cuando meses después de la intentona golpista tuve que cubrir informativamente un hecho tan luctuoso como la muerte en accidente de tráfico, en septiembre de 1981, de veintisiete personas, en la localidad toledana de Quintanar de la Orden, cuando en autobús regresaban de la fiesta del PCE y viajaban de Madrid a Murcia.

Sin menospreciar a otras cadenas, RNE ha sido la escuela de tanta gente, la auténtica cantera del radiofonismo de este país como en el plano privado lo ha sido la SER. Sigo levantándome cada mañana y, mientras me afeito, escucho con devoción los informativos, en los que me formé con la ilusión del primer día. No sé si lo hago por aquello que se llama deformación profesional. Lo que sí me viene a la mente es que, a esas horas, cuando despunta el alba, mi padre solía hacer lo mismo. Y hoy, que ya no está, quizá sea mi peculiar forma de agradecerle que me instruyera en eso como en tantas otras cosas de la vida.

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