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¿Cosmopolitas por Corbyn? Unos apuntes para entender las elecciones británicas

¿Perdió de verdad May? ¿En qué pensaron los británicos al votar? ¿De dónde proceden las ganancias de los laboristas? ¿Sigue siendo Escocia diferente?

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El líder del Partido Laborista, Jeremy Corbyn, tras conocer su victoria en su circunscripción

El líder del Partido Laborista, Jeremy Corbyn, tras conocer su victoria en su circunscripción Frank Augstein / Gtresonline

A pesar de que en el momento de convocar las elecciones la práctica totalidad de los analistas y los sondeos anticipaban una victoria holgada de los conservadores de Theresa May y un descalabro de los laboristas liderados por Jeremy Corbyn, la sorprendente recuperación de estos últimos durante la campaña ha dado al traste con la mayoría absoluta conservadora en la Cámara de los Comunes. A continuación ofrecemos algunos apuntes para tratar de entender lo que ha ocurrido el jueves en el Reino Unido.

1. ¿Derrota de May, o victoria de Corbyn?

Es innegable que desde el punto de vista de la gobernabilidad, la estrategia de May ha fracasado estrepitosamente. El objetivo del adelanto electoral era sencillamente aprovecharse de la supuesta debilidad electoral de su rival para extender su gobierno en el tiempo y consolidar su posición de poder tanto hacia dentro (su partido y el Parlamento) como hacia fuera (de cara a las negociaciones con la UE). Tras el jueves, la Cámara de los Comunes será más hostil hacia May. Los conservadores ahora no dependen de sí mismos para legislar en Westminster, y es previsible que la decepción con los resultados dentro de su grupo parlamentario estimule el ruido de sables dentro de su partido. Visto así, May claramente ha perdido.

Pero esto no nos debe hacer olvidar que en términos puramente electorales, Theresa May ha conseguido unos resultados espectaculares. Hay que retrotraerse a la victoria de Thatcher tras la guerra de las Malvinas (¡hace 34 años!) para encontrar un porcentaje de voto a los conservadores tan alto como el logrado por May. El partido conservador avanza 5,5 puntos respecto del resultado de 2015, logrando nada menos que 2,3 millones de votos más que los obtenidos entonces por David Cameron, en lo que se interpretó en aquel momento como una indisputable victoria tory. Son cifras realmente extraordinarias para cualquier partido de gobierno en el contexto actual. Habrá que confirmarlo con encuestas, pero todo apunta a que este crecimiento se debe a que han logrado retener al grueso de sus votantes, y además atraer a los votantes euroescépticos de UKIP, que se ha desplomado.

¿Cómo es entonces posible que los conservadores pierdan la mayoría absoluta pese a ganar en votos? Por dos motivos: en primer lugar, por las erráticas consecuencias del sistema electoral británico, que hace que el porcentaje de escaños dependa no solo del porcentaje de votos, sino de la distancia respecto a las demás candidaturas. Y en segundo lugar, porque esta vez May se ha enfrentado a un rival mucho más competitivo en términos electorales: el crecimiento en porcentaje de votos del partido laborista (3,5 millones de votos y 9,5 puntos porcentuales más que hace dos años) solo es comparable en magnitud al provocado por la elección de Clement Attlee en 1945. Con un segundo partido tan cerca, ganar en muchos distritos se hace más complicado. Es por tanto esto lo que ha fallado en el cálculo de May: no el convencimiento de que que los conservadores podían crecer en votos gracias al contexto post-referéndum del Brexit (lo han hecho), sino el que los laboristas se iban a descalabrar por culpa de su líder izquierdista y radical (lo que no ha ocurrido).

2. En qué pensó la gente al votar. 

Es muy posible que parte del "error de cálculo" de May tenga que ver con el éxito de los laboristas en cambiar los términos del debate durante la campaña. Hasta el atentado de Londres, en el que el asunto de la seguridad saltó al centro de la agenda política para quedarse, la campaña ha sido un tira y afloja entre dos narrativas. Por un lado, May ha repetido machaconamente el mensaje de que estas elecciones eran para elegir un líder fuerte (ella, obviamente) que pudiera negociar en mejor posición con la Unión Europea. Por otro lado, Corbyn ha renunciado totalmente a competir en el asunto del Brexit, a pesar de que un 48% del electorado votó por quedarse en la UE. En su lugar, Corbyn ha desplegado una campaña centrada fundamentalmente en la justicia social, las políticas sociales y la desigualdad y, probablemente de modo inesperado, ha conseguido robar el control de la agenda de la campaña a los tories.

Estas dos narrativas se han reflejado simétricamente en el electorado. El siguiente gráfico muestra el porcentaje de votantes que a la pregunta "¿Qué asunto es el principal para decidir su voto?" contestan el Brexit o cualquiera de una series de asuntos o políticas sociales. Los encuestados están divididos entre los que votaron a los conservadores en 2015 y los que votaron laborista.

Como se puede comprobar, se produce una divergencia muy marcada en los asuntos principales que deciden el voto de cada grupo, muy en la línea de los que cada partido ha utilizado como eje central de su campaña. Entre los conservadores, el Brexit es la razón principal de su voto, mientras que los asuntos sociales dominan la decisión de los laboristas.

Gráfico 1: Razón fundamental para la decisión del voto

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Nota: Datos de Yougov, trabajo de campo 28-30 de mayo.

3. ¿De dónde viene el crecimiento laborista? 

Aún es pronto para extraer conclusiones sobre las causas últimas de la distribución del voto en esta elección, pero el análisis preliminar de los patrones de cambio de voto por distritos puede darnos algunas pistas. Los siguientes gráficos reflejan en el eje vertical el incremento del porcentaje de voto laborista menos el incremento del porcentaje de voto conservador (lo que los británicos llaman el "swing" respecto de la elección anterior), que tomamos como una medida de si el distrito se hace "más laborista" (si el índice toma un valor positivo alto) o "más conservador" (si el índice toma un valor negativo alto).

Gráfico 2. "Swing" hacia los laboristas en función de la presencia de jóvenes y de la densidad de población del distrito.

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Fuente: Las medidas demográficas proceden del Censo británico de 2011, disponibles en el British Election Study

Lo que parecen mostrar los datos es que hay un fuerte componente "demográfico / residencial" en este cambio de preferencias políticas de los distritos. Son las circunscripciones más densamente pobladas (las urbanas) y las más jóvenes aquellas que más han virado hacia los laboristas. Cuesta más encontrar evidencia del impacto de variables puramente económicas (seguramente en parte porque los conservadores, al atraer a la mayor parte del voto de UKIP, se han "proletarizado" en términos económicos).

Mostramos también un hallazgo curioso: un indicador del grado de "cosmopolitanismo" del distrito (el porcentaje de residentes que no disponen de pasaporte) está fortísimamente correlacionado negativamente con el "swing" hacia los laboristas. Los distritos más cosmopolitas (de acuerdo a nuestra interpretación de la variable, aquellos donde la práctica totalidad de los residentes disponen de pasaporte) son aquellos en los que los laboristas han mejorado más sus resultados respecto a las elecciones pasadas (no lo mostramos aquí, pero los datos indican que esto no es solo consecuencia solo de la atracción de votantes de UKIP por parte de los conservadores).

Gráfico 3. "Swing" hacia los laboristas en función del grado de cosmopolitanismo del distrito.

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Fuente: Las medidas demográficas proceden del Censo británico de 2011, disponibles en el British Election Study

En definitiva, en línea con mucha evidencia procedente de encuestas durante la campaña, los resultados del jueves sugieren que laboristas han logrado crecer atrayendo voto joven, urbano, y residente en áreas más "cosmopolitas".

4. Escocia is different 

Una de las noticias de estas elecciones es descalabro de los nacionalistas escoceses, que caen en todas las circunscripciones, y en un tres cuartos de ellas, por más de 10 puntos. Sin embargo, electoralmente Escocia sigue siendo otro mundo. Aunque los escoceses han votado mucho más a partidos británicos que en 2015, las fuerzas que explican este voto parecen ser muy diferentes a sus determinantes en el resto de la unión. Un ejemplo lo vemos en el gráfico 4, que refleja la relación entre el crecimiento del voto de los conservadores y el porcentaje de voto que obtuvo UKIP en 2015. Mientras que en Inglaterra y Gales el hecho de que existiera un electorado de UKIP hace dos años explica buena parte del crecimiento de los conservadores en 2017, en Escocia (donde UKIP apenas tenía presencia) los tories logran crecer por causas diferentes.   

Gráfico 4. Voto a UKIP en 2015 e incremento del voto a los conservadores en 2017. 

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