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El tren de borrascas se ceba con el campo andaluz: “Las pérdidas son incalculables”

Explotaciones agrícolas inundadas por la crecida del Guadalete.

Álvaro López

Granada —
13 de febrero de 2026 21:02 h

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Las intensas lluvias que han caído en Andalucía desde principios de año, fruto de siete borrascas de gran impacto, han provocado no solo desalojos, desplazados y daños en las infraestructuras viales, en casas o en paseos marítimos, sino que se han cebado especialmente con el sector primario. Agricultores y ganaderos se esfuerzan en achicar aguas y limpiar sus zonas de trabajo para poder cuantificar qué se ha perdido y cuánto tardarán en volver a la normalidad. Pero el análisis preliminar no es nada halagüeño y desde el campo asumen que las pérdidas son “incalculables”, tal y como vienen también denunciando en estos días organizaciones agrarias como UPA, Cooperativas Agroalimentarias, COAG y Asaja.

El propio ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación, Luis Planas, admite que aún no se pueden dar cifras concretas de los daños porque están siendo todavía evaluados. Este mismo viernes, tras reunirse con las organizaciones agrarias Asaja, COAG, UPA y Cooperativas Agroalimentarias, ha confirmado que el Gobierno está abierto a abordar la flexibilización de la PAC, “repasar” los módulos del IRPF de 2026 y el número de peonadas y “trabajar” para que estén garantizados los contingentes de trabajadores de terceros países que son “necesarios” para las tareas del campo. Asimismo, asegura que habrá ayudas directas y créditos y avales.

Provincias como Cádiz y Málaga se han visto especialmente dañadas por este tren de borrascas y quienes tienen sus explotaciones agrícolas y ganaderas en ambos puntos son quienes más problemas están acarreando. Pero la intensidad de las lluvias, que apenas han dado tregua, también ha tenido su efecto en el resto de Andalucía, ya que, según datos del Ministerio de Agricultura, solo en el sector agrícola se han visto dañadas más de 14.000 hectáreas de la comunidad autónoma, más de la mitad de las 22.000 que han sufrido el efecto de las borrascas en toda España. Una realidad que hace que el sector primario pida ayuda a las administraciones, pero también levante la voz recordando que hay políticas de prevención que no se han llevado a cabo.

Porque lo que en estas semanas han perdido tardarán tiempo en recuperarlo y la nueva realidad a la que parece enfrentarse España ante el cambio climático implica que el futuro tiene que pasar por debates en los que el campo tiene mucho que decir desde hace años. Ese es el caso precisamente de los agricultores del Bajo Guadalete, en la provincia de Cádiz, uno de los puntos más castigados por las precipitaciones y también uno en los que los problemas históricos se acumulan. Así lo explica José Miguel Hernández, que a sus 41 años representa un perfil poco común del sector primario: el de un empresario joven que como tal exige también la modernización del campo.

Lloviendo sobre mojado

Hernández es propietario, junto con su hermano, de una gran extensión agrícola en esta zona de la provincia de Cádiz. Por eso mismo, sabe que, sin poder haber comprobado al detalle qué daños ha sufrido su explotación, las pérdidas serán “incalculables”. Las parcelas siguen anegadas y los caminos rurales destrozados, lo que impide incluso que los peritos puedan acceder a todas las fincas. En su caso, que planta sobre todo cultivos hortícolas, asume que si deja de llover no podrá empezar a plantar de nuevo hasta finales de mayo, lo que hace que pierda por completo la campaña agrícola de verano, salvo que pueda arrendar un campo que no esté dañado mientras se recupera el suyo. Solo en pérdida de cultivos, calcula unos 220.000 euros.

Pero su análisis va más allá del temporal. Sostiene que el campo lleva años advirtiendo de la necesidad de invertir en infraestructuras hidráulicas, limpieza de cauces, mantenimiento de canales y mejora de drenajes. “Esto no es solo la lluvia, es que no se ha invertido lo suficiente en prevención”, defiende. A su juicio, las precipitaciones han evidenciado carencias estructurales que arrastran desde hace décadas y que ahora multiplican los daños. En todo el Bajo Guadalete, explica, hay alrededor de 400 kilómetros de tuberías obsoletas de fibrocemento, mientras se invierte en “cosas que no hacen falta, pero que vienen bien para el turismo”. En cuanto al sistema que hay en su explotación, las pérdidas de las canalizaciones rondarán los 40.000 euros.

En una zona históricamente sensible a las crecidas, los agricultores reclaman planes integrales que contemplen tanto la gestión del agua en épocas de sequía como la evacuación en momentos de lluvias extremas. “No se puede hablar solo de ayudas después del desastre. Hay que hablar de inversión antes de que ocurra”, insiste Hernández, que reivindica un modelo de campo más tecnificado y preparado para escenarios climáticos cada vez más imprevisibles.

Si en la campiña gaditana el agua ha ahogado cultivos, en el interior de Jaén ha provocado un golpe todavía más doloroso: la muerte de cientos de animales en plena paridera, el periodo de tiempo en el que las madres crían. Antonio Punzano, ganadero trashumante de ovino con más de tres décadas de experiencia, reconoce que nunca había vivido algo igual. “Estamos rondando el 60% de los corderos perdidos”, lamenta.

Las pérdidas de animales se cuentan por miles.

Los números no dan

No se trata solo de que haya llovido mucho, sino de que no ha parado. “Siempre han estado mojados, siempre”. La humedad constante ha debilitado a las crías recién nacidas, que si no maman en las primeras horas mueren, y ha favorecido infecciones entre las que han logrado sobrevivir. “De tantas bajas como este año, nunca jamás lo había visto”, asegura. Lo habitual, explica, es que en explotaciones como la suya se puedan perder entre 30-40 crías en épocas de lluvias de entre 300 y 400 corderos, pero ahora la cifra se ha multiplicado por seis. “Las ayudas deben llegar, pero de forma justa y que no perjudiquen a los que sí estamos afectados porque no es lo mismo los que somos trashumantes que quienes tienen a sus rebaños en ganaderías cercadas y techadas”.

De este modo, las pérdidas económicas, solo en su explotación, oscilan entre los 15.000 y los 20.000 euros. Pero el daño es también estructural: muchas de las crías fallecidas eran futuras madres, lo que compromete la reposición del rebaño y retrasa la producción durante meses. “Al menos, los pantanos van a estar llenos para los próximos años”, se consuela. No obstante, como el resto del sector, cree que hacen falta inversiones. Al ser ganadero trashumante y no tener un lugar físico en el que recoger a los corderos, considera que han de construirse zonas específicas para situaciones en las que se produzca un clima tan adverso, que parece que será la tendencia por el cambio climático.

Situación complicada e incierta

En la provincia de Málaga, la situación tampoco es sencilla. En Antequera, Carmen Roldán, ganadera de ovejas al frente de una explotación familiar, describe un escenario límite que combina el impacto de las lluvias con problemas previos como la lengua azul. “Nunca habíamos vivido una situación tan complicada y tan incierta como la actual”, afirma. Entre el aumento de costes –piensos, gasóleo, electricidad...– y las pérdidas derivadas de la enfermedad, habla de “varios miles de euros” y de una rentabilidad cada vez más estrecha. “Trabajamos más que nunca para ganar menos que nunca”. A ello se suma, denuncia, una burocracia creciente y ayudas que no llegan. “Las ayudas que no llegan a tiempo no solucionan nada”.

Desde la Junta de Andalucía, la Consejería de Agricultura asegura que está evaluando la situación dentro de sus competencias y trasladando los datos a Presidencia y Hacienda para realizar el cómputo total de daños y articular las ayudas. Por su parte, el ministro de Agricultura, Luis Planas, ha solicitado también a la Comisión Europea la activación de la Reserva de Crisis Agrícola para apoyar a las zonas afectadas y ha avanzado cifras provisionales que sitúan en torno a 14.000 las hectáreas dañadas en Andalucía.

Mientras las administraciones evalúan y preparan planes de respuesta, el campo insiste en que la solución no puede limitarse a compensaciones puntuales. La prevención, la inversión en infraestructuras y la adaptación al nuevo escenario climático son, para agricultores y ganaderos, cuestiones pendientes que esta cadena de borrascas ha dejado al descubierto. Porque más allá de las cifras, lo que se ha puesto en evidencia es la fragilidad de un sector que sostiene buena parte de la economía rural andaluza. Y si no se refuerzan los cimientos, advierten, el próximo temporal volverá a encontrar al campo igual de expuesto.

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