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La ecología es uno de nuestros principales intereses y es el centro de este blog: cambio climático, medio natural, desarrollo sostenible, gestión de residuos, flora y fauna, contaminación y consumo responsable, desde el punto de vista de periodistas, expertos, investigadores, especialistas y cargos públicos. También editamos la revista 'Castilla-La Mancha Ecológica'.

La alerta temprana y el urbanismo responsable, esenciales para minimizar los daños por inundaciones

Inundación en Cebolla (Toledo) en 2018

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España tiene un largo historial de catástrofes por inundaciones, tanto fluviales como costeras. Su geografía, la incidencia del cambio climático y la ocupación urbanística de zonas inundables de manera incontrolada han propiciado que el país haya ido aumentado los riesgos conforme avanzan los años sin que hasta ahora se hayan modernizado los sistemas de prevención. Es el motivo por el que el Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE) ha publicado un estudio para analizar este fenómeno. Sus autores son el climatólogo y presentador de El Tiempo en CMMedia, Jonathan Gómez Cantero; el geógrafo guadalajareño Roberto Granda Maestre; y el director del Observatorio de la Sostenibilidad, Fernando Prieto.

“Las inundaciones en España: un problema que sube de nivel” analiza cómo estas catástrofes no supondrían un problema más allá de su aspecto ambiental si no fuera porque los seres humanos “hemos ocupado zonas inundables de forma profusa”, lo que ha derivado en daños humanos, económicos y materiales.

Los autores explican que en la actualidad, las inundaciones suponen un grave riesgo para las poblaciones que viven en determinadas zonas expuestas al peligro y que el calentamiento global asociado al aumento de las temperaturas lleva aparejado una crecida de fenómenos meteorológicos extremos. Todo ello hace “previsible” que los costes sociales, económicos y ambientales sigan aumentando.

Solo en los últimos 20 años, más de 300 personas han fallecido debido a las inundaciones. A estos efectos trágicos sobre las personas se añaden las consecuencias sobre diferentes sectores de la economía española, con unos daños cuyo valor medio estimado es de 800 millones de euros anuales solo para el caso de las inundaciones.

Un factor destacado en el estudio es que España posee un territorio de gran diversidad geográfica, con elevados desniveles, donde se dan diferencias de altitud muy marcadas, y donde se han deforestado las cabeceras de las cuencas. Son hechos que, unidos a la irregularidad en las precipitaciones y al clima mediterráneo en gran parte del territorio, hacen que sea un territorio “especialmente vulnerable”.

Los casos históricos y lo que se puede aprender de ellos

Realizan así un repaso por casos históricos relevantes como la riada del Vallés de 1962, la pantanada de Tous de 1982, la inundación de Bilbao de 1988, la tragedia del camping de Biescas (Huesca) en 1996, así como otras inundaciones: Badajoz en 1997 o Cebolla (Toledo) en 2018. Este último es un ejemplo de inundación muy rápida o ‘flash flood’, que cada vez se repite con más frecuencia. Los ejemplos más recientes son las consecuencias de la borrasca ‘Gloria’ este mismo año, con inundaciones asociadas a la subida y entrada del nivel del mar por el fuerte temporal.

Tras este análisis, los autores detallan que todos los casos presentan tres características principales unidas a la falta de gestión: la presencia de un riesgo meteorológico asociado a precipitaciones fuertes o torrenciales; la exposición generada por el propio ser humano al ocupar terrenos inundables; y la falta de información adecuada sobre los posibles afectados como mecanismo de autodefensa.

Por ello, y dadas las previsiones para los próximos años, consideran importante que las administraciones y las entidades competentes tomen conciencia de esta problemática para evitar que se siga construyendo en zonas inundables. También proponen un sistema de gestión, información y educación que advierta a los ciudadanos si viven en estas áreas, además de mantener activos todos los sistemas de previsión meteorológica y sistemas de alerta temprana “que puedan ayudar con las nuevas tecnologías a salvar vidas humanas y a disminuir los daños”.

Una de las medidas a futuro de cara a la comunicación cuando las situaciones ya estuvieran ocurriendo es la implementación de sistemas de alerta temprana que sirviesen para “avisar a la población cuando el riesgo fuese muy elevado la inundación casi segura”. Dependerían de las redes hidrológicas y de las meteorológicas de ‘nowcasting’ (predicción a muy corto plazo).

A este respecto, detallan una propuesta ya presentada como es la “etiqueta de calificación para las edificaciones frente a las inundaciones”. Se trata de una propuesta controvertida, ya que implicaría “probables impactos severos en el valor de mercado de las viviendas”, pero de cara a los equipos profesionales de prevención y rescate “podría suponer un importante avance ya que permitiría, al estilo de como se hace en medicina, aplicar un ‘triaje’ en situaciones especialmente delicadas y decidir sobre qué áreas actuar primero". El Sistema Nacional de Cartografías de Zonas Inundables clasifica amplios espacios, pero la idea sería realizarlo "edificio por edificio".

Si se decidiera la toma de medidas más drásticas, pero también más efectivas, lo más adecuado, añade el informe, sería el desplazamiento de los núcleos urbanos a zonas de menor riesgo, “especialmente relevante” en áreas ubicadas sobre cauces de arroyos o torrentes. Un primer paso sería “la limitación urgente y necesaria de las concesiones de edificación en áreas consideradas de riesgo, así como la recalificación de estos terrenos, muchos de ellos actualmente edificables, a categorías que no permitieran su edificación”.

Finalmente, también apuestan los expertos por medidas de carácter ambiental como la reforestación con especies vegetales (especialmente arbóreas) propias de cada área en cuestión. Este proceso haría que los picos de crecida de los arroyos, por ejemplo, fueran menos intensos y las consecuencias “menos severas y devastadoras en aquellos espacios que sea posible, o acometiendo obras como tanques de tormenta y mejoras de alcantarillado”. “Por desgracia hay ciudades enteras y municipios que no pueden cambiarse de sitio y que más tarde o más temprano volverán a inundarse. Es necesario estar preparados y tener disponibles todos los sistemas de seguridad y defensa para poder actuar con rapidez evitando daños mayores y ayudando a los más perjudicados y los más vulnerables”, concluyen los expertos.

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Publicado el
16 de septiembre de 2020 - 19:49 h

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