Juan de Borgoña bajo pinturas barrocas, uno de los acontecimientos artísticos más relevantes de la última década

Proceso de descubrimiento del cuadro de "La Epifanía" ( Eliminación de yesos y aparición del cuadro) . Pablo Nieto

Pablo Nieto, director restaurador de 'El Parteluz' y José Domingo Delgado, Historiador de Arte y coordinador de la exposición

Cultura en Red Castilla-La Mancha —

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Juan de Borgoña ha sido reconocido por los historiadores del arte como uno de los grandes artistas de nuestro país en el tránsito del siglo XV al XVI. Su prestigio se consolida a la sombra del mecenazgo ejercido por la diócesis toledana de aquel momento. El hallazgo de la presencia de Juan de Borgoña como maestro en la pequeña ciudad albaceteña de Alcaraz, en un territorio tan alejado de la influencia de la Catedral Primada, ha sido uno de los acontecimientos artísticos más relevante de la última década. 

El Museo de Santa Cruz de Toledo, acoge temporalmente la muestra “Juan de Borgoña, un maestro oculto”. Os acercamos a la importancia de este hallazgo a través de la mirada emocionada de su principal restaurador, Pablo Nieto. 

Con ocasión de la celebración del VIII Centenario del milagro de la aparición de la Virgen de Cortes, patrona de Alcaraz, y la realización de un Año Jubilar con tal motivo, se concibió la idea de restaurar el retablo mayor de la iglesia de la Santísima Trinidad de Alcaraz. Esta iglesia, única parroquia del municipio en la actualidad, fue declarada Bien de Interés Cultural en julio de 1982, y se comienza a levantar en el último tercio del siglo XV. Edificio de tres naves y cuatro tramos, sin crucero destacado, conoció ampliaciones renacentistas, pero quizá lo más destacado de este monumento sea la portada principal, de un gótico muy avanzado, y la torre campanario de los pies, que se une a la del Tardón para configurar la imagen que mejor singulariza el conjunto histórico de la localidad, en su impresionante Plaza Mayor.

Se sabía desde tiempo antes que en los primeros años del siglo XVI (1502-1505) se realizaron unos pagos al pintor Juan de Borgoña, como abono para la ejecución de este retablo mayor, pero era evidente que las ocho pinturas que se podían contemplar hasta entonces no se correspondían en absoluto con su estilo, sino más bien con obras barrocas del siglo XVIII, basadas en modelos proporcionados por conocidos grabados y, en cualquier caso, de una bastante discreta calidad artística. Tras la realización de los trabajos de restauración, a cargo de la empresa “El Parteluz”, se ha podido constatar que las obras contratadas por Borgoña estaban conservadas debajo de estas pinturas barrocas, recuperándose totalmente gracias a la colaboración entre el Obispado de Albacete y la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha. 

Quién mejor para describir lo que se siente ante una obra sorprendentemente bella y delicada, oculta, escondida bajo una capa de estuco y pintura intrusa, que el propio restaurador- director de “El Parteluz”, quien con palabras emocionadas nos desvela la impresión ante tan particular hallazgo. 

Siempre he pensado, nos dice Pablo Nieto, que lo más interesante de la profesión de restaurador de obras de arte es poder estar sentado cerca de cuadros, esculturas, piezas de gran valor seguramente en la misma posición y con el mismo punto de vista que tuvo el artista al crearlas, y sintiendo esa magia que desprende cada pieza de una manera personal e íntima. A veces, sientes esa soledad del autor, o lo imaginas dando una pincelada certera para situar una boca, una pestaña en el rostro de un Cristo cuyo cuerpo cae desmadejado en brazos de una Virgen que lo sujeta al pie de la Cruz. 

Durante meses, día a día, mi equipo de El Parteluz y yo mismo hemos ido recuperando la obra de Juan de Borgoña, milímetro a milímetro, oculta bajo otra pintura de escaso valor artístico en la iglesia de la Santísima Trinidad de Alcaraz. Y así fueron apareciendo trazos, colores, líneas de dibujo y mínimos detalles que durante casi tres siglos habían enmascarado la obra de aquel maestro que introdujo en España las ideas plásticas del Renacimiento frente al Gótico reinante. Desde mi lugar en el taller, a veces levantaba la mirada de la obra que tenía entre mis manos, y veía a los otros restauradores trabajando delante de las tablas, y no podía dejar de pensar que, hace más de quinientos años, Juan de Borgoña y su equipo habitaban un espacio similar y que la escena, que ese rostro, ese tejido, ese pan de oro que estábamos devolviendo a la luz tuvo delante a otras personas que lo estaba creando, y que ahora era nuestra misión hacerlo aparecer después de siglos de oscuridad. 

Estos días, en los que se muestra el trabajo realizado en mi taller durante el último año y medio, junto con otras obras de Juan de Borgoña, siento que este ha sido un largo camino, lleno de desafíos, pero también repleto de satisfacciones. Ahora, en los descansos de este penúltimo paso de las tablas y las esculturas antes de volver a Alcaraz, paseando por las calles de Toledo, es inevitable imaginar cómo sería la vida en esa época, muy al principio del siglo XVI, cuando en alguno de los espacios entre calles estrechas, se encontraría un taller de pintura, dirigido por aquel maestro, lleno de ideas que había conocido en Italia y que quería trasplantar a los altares españoles, a los retablos de iglesias y catedrales, trayendo ese Renacimiento, con nuevas ideas sobre el Arte, recién aprendidas en Italia , en la que iniciaba perspectivas, creaba espacios entre figuras, retrataba a personas dentro de las composiciones o disponía paisajes tras la escena principal. El Quattrocento iniciaba su camino en Castilla-La Mancha de la mano de este gran artista a principios del mil quinientos. 

Dados los retablos documentados en estos años, sabemos que su producción fue amplia en nuestra Comunidad Autónoma. Desconocemos si las obras descubiertas en Alcaraz se realizaron en el taller de Toledo, o los artistas (discípulos aventajados, cuanto menos) viajaron allí mismo a ejecutarlas acompañados por el maestro. Parece muy complicado que un retablo de esas dimensiones y peso fuera trasladado desde Toledo en carros. Pero, es lo cierto, y así consta en los archivos de la época investigados por los historiadores, que Juan de Borgoña cobra este retablo desde 1503 en adelante y que así queda reflejado en el libro de fábrica de la Iglesia de la Trinidad de Alcaraz. Ahora que hemos podido estudiar de cerca las pinturas de las tablas, hemos llegado a la conclusión de que ciertos espacios y muchos de los rostros que aparecen en las obras son de tal calidad que no pueden haber sido pintados por un discípulo, a los que quizás se les encargó alguna zona de menos responsabilidad, sino que fueron realizadas por el mismo Juan de Borgoña.

Está claro, que allá en 2014, cuando realicé las primeras catas de limpieza y supe que las obras podían estar allí, nunca imaginé que podrían recuperarse, ni que estábamos ante una obra tan poderosa como ahora podemos ver en el Museo de Santa Cruz de Toledo y posteriormente en la iglesia de la Santísima Trinidad de Alcaraz. Es cierto que las obras se encontraban heridas por el paso del tiempo, por el fuego que las atacó al menos en dos ocasiones, y por las sucesivas acciones del hombre sobre ellas sin seguir ningún criterio conservacionista. Y es cierto que hemos luchado para que esa huella quede de manifiesto tras la restauración, pero lo más importante es que hemos podido recuperar primero las obras tal y como se encontraban justo antes de repintarse, y luego hemos procedido a su restauración siguiendo los criterios actuales de conservación y restauración de obras de arte, poniendo en valor de nuevo un patrimonio de primer nivel artístico de Castilla-La Mancha que ya está siendo objeto de numerosas investigaciones en todo el país. 

En esta exposición, se muestran esos trabajos, que han supuesto la recuperación de las ocho pinturas sobre tabla y dieciocho de las esculturas del retablo. Junto a ellas, pueden apreciarse otras importantes piezas de Juan de Borgoña que han prestado diferentes instituciones de toda Castilla-La Mancha: las ocho tablas del antiguo retablo del convento dominico de Carboneras de Guadazaón, actualmente conservadas en el Museo Diocesano de Arte Sacro de Cuenca; y sendas piezas de la Colegiata de Pastrana (Guadalajara), parroquia de Santa María de Illescas (Toledo), Catedral de Toledo y museo de Santa Cruz de Toledo, proveniente esta última de la iglesia Colegial de Santa María de Talavera de la Reina. La extraordinaria oportunidad de poder mostrar la totalidad de este espectacular conjunto de piezas, y la posibilidad de confrontarlas con otras de este autor provenientes de otras tres provincias de la actual comunidad autónoma, gracias a la generosidad mostrada por sus propietarios, han dado como feliz consecuencia esta muestra, la primera que se ha organizado solo con obras realizadas por el que es considerado como uno de los más importantes artistas españoles del primer Renacimiento: Juan de Borgoña.

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