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“Pronto terminará todo”: publican las despedidas de presos del franquismo y las respuestas de familiares 80 años después

Carta de despedida de Bonifacio, un preso en Madrid, en julio de 1941

Alicia Avilés Pozo

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Desde las cárceles de diferentes puntos de España, miles de represaliados y represaliadas que luego fueron ejecutados durante y después de la Guerra Civil escribieron sus últimas palabras dirigidas a sus familiares y amigos. Nunca recibieron respuesta. O si alguna pudo atravesar los muros de esas prisiones, nunca llegó a sus manos, porque las personas que debían leerlas ya habían sido asesinadas. Pero muchos de esos testimonios en papel fueron custodiados por sus hijos, nietos, amigos y conocidos y han llegado hasta nuestros días. Ocho décadas después, ellos y ellas las responden. Ya nunca las leerán pero son una forma de rescatar para la memoria histórica sus últimos momentos.

Memoria y Libertad, asociación de familiares de personas fusiladas por el franquismo, ha lanzado junto a la editorial L’Encobert una campaña de micromecenazgo para acabar de restaurar y publicar las cartas de despedida de algunas víctimas de la dictadura.

Aunque han pasado más de 80 años de estos asesinatos, sus familiares las contestan una a una en ‘Las cartas de la memoria’, un libro en el que Tomás Montero y otros miembros de Memoria y Libertad llevan trabajando más de 20 años. Ahora han recibido también una ayuda estatal para finalizar su proyecto.

Este colectivo ha adelantado a elDiarioclm.es parte de todo este material de memoria, sobre todo el relacionado con las cartas de despedida, muchas de ellas procedentes de presos y presas castellanomanchegas. Salustiano de la Fuente Rodríguez, nacido en Camarena (Toledo), maestro y afiliado al PSOE y a UGT. Fue detenido en Madrid el 13 de abril de 1939 y enviado a la cárcel de Santa Engracia, “Las Pastoras”, y posteriormente a Porlier. Fue fusilado el 7 de noviembre de 1939 junto a las tapias del Cementerio del Este. Tenía 46 años.

Y también destaca el caso de Aurelia Maestro-Muñoz, natural de Mora (Toledo), vecina de Madrid y fallecida en julio de 1941 en la cárcel de Ventas, con 50 años. Esta es parte de la transcripción del contenido de una pequeña libreta cosida y preparada por ella misma como regalo de cumpleaños a su marido. La conservó su nieto Agustín Morales.

“Cuando metida en mi celda / y acostada en mi petate / recuerdo nuestro cariño / soy feliz en ese instante.

También recuerdo esos días / que todos juntos con padre / vivíamos tan felices / ¡qué horas tan inolvidables!

 ¿Volverán, yo me pregunto? / Si Dios quiere no muy tarde / un día de S. José, / día de gloria y de fiesta / cumpleaños de mi esposo / sólo en él mi mente piensa.

 En este día tan grande / poderle besar siquiera / mas tengo que conformarme / pues me encuentro prisionera.

Paloma tú que has buscado / para colocar tu nido / las piedras frías y tristes / del patio de mi presidio / llevadle felicidades / a mi esposo tan querido.“

Y este es el testimonio de Agustín Morales respondiendo a su abuela fallecida en la cárcel de Ventas:

“Recuerdo muy bien que me enteré de que mi abuela había muerto en la cárcel fascista de Ventas casi al final de la vida del general F.F. Bahamonde. Yo debería tener por entonces unos 13 o 14 años. La noticia me impactó verdaderamente y, desde ese día, el régimen fascista pasó de ser una reunión de asesinos anónimos a convertirse para mí en un conjunto de esbirros desalmados y bien conocidos que habían asesinado a mi abuela. No murió fusilada, no. Para ella y para muchas otras más se reservaba algo más sofisticado, que era morir lentamente de frío, de hambre, de enfermedad no atendida, de soledad y de pena. Lo hicieron también con Miguel Hernández, lo ensayaron con muchos otros más y hasta se fijaron en las depuradas técnicas de exterminio de sus amigos alemanes nacionalsocialistas. Mi abuela murió en aquella cárcel siniestra, rodeada de sufrimiento suyo y de sus compañeras.

Mi abuela murió bajo los continuos malos tratos de las monjas gobernantas de aquel presidio de exterminio

Agustín Morales Nieto de Aurelia Muñoz-Maestro

Murió bajo los continuos malos tratos de las monjas gobernantas de aquel presidio de exterminio. Murió escuchando cada noche los disparos de los asesinatos en las tapias del cementerio del Este. Sólo tengo un recuerdo de ella. Pero es un tesoro que quiero publicar en el foro. No es una carta (como cabría esperar) reclamando justicia o exigiendo la caída del gobierno fascista ilegítimo. Es un poema de amor. Mi abuela, una mujer fuerte que se vino a Madrid en torno a 1927 desde su pueblo natal, Mora de Toledo, murió añorando a su marido y sus días juntos de libertad. Le quitaron todo entre 1940 y 1941. Pero no sólo a ella, porque también me lo quitaron a mi. Me quitaron el derecho a conocerla y a saber todo lo que me tendría que haber podido contar. Me robaron uno de esos besos de los que ella habla en su poema de amor“.

Sí murió fusilado Máximo Rodríguez Velasco, nacido el 21 de febrero de 1897 en Polán (Toledo). Estaba casado y tenía ocho hijos. Era jornalero y durante la Guerra Civil llegó a alcanzar el grado de teniente. Fue detenido y conducido al penal de Ocaña. De allí recaló más tarde en Comendadoras y en Porlier. Fue fusilado el 22 de julio de 1943 junto a las tapias del Cementerio del Este de Madrid.

Esta es la carta que le escribe su nieta Marta desde Jaén:

“Era mi abuelo, llevo algunos años (ojalá tuviera más tiempo) buscando información a través de familiares, y más sitios que una no sabe nunca si encontrara algo o no. No le conocí, lo único que sé realmente de él es lo poco que su hija más pequeña de los ocho hijos que tuvo mi abuelo, mi madre, me ha ido contando a lo largo del tiempo y los años, y en su corta memoria de su padre ya que era muy pequeña cuando lo vio por última vez vivo en la cárcel de Porlier en Madrid. El mejor recuerdo que tiene mi madre es que iba a verlo escondida por orden de mi abuela debajo del asiento del tren porque no había ni para pagar su billete, y que la cogía en sus rodillas y le enseñaba a respetar la naturaleza con un pajarito indefenso en sus manos. Qué bonito recuerdo para ser prácticamente el único que le puede quedar a una persona de casi 74 años sobre su padre ¿no? A veces, es mejor tener aunque sea único recuerdo que no tener ninguno, solo quiero dejar aquí plasmado que después de intentar localizar a mi abuelo, como ilusión de mi madre, y haber encontrado poca información (aunque seguiré), no se pueden recuperar ni sus restos para trasladarlos junto a su mujer, mi abuela, ya que la tumba donde fue enterrado solo era para diez años y, después, esos restos se trasladan a un osario común (eso dicen ellos) que en el tiempo ha desaparecido. Ese es el valor que se le da a unos muertos injustamente fusilados, así es la guerra y la posguerra, donde solo queda una mujer, en el caso de mi abuela (como tantas mujeres quedaron), con ocho hijos que sacar adelante y sin posibilidad de poder reclamar los restos de su marido por que ya tenía bastante con las bocas que alimentar.

Que nos quede el orgullo de que los nuestros fueron fusilados injustamente porque a unos solo les pilló en un bando equivocado, o porque otros aprovecharon el odio y las venganzas para hacer denuncias sin base alguna

Marta Nieta de Máximo Rodríguez Velasco

No se podrán recuperar los restos de mi abuelo ni de otros miles (ojalá que todos llegaran a recuperarse) pero, al menos, que nos quede el orgullo de que los nuestros fueron fusilados injustamente porque a unos solo les pilló en un bando equivocado, o porque otros aprovecharon el odio y las venganzas para hacer denuncias sin base alguna. Solo me queda decir una cosa: Las guerras no son justas para nadie y creo que nunca hay ganadores ni perdedores, solo vencidos. Y esos, son solo los muertos, el resto sigue con la vida y con eso ya se vence, pero al menos démosles lo que realmente merecen, un recuerdo honrado y una memoria digna por haber sido víctimas de las mayores injusticias cometidas en España. Y, si como dicen en algún sitio los muertos descansan de verdad, solo puedo decir a mi abuelo, GRACIAS por haber existido aunque tu existencia fuera corta, ya que sin ti mi madre no estaría recordándote y, por supuesto, yo no estaría aquí diciendo no puedo recuperar tus restos pero sí honrar la memoria de alguien que fue mi abuelo aunque se me negara el derecho a conocerlo como nieta.

P. D.: Las heridas cicatrizan pero siempre queda una huella, la historia es historia, pero hagamos que esa historia no se repita nunca más, NO a las guerras“.

Otro de los extractos de despedida más emotivos que se incluirán en 'Las cartas de la memoria' es este párrafo de Licinio Morales:

“A mi queridísima Leonor: Nadie como tú sabe el bien que siempre quise hacer por la humanidad. Siento morir sólo por ti, madre de mis hijas y esposa querida”.

Este es el texto de otra de las cartas de despedida:

“A mi querida esposa Raimunda: Me apena mucho escribirte esta carta pero no tengo más remedio. Dentro de unos instantes, seguramente de unas horas, terminará todo”.

Por otro lado, el libro también incluirá las respuestas que las hijas, nietos, hermanas o sobrinos siempre quisieron darles. Un ejercicio de “sanación personal que han tenido la generosidad de compartir con nuestra sociedad para alertarnos de los peligros del fascismo y de la intolerancia”, afirman desde la editorial. Pero, sobre todo, para que “las voces de estos héroes y heroínas de la libertad no se apaguen en el olvido”.

El álbum, en tapa dura, contará con una lujosa edición a todo color que incluye datos biográficos de las víctimas, imágenes de algunos de sus objetos más representativos (como unas zapatillas bordadas en forma de mariposa por Martina Barroso, una de 'las Trece Rosas') o viñetas realizadas por los presos explicando con humor su día a día.

La edición ampliará la información documentada con el análisis de expertos y expertas en memoria democrática. También incluirá otro tipo de materiales ilustrativos como postales, dibujos y viñetas realizados por presos y presas durante el franquismo que también suponen un testimonio de su vida entre rejas.

El trabajo formará parte de la colección de Llibres de l’Encobert, una editorial valenciana comprometida con la memoria histórica y la justicia social, que el año pasado rescató el cuento que un grupo de presos antifascistas dibujó y escribió para que un niño de 5 años tuviera regalo de Reyes en 1944. Anteriormente, demostró la corruptela de un sacerdote franquista y el director del Museo del Prado para apropiarse de un importante cuadro del XVI y culpar de su desaparición a un republicano. Se puede participar en la campaña a través del siguiente enlace: https://vkm.is/cartasdelamemoria.

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