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CV Opinión cintillo

¿Por qué elegir valenciano?

3 de mayo de 2026 00:00 h

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A partir del próximo 7 de mayo y hasta el 18 de mayo a las 10:59 h se abre el periodo de admisión en los centros de infantil y primaria. Cuando matriculéis a vuestros hijos o hijas no solo estaréis solicitando plaza en un centro. A partir de este año, y mientras tenga vigencia la Ley 1/2024 de 27 de junio (la ley que “regula la libertad” educativa), además del colegio, debéis elegir si queréis que vuestro hijo aprenda más o menos valenciano; debéis elegir si queréis que sea más o menos competente en lenguas.

Sé que esto puede sonar capcioso. Al fin y al cabo, solo os piden que marquéis vuestra preferencia lingüística: valenciano o castellano. ¿Qué problema puede haber con eso? Si la niña prefiere leer y jugar en castellano… Si la vida que la rodea está en castellano o si sencillamente quiero marcar el castellano, ¿por qué demonios no lo voy a elegir? ¿No serán algunos maestros y familias politizadas las que no dejan de ver problemas y exageraciones donde no los hay?

La idea de elegir suena atractiva, y más aún si la elección se disputa entre dos lenguas tan diferenciadas en la sociedad. Diferenciadas (que no diferentes) en su presencia y legitimidad: el castellano es omnipresente e incuestionable; el valenciano lucha por tener espacios y carga con una serie de prejuicios que lo problematizan: que si es una lengua impuesta, que si es local y restringida, que si tiene esta pega o esta otra... El castellano es una lengua hegemónica; el valenciano es una lengua minorizada. He aquí la primera gran trampa: ofrecer la ilusión de libertad entre lenguas de distinto estatus.

Imaginad ahora a una familia estándar de los años 50: el hombre trabaja en el campo, la mujer cuida de la casa y la familia. Tienen dos hijos: niño y niña. Los padres eligen “libremente” el rumbo de sus vidas. Con sacrificios, pero convencidos del valor de la educación, envían al joven a la universidad y a la mujer... le buscan un buen marido o esperan que lo consiga. En aquella época eso era normal y parecía una elección libre. Pero no lo era, porque la desigualdad entre géneros era abismal y cuando hay desigualdad no se puede elegir en libertad.

La ley que “regula la libertad” educativa se basa en el mismo principio. No da a elegir entre inglés y castellano o entre matemáticas y conocimiento del medio. Pero deja que las familias opten entre dos lenguas en clara desigualdad social. Además, la elección individual no garantiza la plaza porque los grupos se constituyen por mayorías. Si en tu centro no hay un grupo suficiente que vote lo mismo que tú, tu “libertad” valdrá de poco. Y si tienes la suerte de encontrar vacante en la lengua elegida, la ley regula que esa lengua no pueda tener más de un 52,5% de peso vehicular.

Pero a pesar de las trampas dialécticas y porcentuales, la mejor opción es elegir valenciano. ¿Por qué? Hay motivos para todos los públicos. Para empezar, está comprobado que si la lengua minorizada tiene más peso el alumno aprende más y mejor esa lengua sin perder competencia en la hegemónica. En otras palabras: si elegimos valenciano aprendemos dos lenguas y si elegimos castellano, aprendemos una. Podríamos analizar estudios que avalan esta teoría (hay muchísimos) o buscar testimonios de gente que ha estudiado en valenciano. Pero no hace falta molestarse tanto.

Fijémonos en los niños y niñas educados en valenciano: ¡todos ellos hablan valenciano y castellano! No siempre ocurre lo mismo cuando la única lengua de casa es el castellano. En esos casos, cuando el valenciano no se habla en casa, hay familias que optan por regalárselo a sus hijos a través de la escuela. ¡Qué acto de amor más bonito es regalar una lengua! No conozco a nadie que se haya arrepentido de hacerlo.

Es un regalo maravilloso siempre. También para los hijos de familias valenciano hablantes que dominan más o menos el valenciano escrito. Yo lo hice con mis hijos. Sabía que era la mejor opción. Elegí la escuela del pueblo de al lado porque tenía una línea en valenciano (un millón de gracias a mi madre, que tuvo que hacer de taxista una buena temporada). Les compré libros y más libros en valenciano, buscaba películas en catalán, campamentos, música y actividades en valenciano… Todo en valenciano, absolutamente todo lo que estuvo de mi mano. Aprendieron a leer y escribir en valenciano y en castellano, y aprendieron a amar las lenguas, nuestro patrimonio histórico y las culturas.

Al final, no se trata de qué lengua elijáis para vuestros hijos, sino de cuántas queréis que aprendan. Cada lengua aporta nuevas conexiones neuronales que hacen el cerebro más eficiente. Pero, sobre todo, nos da una llave extraordinaria para conectar con la gente que tenemos cerca y formar parte de ella con mucha más intensidad. Marcando el valenciano hacéis un regalo a vuestros hijos que no se puede sustituir con dinero. Un regalo tan grande como la educación que aquellos padres de antes ofrecen ahora también a su hija.

*Rosanna Martínez Ferrándiz

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