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CV Opinión cintillo

Hectáreas

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Hablamos de hectáreas y, con frecuencia, no sabemos el alcance de la palabra. Está fuera del sistema métrico, y ya sabemos que lo que está fuera del sistema nos cuesta de entender. Tenemos claro lo que es un metro cuadrado, y un decámetro también cuadrado, unidades que miden superficies, pero ¿una hectárea?

Para facilitar las cosas recurrimos a la comparación. Una hectárea equivale aproximadamente a dos campos de fútbol. Ya está, si hablamos de fútbol todo es más comprensible; ya me hago una idea, me dicen. Asunto resuelto.

Pero nos equivocamos. Si abrimos bien los ojos sabremos que no es solo una unidad de superficie, es una unidad de vida, una manera de medir nuestra capacidad racional, esa que escasea.

Las hectáreas de bosques quemados no son solo superficie, llevan consigo la destrucción de especies de todo tipo, de sustrato, de alimento, de sombra. Las bandadas de pájaros huyen dejando atrás sus nidos-hogares (¿les suena?). Se queman las madrigueras, los escondrijos, la tranquilidad de los animalillos, incluso insectos, incluso reptiles. Todos seres vivos asustados.

En la tele salen humanos tratando de rescatar animales domésticos, el ganado, las mascotas, los caballos. Su condición de proximidad a hombres y mujeres les salva la vida. Los otros, los que llamamos salvajes, no tienen escapatoria. En el incendio es cuando la hectárea se convierte en una medida de dolor, de muerte, de desolación, de tristeza, incluso de rabia, incluso de desesperación.

¿Cuánto le duele este incendio?, pregunta el doctor. Me duele cinco mil hectáreas. Pues tome estas pastillas tres veces al día. Tienen miligramos de responsabilidad, de compromiso, de acuerdo. Tienen una parte de mirada a largo plazo y otra de presente. Tienen inversión, solidaridad, respeto, conciencia y, sobre todo, tienen un manual de instrucciones largo que tiene que leer completo, hasta el final. También tienen contra indicaciones, no crea. No las puede tomar si afirma que la tierra es plana, ni si argumenta que aquello de los dinosaurios lo explica todo. Tampoco si prefiere creer en Adán y Eva, como el origen de nuestra especie, ni si está convencido de que dios creó la tierra en siete días para luego descansar. Mucho menos, desde luego, si prefiere a los toreros antes que a los bomberos. Más allá de creencias e incredulidades, usted sufre negacionismo.

¿Eso es grave? Sí, la verdad, pero tiene cura, no se asuste. Para ello tiene usted que volver a la escuela, a la ciencia, al aprendizaje, a la lectura de los sabios, a aquello del equinoccio y el solsticio. Tiene que respetar las instituciones y creer en los servicios públicos. Es comprensible que quiera cuestionar el sistema, es lógico reformarlo y mejorarlo, en eso estoy con usted, de verdad, pero si lo hacemos desde la rebeldía, no desde la insensatez, desde la crítica y el progreso, no desde la intransigencia y la vuelta al pasado. Si actuamos desde la ciencia y no desde la superstición, desde el debate y no desde la obsesión anclada en ideas propias de la ignorancia.

En ese manual de uso y disfrute del planeta está la clave. Ya sabe, a lo que hagamos hoy, nos contestará el mañana, igual que una digestión responde a lo que ha comido usted antes. Solo así las hectáreas se convertirán en medidas, pero preventivas. No es difícil de entender.

¿Lo intentamos?

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