‘Trilerismo’ urbanístico

Hace poco que cayó un símbolo de la defensa de la huerta. La alcachofa sangrienta del Forn de Barraca recordaba que l'Horta és Vida a cada coche que llegaba a Valencia por la V-21. Además, lo hacía con una dosis de cinismo difícil de digerir, el mismo día que millones de jóvenes nos convocaban a las calles para frenar la emergencia climática y haciendo un llamamiento al hecho de que sea la razón la que se imponga al crecimiento mal entendido. Desgraciadamente, no será la última vez que la huerta y su patrimonio centenario se encuentren en minoría.

En los últimos meses hemos visto cómo el PSOE rescataba un plan urbanístico del PP que amenaza con la destrucción de 264.000 metros cuadrados de huerta productiva. Y además, para defender esta aberración urbanística argumentan con ideas propias del ‘trilerismo’... "¿Dónde está la pelotita?".

El urbanismo del pueblo se tiene que estudiar y entender en conjunto. Quabit empezará a construir 500 viviendas en Port Saplaya para condonar una deuda que nos dejó el gobierno municipal del PP como regalo de despido. Obviar esto de los cálculos de crecimiento de la población es una trampa en la que no tenemos que caer. Si además añadimos las casi 2.000 viviendas vacías que hay en la actualidad en Alboraia, la realidad empieza a ser otra. Y todavía queda más... La población de Alboraia ya no crece como hace 20 años y, en la actualidad, apenas aumenta en 200 personas cada año. Con todo esto, la planificación urbanística del PSOE nos hipoteca a más de 40 años de casas vacías... "Ya ha aparecido la pelotita".

Y, continuando con el cinismo, nos proponen construir el parque Feria de l'Horta, de 25.000 metros cuadrados, donde podemos esperar ferias de promoción de la agricultura, de los productos de lo que quede de huerta o exposiciones de tractores y útiles de cultivo. Sin olvidar la ampliación de un polígono que, a estas alturas, se encuentra en una situación de abandono evidente, sin ningún tipo de proyecto. Cuando tienes una cosa que no funciona, hacerla más grande no parece una buena idea. Probablemente sería un buen camino reconducir la zona industrial actual hacia usos terciarios y orientar la actividad industrial a las necesidades de quien trabaja la huerta.

Y todavía tenemos que escuchar, una y otra vez, el argumento de que todo esto es legal. ¡Solo faltaría! Me cuesta entender que alguien que dedica parte de su tiempo a hacer política diga cosas así. ¿Cuál es nuestro papel? Hacer política es mucho más que cumplir la ley, es entender una realidad social y medioambiental como la presente. Y evidentemente, proponer exprimir hasta el último milímetro de huerta que acepta la normativa también es hacer política: es la misma política que ya hemos visto durante demasiados años y que no queremos que vuelva.

Afortunadamente, el vecindario de Alboraia ha tenido claro desde el primer momento que no apostaría a encontrar la pelotita debajo de los vasos. La presión ciudadana, de los movimientos sociales y de la oposición ha conseguido parar el Plan y forzar un proceso participativo que dé fruto a un proyecto de pueblo más consensuado y que cuenta con las personas que vivimos. Claro que hay que resolver las necesidades del pueblo: un nuevo instituto, un espacio digno para el CEIP Ausiàs March o un acceso al núcleo de Patacona que no suponga jugarse la vida por el camino Fondo. Pero hagámoslo con sentido.

Declarar la Emergencia Climática no es ningún eslogan para hacer camisetas. Tenemos que entender que las políticas que hacemos ya están condicionadas y tienen que evitar el impacto irreversible que tenemos en el entorno. No vale esconderse detrás de la legalidad y esconder la pelotita.

*Carles Esteve, diputado de Compromís en las Corts

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