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Beltrán, un poeta salvado por las palabras que superó el covid con metáforas

Beltrán, un poeta salvado por las palabras que superó el covid con metáforas
Segovia —
9 de abril de 2021 14:07 h

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Segovia, 9 abr (EFE).- El poeta y 'nombrador' Fernando Beltrán fue ingresado por coronavirus en marzo de 2020 y se recuperó apoyado en las metáforas y las palabras en cuyo poder había creído toda su vida, una experiencia que ha inspirado su último libro y comparte con otras personas que, como él, sintieron que les escapaba la vida.

“Fui enfermo grave en el hospital y a mí las palabras me ayudaron muchísimo”, relata Beltrán (Oviedo, 1956) en una entrevista con Efe durante una visita a Segovia para inaugurar la exposición “Palabras que nombran. Diseños para leer” y protagonizar una conferencia en sobre su oficio de 'nombrador'.

“Yo siempre he sabido que la poesía es útil, si no, no sería poeta”, comenta Beltrán, quien opina que esta función radica en que “todos tenemos fríos parecidos, dudas parecidas, miedos parecidos... y al mismo tiempo ilusiones y cajoncitos del alma y bufandas parecidas”.

Pero lo que le pasó mientras estaba ingresado grave por coronavirus no lo podría haber imaginado nunca: El poeta recuerda que una de las peores noches en el hospital, vio entrar por la ventana la primera claridad del día y de repente escribió en su cabeza lo versos “Nunca / la luz del día / tanta luz” que no eran más que “una celebración, un agradecimiento” por una nueva jornada.

Estas y otras revelaciones están recogidas en su nuevo poemario, “La curación del mundo”, en el que expresa cómo uno se puede “agarrar a las metáforas” y convertirlas “en una tabla de salvación”, algo que después ha sabido que comparte con otras personas que han pasado esta u otra enfermedad.

Ejemplo de ello es otro episodio de su estancia en el hospital en el que vio posarse un mirlo sobre su ventana: “Era un mirlo negro, deshilachado, al que la vida parecía que no lo había tratado muy bien”, señala Beltrán, a quien aquella ave le hizo sentir “un presagio horroroso” del fin de su propia vida.

“Y de repente el mirlo ¡plaf! se da la vuelta y le veo el pico naranja impoluto, impecable, precioso, casi como metálico, señalando para un lado... y me agarré a esa metáfora convertida en palabra, y dije 'mira, me esta señalando que hay un camino, que hay salida'”, relata el poeta.

Algo parecido le ocurrió al pensar aquellos días en sus héroes de la infancia como el ciclista Vicente López Carril, del que rescató una antigua foto en la que se ve al deportista subiendo una montaña con un gesto de gran esfuerzo para tenerla cerca del él en el hospital a modo de inspiración.

“Yo me agarraba a los hierros de la cama como si fuera el manillar de una bici y era como 'venga, Fernando, tira para adelante, vamos a salir de aquí”, rememora el filólogo.

Después de escribir este libro, ha recibido cartas y comentarios del público, que le manifiesta experiencias parecidas, como un hombre que, cuando estaba muy enfermo, escuchaba por las noches un grifo mal cerrado, del que caían gotas muy despacio, sin parar.

“Pensó lo que me había pasado a mí con el mirlo, que se moría, que se agotaba... y de repente, no sabe qué le pasó, me contaba este señor, que le dio la vuelta y, una noche que lo estaba escuchando dijo 'no, no es que me estoy agotando... es que todavía hay agua, todavía hay esperanza, ¡Hay vida!'”, explica Beltrán.

Esta “creencia en las palabras” la ha tenido el autor toda su vida, desde que con diecisiete años le dijo a sus padres que quería ser poeta hasta que con treinta fundó el primer estudio de España dedicado a la identidad corporativa, que no es otra cosa que “poner nombre a las cosas”.

A lo largo de toda su trayectoria, además de escribir más de treinta libros, Beltrán ha dado nombre a más de 700 empresas, proyectos o ideas como 'Rastreator', 'Amena', 'OpenCor' o 'La Casa Encendida' y ochenta de ellos forman parte de una muestra disponible en el centro cultural La Alhóndiga de Segovia hasta el 6 de junio.

A su paso por Segovia, también esta semana ha pronunciado una conferencia en la Casa de Lectura acerca de la evolución de esta profesión desde los años ochenta, cuando fue pionero mientras todo el mundo le decía que “en España nunca nadie pagaría por un nombre” hasta ahora, cuando su estudio cierra contratos por valores que van desde los 3.000 hasta los 15.000 euros.

Laura López

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