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40 años de ‘Re-Animator’, el Frankenstein chiflado que nos enseñó lo divertido que es el gore

Jeffrey Combs es Herbert West, reanimador

Alberto Corona

4 de enero de 2026 22:24 h

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Los planos más memorables del Frankenstein de Guillermo del Toro hallan al protagonista experimentando con cadáveres en su laboratorio. Cuerpos mutilados, luego desechados, que proceden de los estratos más pobres de la sociedad e ilustran un rasgo central del personaje: su desprecio por la vida humana. Estos cadáveres, junto al cameo de Santiago Segura como uno de tantos candidatos a conejillo de indias, conectan a varios niveles con la saga Re-Animator, la película gore dirigida por Stuart Gordon que se convirtió, hace 40 años, en un título de culto gracias a su gore desprejuiciado. Su protagonista, Herbert West, es otro científico loco que necesita carne muerta para sus experimentos. Y Segura aparece asimismo en Beyond Re-Animator, porque la tercera entrega se rodó en España. 

Hay más. West, interpretado por Jeffrey Combs, estaba obsesionado con devolverle la vida al cuerpo muerto, y sus experimentos conducían a un delirante festival de sangre e imaginativos efectos especiales en el filme inaugural de Stuart Gordon. La primera Re-Animator fue un éxito en 1985, así que el productor Brian Yuzna tuvo una idea ocurrente de cara a la secuela, que pasaría a dirigir él mismo. Consciente de las semejanzas entre West y Frankenstein, tituló a esta segunda parte La novia de Re-Animator: un guiño a la secuela de Frankenstein que James Whale había dirigido en 1935, y que había titulado La novia de Frankenstein

Aun así, John Tones no está seguro de que Yuzna fuera consciente del todo de cuánto se parecían ambas historias. “Quizá no viera más conexión que lo de los cadáveres, pero fue suficiente para titular así a la secuela queriendo homenajear al filme de Whale antes que a la novela de Mary Shelley”. Tones, periodista cultural, publicó el ensayo Empire: El cine de Charles Band (Applehead Team) en 2018 con un espacio privilegiado para Re-Animator. Bien puede ser la película más popular en la historia de la Empire —productora especializada en cine fantástico de bajo presupuesto—, y su conexión con esta novela es obvia. “Herbert West y Frankenstein están relacionados desde el momento en que su intención es trascender la muerte y ponerse a la altura de Dios”. Mientras que Frankenstein quería crear vida, West ansiaba devolvérsela a los cadáveres.

“También está la obsesión de Herbert West por ‘puentear’ a las mujeres”, explica Tones para elDiario.es. “Es un misógino recalcitrante y eso lo comparte con Frankenstein, que no era exactamente misógino pero también lidiaba con este subtexto de ‘no necesitamos a las mujeres, vamos a hacerlas prescindibles logrando lo único que pueden hacer que como hombres somos incapaces de replicar: dar a luz’. De un modo involuntario, es en la misoginia donde dialogan ambos personajes”. Por muy omnipresente que parezca Shelley en este contexto, sin embargo, la creación de West es responsabilidad de otra figura fundacional del terror: H.P. Lovecraft.

Lovecraft se revuelve en su tumba

Y es algo que sorprende bastante. Si bien Re-Animator fue de las primeras películas en proclamar abiertamente, desde los créditos, que se basaban en la obra de Lovecraft —antes solo habíamos lidiado con inspiraciones veladas, o adaptaciones directas muy poco conocidas—, su tono de comedia bufa no encaja con la estética que solemos asociar a este escritor estadounidense. La solemnidad, las descripciones ominosas, los gestos oníricos… hay poco de eso en Re-Animator.

“Si Lovecraft hubiera visto Re-Animator se habría quedado horrorizado”, reconoce Tones. “Él odiaba el sexo explícito, el humor chusco o la violencia directa”. La cuestión es que Re-Animator adapta una obra poco representativa de la obra de Lovecraft: la antología de relatos Herbert West, reanimador, aparecida entre 1921 y 1922 en una revista amateur como favor personal para un amigo del escritor de Providence. “Estos relatos no son los típicos de Lovecraft pues buscan ser satíricos. Sabemos, por su correspondencia, que Lovecraft tenía sentido del humor, pero no era algo que acostumbrara a incorporar en su obra”. Herbert West, reanimador fue la gran excepción.

Fotograma de 'La novia de Re Animator' (1990)

“A él mismo no le gustaban demasiado”, apunta el periodista, “pero lo cierto es que Re-Animator sí adapta bastante bien estos relatos. No tanto argumentalmente, ya que la primera es un batiburrillo de varios relatos de Herbert West, sino en espíritu”. En cualquier caso, Re-Animator nació como uno de tantos proyectos de la Empire: con poco dinero y mucha menos vergüenza. En su ensayo, por otra parte, Tones destaca lo extraña que sigue siendo Re-Animator incluso dentro de este marco, al haberse materializado a través de varias y muy distintas visiones creativas. La de Charles Band, productor caradura que tres años después de Re-Animator tuvo que cerrar la Empire —para fundar a continuación Full Moon, en activo a día de hoy—, dista de ser la más decisiva.

Band nos sigue interesando aun así porque su hermano, Richard Band, compuso la banda sonora y le dio a Re-Animator otra de sus señas de identidad: un tema central que, al plagiar sin descaro la música de Psicosis, ya daba cuenta del ánimo humorístico del filme. De todas formas, e incluso antes que los extraordinarios efectos especiales de John Naulin o la chalada interpretación de Jeffrey Combs como el doctor West, hay que destacar la mano de Stuart Gordon y Brian Yuzna. Gordon como director llegado del teatro experimental —un bagaje que supo aprovechar para darle a Re-Animator su cualidad de farsa hipnótica— y Yuzna como un cineasta en ciernes que, tras producir Re-Animator, llegaría a constituirse como una figura esencial del subgénero.

Pero, ¿cuál ese subgénero? Tones cree que la clave para definirlo está en una escena de Re-Animator, cuando West reanima a un gato muerto. Como el gato tiene rotos todos los huesos del cuerpo, al ser reanimado es incapaz de moverse y de hacer nada que no sea gritar de dolor. “Es entre divertido y completamente espantoso, y es el lugar que habita Re-Animator”. Una violencia tan extrema que resulta graciosa, y que estira el splatter —ese terror sangriento que hoy cultiva la saga Terrifier, por ejemplo— hasta convertirlo en splatstick. La mezcla de splatter con slapstick, comedia física exagerada. La importancia de Re-Animator se cifra en haber hecho del gore algo cómico.

“La mezcla del gore con la comedia surge de forma natural porque el gore ya tiene algo de vodevil, del teatro del grand guignol”, razona Tones, “y en el cine podemos rastrear tres patas: la saga Posesión infernal (en especial Terroríficamente muertos), el primer cine de Peter Jackson (con Braindead: Tu madre se ha comido a mi perro) y, claro está, Re-Animator”. Al igual que otra ramificación como sería la Troma —de cuya El vengador tóxico tuvimos remake en 2025—, hablamos de fenómenos surgidos durante los años 80, alrededor de Re-Animator.

Santiago Segura en 'Beyond Re Animator'

“Sam Raimi (director de Posesión infernal) y Jackson buscaban una conexión entre la comedia física del cine mudo y el terror, como si los trompazos de Buster Keaton tuvieran consecuencias reales y sangrientas”, prosigue Tones. “Pero lo fascinante de Re-Animator es que surge de forma espontánea, no puedes rastrear de dónde viene”. En vista a cómo evolucionó la carrera de Yuzna, quizá habría que anclarlo en gran parte a su responsabilidad exclusiva. Lo que se dice un visionario.

De la Empire a la Fantastic Factory

Re-Animator hizo dinero e incluso gustó a la crítica especializada. Suficiente como para que Yuzna y Gordon quisieran repetir la jugada en 1986 con Re-sonator —una suerte de hijo bastardo de Re-Animator donde repetía parte del reparto y también se adaptaba a Lovecraft— y más tarde, con la Empire clausurada, se hiciera lo posible por montar una secuela directa. La entente creativa Yuzna-Gordon estaba en su mejor momento y había sido capaz incluso de venderle un guion a Disney: el resultado, Cariño he encogido a los niños (1989), es una de las mejores producciones de acción real desarrolladas por la Casa del Ratón. 

Gordon dejó aun así que Yuzna le reemplazara como director, y La novia de Re-Animator tomó forma paralelamente a otro gran hito del splatstick como es Society (1989): un clásico de culto que se anticipó, de la forma más viscosa posible, a las sátiras contra las clases privilegiadas que impulsaría Parásitos décadas más tarde. La novia de Re-Animator —estrenada directamente en vídeo en 1990— no tenía unas ambiciones conceptuales tan amplias, pero Yuzna en tanto a flamante director supo orquestar otro delirio que llegaba a superar la escala de la primera Re-Animator

Todo gracias a una idea maravillosa y desquiciada: que Herbert West pudiera reanimar partes del cuerpo por separado, y las ensamblara para dar lugar a criaturas mutantes e indescriptibles. Vino bien contar para ello con la artesanía de Screaming Mad George (el maestro japonés de los efectos especiales bizarros), y todo confluyó en un nuevo clásico que asentó la grandeza de Re-Animator tanto como su capacidad para pervivir en el imaginario cinéfilo. Aunque ahí no quedó todo. Todavía quedaba el epílogo más pintoresco posible. 

En 1998 Brian Yuzna conoció a Julio Fernández en el Festival de Sitges, donde había acudido a presentar El dentista 2. Fernández, presidente de Filmax y productor de amplísima trayectoria —fallecido el pasado noviembre—, llegó junto a Yuzna a la conclusión de que España podía ser un buen lugar donde instalar una productora de terror de serie B. Así que dos años después ambos fundaron la Fantastic Factory, a la que Yuzna se trajo a Gordon para que dirigiera alguna película (caso de Dagon, la secta del mar… que también adaptaba a Lovecraft), y donde se forjaron cineastas a la postre tan influyentes como Jaume Balagueró y Paco Plaza.

Eran tiempos previos a [•REC] y contemporáneos al fenómeno Scream, que había generado en España su propia respuesta a través de películas estilo Tuno negro. En cuanto a la Fantastic Factory, apenas tuvo cinco años de vida, pero dio tiempo a producir una última Re-Animator. Que en 2003 dirigió Yuzna (quién si no) y trajo de vuelta a Jeffrey Combs como West para hacer de las suyas en una prisión supuestamente estadounidense… pero por la que transitaban los rostros de Elsa Pataky, Simón Andreu o un Santiago Segura con el éxito fresco de los primeros Torrente

Tones reconoce que Beyond Re-Animator es “claramente menor”, si bien comparte el cariño de parte de la cinefilia por uno de los episodios más extravagantes de la industria patria. Una industria que en última instancia no amparó la continuidad de la Fantastic Factory, si bien Yuzna había llegado a planear toda una nueva trilogía de secuelas de Re-Animator. La primera de ellas se titulaba House of Re-Animator y el planteamiento era increíble: el presidente George Bush (a quien habría interpretado William H. Macy) moría, así que a Herbert West le enviaban a la Casa Blanca para reanimarlo. Toparnos con un presidente estadounidense grotesco y descerebrado habría sido un gran clímax para Re-Animator, aunque al menos hemos podido tener algo parecido en la vida real.

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