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Incendios y argumentos “ad hominem”

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El pasado dia 20 este diario publicó un interesante artículo ( Cuando los alarmistas son los otros) del Sr. Eduardo Rojas, Decano del valenciano colegio de Ingenieros de Montes, que parece querer argumentar contra un artículo mío, publicado anteriormente, titulado Alarmistas incendiarios.

Los argumentos conviene rebatirlos (o no) con otros argumentos, pero, a ser posible, con argumentos referidos a los temas que han originado el debate y no referidos A LA PERSONA que los presentó. A la técnica de intentar desmontar los argumentos de alguien con consideraciones sobre quien los hizo, en vez de entrar a fondo en los temas a rebatir, se denomina justamente así: “ad hominem” y está caracterizada como una modalidad de las falacias más habituales.

No obstante, agradezco al Sr. Decano del Colegio de Montes el halago que me hace, dedicándome tanta atención. Lamento no poder ahora entrar a defenderme de sus múltiples insinuaciones, ya que sería muy extenso y además nos desviaríamos del objetivo, que es hablar del tema central que nos ocupa: ¿se hace o no se hace alarmismo con los incendios? y ¿qué medidas son las que debemos fundamentalmente emplear para combatirlos y, sobre todo, evitarlos? Remito a los lectores a revisar el artículo que publiqué en eldiariocv.es el 11 de agosto presente.

Me ratifico en decir que algunas personas hacen tremendismo con los incendios y esto no ayuda mucho a luchar contra el fuego ni a implicar a la población en el objetivo. El título del artículo qué soló mencioné en una nota al final, a modo de ejemplo, me parece claro exponente de tremendismo: “Incendios como bombas atómicas”.

No mencioné nombres, porque para mí esto es anecdótico y secundario, me da igual que fuese Einstein o Pepito. Por cierto dejemos a Einstein descansar en paz, debe estar harto de que todo quisqui lo saque a relucir para reforzar sus posiciones, por equivocadas o peregrinas que sean. De hecho es improcedente que se use el principio de autoridad, invocando a un prestigioso científico -que además no habló del tema-, como argumento para reforzar nuestra posición (se trata de nuevo de otra falacia, la denominada ad verecundiam). En ciencia, como bien sabemos, el principio de autoridad sirve de poco. Se trata de desmontar argumentos mediante otros mejores, simplemente. No hay dogmas ni profetas.

En la respuesta del sr. Decano no encuentro argumentos para defender que estemos ante una nueva clase de incendios virtualmente inextinguibles, ni tampoco cómo se definen o caracterizan éstos de manera científica y clara. Tampoco veo claramente expresadas las consecuencias que de ello se derivarían en la acción administrativa de prevención y lucha contra los fuegos. ¿Significa que no tenemos que esforzarnos al máximo en la prevención? ¿Significa que no debemos de incrementar y mejorar dentro de lo razonable nuestras estrategias para detectar y luchar, de la manera más temprana y coordinada posible, contra los fuegos detectados? ¿Nos sobran medios? ¿Debemos dejar que se quemen extensiones forestales porque “total, es inevitable”?

Todo gran incendio (lo caractericemos como queramos) ha sido, por lo menos durante un periodo de tiempo, un pequeño incendio que no pudo ser evitado ni controlado en su momento; y pienso que lo que hemos de hacer no es dar esto por inevitable, sino justamente lo contrario: descubrir los errores que se han producido y actuar sobre ellos para que no se repitan.

Tampoco encuentro argumentos para no seguir centrándonos sobre todo en la prevención de incendios, es decir, evitarlos en su origen, que no lleguen a producirse, o por lo menos que no pasen de la fase de foco incipiente. Sigo pensando que no podemos renunciar a este objetivo fundamental, pese a que reconozco que difícilmente los eliminaremos del todo, pero no es lo mismo tener que combatir 800 incendios anuales que 400 o 200. Y esto continua siendo un objetivo legítimo, viable y mucho más económico que otras estrategias clásicas, por no decir anticuadas, pues se basa sobre todo en la conciliación de usos, la regulación del territorio y de las actividades, una normativa clara y eficiente, la vigilancia y la disuasión. Esto implica más efectivos humanos, poca maquinaria pesada, nulos impactos negativos y puede ser útil para evitar otros daños como el urbanismo ilegal, los vertidos incontrolados, el abandono de basuras, el furtivismo, y otros daños al medio ambiente y al patrimonio común de los valencianos, a coste mucho más bajo que los grandes medios usados en extinción.

No menosprecio los incendios naturales provocados por rayos, pero siguen siendo una minoría (el propio Sr. Decano expone las cifras relativas, que son bien elocuentes) aunque su porcentaje aumentará si se consigue tener éxito en evitar los de origen humano. Los naturales no se pueden evitar pero sí que hay técnicas para prever cuando es elevado el riesgo y para poder detectarlos de manera muy temprana y actuar rápidamente sobre ellos en fase inicial. Por cierto que no se usaron en el caso reciente del incendio de Llutxent, aunque sí a posteriori para detectar focos resistentes. Creo que ya se trabaja en mejorar este aspecto y me parece lo correcto. Rectificar es de sabios.

Prevenir es eso: evitar las causas, ir a la raíz, al origen del problema; así que no sé qué tiene esto de malo. Lo que no creo admisible es que otros entiendan que la única prevención sea la de eliminar vegetación natural. Sobre todo eliminarla con maquinaria pesada, a gran escala y por todo el territorio. Tienen sentido actuaciones locales y puntuales y bien diseñadas, a la menor escala posible, siempre considerando el valor del ecosistema afectado y disminuyendo los daños sobre la vegetación y sobre todo sobre el suelo fértil (ya que el riesgo erosivo es muy elevado en nuestro territorio). Pero prevenir es evitar, no eliminar lo que deseamos salvar. Tal vez se disminuiría el riesgo de incendio o de robo en los museos vaciándolos de cuadros para que no se quemaran ni los robaran, pero entonces ya no tendríamos un museo, tendríamos otra cosa de muy inferior valor.

El Sr. Decano parece interesado en mostrarme como ignorante y anticuado. Sólo diré que soy doctor en biología, con una tesis sobre adaptaciones al clima del bosque y matorral mediterráneo, y que llevo casi 40 años dedicándome a conocer la problemática forestal valenciana, recorriendo palmo a palmo nuestro territorio y hablando y debatiendo con todos los colectivos implicados. Redacté, para la Plataforma Salvem el Bosc un ante-proyecto de Ley Forestal que fue presentado a las Cortes Valencianas en 1992 y votado por unanimidad a favor. Posteriormente fui diputado en nuestro Parlament y tuve ocasión de conocer a fondo la legislación y la administración en materia ambiental. También estuve un tiempo como asesor en la Conselleria dedicada al Medio Ambiente enterándome aún de más cosas. En fin, nunca se sabe lo suficiente, pero ignorante del todo tampoco soy.

Con respecto a anticuado ya no sé qué decir. Es un concepto bastante subjetivo y depende mucho de quién lo haga servir. Recientemente oigo decir al PP que se considera moderno y acusa a los demás de anticuados. Si la Sra. Bonig y Cospedal, si el Sr. Rajoy y Casado, (por no decir los avanzados señores Blasco, Zaplana, Rus, Fabra, Alperi, Camps, y tantos prohombres) son los modernos, yo desde luego, no lo soy.

Casi al final de su artículo, el Sr. Decano tiene una muestra de poco fair play reproduciendo unas frases mías que no figuran en el artículo que intenta rebatir y que están extraídas de otro texto, no recuerdo ahora cual, pero fuera de contexto, sin el que pierden un poco de sentido. Parece desear con esto enfrentarme con el mundo rural. En todo caso, si en esas frases se dice que la población rural valenciana está envejecida, que tiene bajo nivel de estudios y que tiene un fuerte componente conservador, no es descubrimiento mío. Me limito a recoger lo que muestran toda clase de estudios y encuestas. No es mi opinión ni mi deseo, sino hechos reconocidos de manera general, que es inútil ocultar y que no implican ningún juicio de valor. Por otra parte, provengo de una familia de llauradors, mi padre, tíos, abuelos… todos fueron labradores y también yo de joven trabajé en todas las tareas que esto implica. He recorrido el mundo rural valenciano muy a fondo y fui impulsor y más tarde secretario general de la Plataforma Rural del País Valencià (después me incorporé al Foro Ruralia), junto con la Unió de Llauradors, el Centre Excursionista de València, el Mas de Noguera y otros colectivos, sindicatos y cooperativas. Tengo un gran interés y compromiso personal en lograr un desarrollo rural realista, viable y sostenible para el País Valenciano.

Finalmente sobre el Sr. Eduardo Rojas como persona tengo poco que decir, ya que el tema que debatimos NO es personal. Simplemente diré que le considero una persona culta, inteligente, con un gran bagaje de conocimientos sobre temática forestal; prestigioso y reconocido a nivel internacional y con el cual discrepo en algunos temas… y en otros no, como los pimientos de Padrón.

            Estoy seguro que, de quererlo, podríamos llegar a muchos puntos de encuentro, por encima de discrepancias. Por ejemplo en el importante tema del sistema de pagos por servicios ambientales dirigido a propietarios forestales y habitantes del mundo rural, a partir de pequeñas tasas aplicadas a consumos contaminantes o ineficientes, en la línea de la propuesta del investigador Ricardo Almenar, y que sería fundamental para mejorar la calidad de vida de los habitantes del mundo rural y para conservar nuestros bosques sin destruirlos. También estoy de acuerdo en que se requiere una gestión forestal inteligente, aunque seguramente discutiríamos el significado de “gestión” y de “inteligente”; pero lo importante es seguir hablando y debatir argumentos,… evitando los posicionamientos “ad hominem”.

*Carles Arnal, doctor en Biología

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