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Sobre este blog

Iker Armentia es periodista. Desde 1998 contando historias en la Cadena Ser. Especializado en mirar bajo las alfombras, destapó el escándalo de las 'preferentes vascas' y ha investigado sobre el fracking. Ha colaborado con El País y realizado reportajes en Bolivia, Argentina y el Sahara, entre otros lugares del mundo. En la actualidad trabaja en los servicios informativos de la Cadena Ser en Euskadi. Es adicto a Twitter. En este blog publica una columna de opinión los sábados.

La política es sólo para los políticos

No es el primero que lo dice pero sí uno de los políticos que lo ha expresado con mayor claridad. Con motivo de la campaña contra la privatización de Kutxabank que ha emprendido el sindicato ELA –el mayoritario en Euskadi–, el presidente del PNV, Andoni Ortuzar, le ha espetado al secretario general del sindicato, 'Txiki' Muñoz, que "si quiere hacer política, se presente a las elecciones, funde su partido o se integre en Sortu". Vamos, que la política es para los partidos políticos. El resto tenemos que conformarnos con asistir al espectáculo desde la barrera de los telediarios y votar cada cuatro años.

Los comerciantes están para vender chuches y pantalones vaqueros. Los chóferes, para conducir autobuses. Los sindicatos, para negociar los convenios (y sin pedir demasiado). Y los partidos políticos están para hacer política. Detalle: de todas las profesiones, los parlamentarios son, probablemente, los que más vacaciones disfrutan, incluso más que los profesores (que en todo caso se tienen que dedicar en exclusiva a ser profesores y nada de política en su tiempo libre para denunciar recortes o leyes injustas, a no ser que monten un partido y bla bla bla). El esquema propuesto es más o menos así. Así de deprimente.

Como en el '1984' de Orwell, la 'prole' debe centrarse en currar, procrear, emborracharse, tararear canciones y odiar a quien se le sugiera que debe odiar. Los militares en Portugal tenían su propia santísima trinidad para esto: fado, Fátima y fútbol. Franco todavía iba más allá y, cínico como él solo, decía aquello de "haz como yo y no te metas en política".

Por supuesto, equiparar aquellas sangrientas dictaduras con nuestra averiada y corrupta democracia sería todo un atrevimiento, y eso a pesar de que algunos ministros actuales superarían con nota un casting del NO-DO. Tenemos, eso sí, una democracia que eructa autoritarismo cuando castiga con saña la protesta o retira a las mujeres el derecho sobre sus propios cuerpos. Y también cuando los partidos miran a su alrededor y comprueban que ya no son aquellas estrellas de antaño y se enfadan como Andoni Ortuzar.

Movimientos ciudadanos como la PAH han sido imprescindibles para provocar un debate político sobre los desahucios, que en manos de los políticos se hubiera ventilado en un par de tardes. La paralización de la privatización de la Sanidad madrileña no se entendería sin las movilizaciones de los profesionales sanitarios. ¿Y no es política que las organizaciones sociales alimenten a los españoles que el Estado no puede o no quiere alimentar? Existen tantos ejemplos como luchas y mareas.

Para influir de forma decisiva en la vida de los ciudadanos el éxito parlamentario es necesario, pero no es una condición indispensable para hacer política. ¿Por qué un sindicato, o quien sea, no puede criticar las decisiones que adoptan los partidos políticos sobre la principal entidad financiera vasca? Los políticos piden a los ciudadanos que se impliquen en política, y cuando lo hacen, les dicen que tampoco es eso, hombre, que para eso ya está la tradicional fiesta de la democracia de los votos.

Reniego de la expresión 'casta política' y de toda esa parafernalia antipolítica que cada vez tiene más adeptos, pero estas ocasiones en las que –como el presidente del PNV– los políticos se comportan como los miembros elitistas de un club victoriano ­–con humo de puro, brandy en las copas y pachorra en el sofá– no ayudan demasiado.

Ellos, los políticos, son esenciales para que no caigamos en las manos de un iluminado. Los necesitamos para solucionar nuestros problemas aunque, muchas veces, parezcan empeñarse en crearlos. Pero tienen que comprender que hay gente dispuesta a cambiar el mundo, o su barrio, sin tener que afiliarse a un partido, que hay política fuera de los partidos. Cada vez más y por mucho que les pese.

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Iker Armentia es periodista. Desde 1998 contando historias en la Cadena Ser. Especializado en mirar bajo las alfombras, destapó el escándalo de las 'preferentes vascas' y ha investigado sobre el fracking. Ha colaborado con El País y realizado reportajes en Bolivia, Argentina y el Sahara, entre otros lugares del mundo. En la actualidad trabaja en los servicios informativos de la Cadena Ser en Euskadi. Es adicto a Twitter. En este blog publica una columna de opinión los sábados.

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Publicado el
7 de mayo de 2014 - 20:43 h

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