Dortmund, 16 de mayo 2001: 25 años del momento más glorioso de la historia del Deportivo Alavés
Este sábado se cumplen 25 años, un cuarto de siglo, del momento más glorioso de la historia del Deportivo Alavés. El 16 de mayo de 2001, acompañado por más de 10.000 vitorianos en un acontecimiento que trascendió a lo deportivo y quedará para siempre en la historia de la ciudad, el equipo fundado en 1921 disputó la final de la Copa de la UEFA contra el Liverpool en el Westfalenstadion de la ciudad alemana de Dortmund. Perdió 5-4 con un gol en propia puerta en la prórroga y, salvo un 7-3 del Real Madrid en 1959, nunca ha habido una final europea con un marcador tan abultado. El equipo, ahora encuadrado en la estructura de Saski Baskonia, encara el aniversario intentando evitar el descenso a Segunda División pero habiendo rescatado la camiseta tipo Boca Juniors, solamente usada en aquella ocasión, y con algunos homenajes a la plantilla.
Aquello fue más que un simple partido de fútbol. Incluso más que el colofón a dos temporadas de grandes éxitos para un club con José Manuel Esnal, 'Mané', como entrenador y Gonzalo Antón como presidente que acabó en la UEFA de rebote, porque estuvo a punto de entrar en Champions League y solamente el Athletic Club de Bilbao lo impidió. Aquella jornada de mayo de 2001, cuando en Alemania aún se pagaba en marcos, bajó Celedón en la plaza Reinoldik, donde se habilitó una gran carpa alavesa, los gigantes de Heraclio Fournier de la comparsa de la fiestas de Vitoria hicieron sus bailes y un porcentaje muy representativo de la población se desplazó en coches, en trenes y en aviones. Es más, en paralelo, en aquello mismos días de mayo, el Baskonia estuvo a punto de ganar la primera edición de la Euroliga de baloncesto y solamente lo impidió, en otra final vibrante, la Kinder de Bolonia de Manu Ginóbili, luego estrella de la NBA. El periodista Javier Lekuona escribió en 'As' en ese momento que el informe que situaba a Vitoria como la ciudad de España menos atractiva para ser visitaba podía irse ya a la papelera.
En lo puramente deportivo, aquel Deportivo Alavés alcanzó la final tras eliminar al Gaziantepspor turco, al Lillestrøm noruego, al Rosenborg de ese mismo país, al Inter de Milán italiano, al Rayo Vallecano español y al Kaiserslauten alemán. “La UEFA de antes era mucho más competitiva. Había menos equipos en Champions [League] y aquella competición era muy fuerte”, expone el capitán de aquella escuadra, Antonio Karmona, que ahora tiene 58 años.
Pese a la creencia general de que aquel equipo, que nunca había jugado una competición europea y era perfectamente desconocido a nivel internacional, no tenía nada que hacer, desde dentro Karmona sostiene que la temporada la arrancaron con “muchas expectativas”. Recuerda que el año anterior estuvieron al borde de ser segundos en la Primera División española y de acceder a la máxima competición europea. Y añade que, además, “se incorporó a gente importante”, en referencia al serbio Ivan Tomić, del país entonces conocido como Yugoslavia, o Jordi Cruyff, el hijo del legendario balompedista neerlandés Johan Cruyff.
Cruyff padre y Jorge Valdano, ex del club pero más conocido por su trayectoria en el Real Madrid, fueron algunos de los invitados que arroparon al equipo en Dortmund. También José Antonio Camacho, entonces seleccionador de España. En la parte institucional, el lehendakari era un feliz Juan José Ibarretxe, que tres días antes había salvado el Gobierno 'in extremis' en las autonómicas frente a la pinza de Jaime Mayor Oreja del PP con los socialistas. El alcalde era Alfonso Alonso, del PP, como el diputado general, Ramón Rabanera. Viajó una ministra de José María Aznar, Pilar del Castillo, pero todos los focos estuvieron en el 'vitoriano' de la Casa Real, Iñaki Urdangarin, quien con su esposa, Cristina de Borbón, aplaudió a rabiar al equipo. Entonces eran una pareja presentada como ejemplar.
Explica Karmona que, a medida que pasaban los partidos, la plantilla confiaba “más y más” en sus posibilidades. Sin embargo, menciona como “punto de inflexión” eliminar a uno de los grandes del concierto europeo, el Inter de Milán. Después, el sorteo deparó un duelo entre modestos contra el Rayo Vallecano y la goleada por 9-2 en la eliminatoria de semifinales contra el Kaiserslautern. Desde ese momento, Vitoria entera se volcó con la final. “Entonces los entrenamientos eran a puerta abierta y estaban llenos de gente y de periodistas que querían reportajes”, cuenta Karmona, que admite que los partidos ligueros de esas semanas no fueron muy bien pensando en Dortmund.
Alfredo Vázquez es el socio 358 del Deportivo Alavés y uno de sus pequeños accionistas. Él fue de los que partió a Dortmund en tren, para lo que tomó primero un autobús desde Mendizorroza, junto al estadio, y más tarde uno de los trenes especiales fletados desde la frontera de Hendaya y hasta Alemania, una paliza de casi un día solamente para llegar. Otros muchos viajaron en aviones que aterrizaban en variados aeropuertos alemanes. Las crónicas hablan de unos 17 ó 20 aparatos, todos a rebosar. Foronda vivió una de sus jornadas de más actividad de pasajeros. Sin viajes organizados, el resto se movilizó por su cuenta y coches con matrícula VI cruzaron Europa. Se mencionaba también que cerca de 3.000 españoles residentes en Alemania habían adquirido una entrada.
“No voy a negar que cuando nos clasificamos para la UEFA fue una pequeña decepción, porque a dos jornadas el equipo podía ganar la Liga y en el último partido teníamos opciones muy reales de Champions. No era necesaria ninguna carambola. Era un premio, sí, pero teniendo tan cerca algo mejor...”, rememora Vázquez. Para él, la importancia de Dortmund radica en que muy pocos años antes, en 1990, el equipo estaba en las catacumbas, en la cuarta categoría del fútbol español. Llegó a jugar como visitante en su propio estadio porque había otro equipo de la ciudad a su nivel, el Aurrera.
Considera también que San Siro o Giuseppe Meazza, en Milán, fue el punto de inflexión. Allí estaba él, uno de los 500 vitorianos que vieron unos muy serios incidentes por parte de la poca afición local congregada en la eliminación de su equipo a manos de modesto equipo vasco. Vázquez y sus acompañantes en Dortmund, su cuñado, un sobrino y un amigo, salieron de Vitoria el 15 de mayo. En el tren se bebía, se fumaba y se cantaba. Llegaron a Dortmund a mediodía del día de la final tras 22 horas y media viajando. Les dio tiempo a ver a Celedón, una bajada que se retrasó por la lluvia, según recuerda. No dudaron en confraternizar con hinchas del Liverpool, que vivían su primera final en el extranjero desde el trágico 1985 con 39 muertos en Heysel, en Bruselas. Él y su grupo llegaron al Westfalenstadion en el Strassenbahn. “Había una carpa enorme y era absolutamente roja”, rememora. Allí se dio cuenta de que la afición del Alavés estaba en franca minoría, 35.000 a 11.000, aproximadamente.
Y arrancó el partido. Karmona encabezó la alineación del Deportivo Alavés, técnicamente visitante. “La mayoría éramos novatos en partidos de esa índole. Ellos salieron más intensos en la primera parte. No fuimos capaces de aguantar. Pero, con el 3-1 [en contra], empezamos a ser el equipo que éramos, atrevidos, valientes, sin miedo. La sensación con el 3-3 es que estábamos de tú a tú”, expone el defensa. Después, la historia es conocida. Se adelantaron los ingleses y volvió a empatar el equipo vitoriano al filo del final del tiempo reglamentario. Llegó la prórroga. El Deportivo Alavés se quedó con nueve por dos expulsiones. La segunda, la del propio capitán. Tras esa jugada a balón parado, el lateral Delfí Geli remató de cabeza hacia atrás y batió a su propio portero. Estaba vigente la regla del 'gol de oro' y, sin posibilidad de intentarlo, se dio por finalizado el partido.
“Te aseguro que noté el jarro de agua fría”, explica Vázquez sobre lo que llama “el autogol”. Aitor Buendía era el micrófono inalámbrico del legendario periodista radiofónico José María García, entonces en Onda Cero. Su sensación “a pie de campo” con ese final abrupto fue “de no creer”. “Estaba narrando y veía a un Geli abatido. Todos estaban desolados. Estuvimos a punto de hacer algo verdaderamente histórico”, expone este periodista. Después, en un ascensor del estadio, coincidió con el entrenador 'Mané' y con su ayudante, Ángel Garitano, 'Ondarru'. “Lógicamente, fuera de antena, les pregunté qué tal. Y el golpe para ellos también había sido duro”, cuenta. Buendía atesora un álbum con sus recuerdos de aquella temporada de viajes. Otros muchos vitorianos también los guardan con cariño.
El 'We are the champions' de Queen sonó en la meganofía para el Liverpool. Los alavesistas se marcharon tristes, pero con la cabeza alta. Vázquez regresó a un bar del centro de Dortmund donde les habían guardado el equipaje. Otros lo dejaron en los trenes y fueron saqueados, explica. Al entrar, el local estaba “lleno de ingleses”. “La reacción generalizada fue de girarse y aplaudirnos. Vi camaradería sincera hacia un equipo que seguramente ni conocían de antes”, señala. Después, en taxi a los trenes. Otros a por los aviones. “Sentado en el andén, dije que no íbamos a volver a vivir algo igual nunca”, se emociona, aunque admite que luego en 2017 hubo una final de la Copa del Rey en Madrid, perdida también.
El Deportivo Alavés ha jugado en Donostia este abril y en Vitoria este mayo con una versión de aquella camiseta azul y amarilla de Dortmund. Aquella, además, tenía escritos uno por uno los nombres de todos los socios del club en letra diminuta, para que cupieran todos. De la gesta se han hecho libros y documentales, algunos de ellos presentados precisamente en este aniversario redondo. El 23 de mayo, en Mendizorroza, el club ha convocado a aquellos jugadores para un homenaje popular. Curiosamente, hubo uno el 17 de mayo de 2001 en Vitoria, pero muchos de quienes estuvieron en Alemania no tuvieron tiempo de regresar. Los trenes llegaron a Hendaya bien entrada la noche siguiente.
“Hasta el año 1990 el club era una absoluta ruina deportiva, social y económica. Ser del Alavés era casi un estigma en su propia ciudad. Daba casi vergüenza decirlo. Dortmund fue la primera gran manifestación pública de alavesismo. El primer desplazamiento masivo. Fue increíble hasta la épica en la derrota”, concluye Vázquez. “Se hizo historia sí o sí”, sostiene Buendía. “Perdimos, pero salimos con sensaciones muy positivas. Fue mi mejor momento. Debuté en Primera con 30 años y el Alavés lo fue todo para mí. Subir a Primera, quedar segundos, la final, jugar dos veces en Europa [en la 2002/2003]”, concluye Karmona. Aquel Liverpool ganó varios títulos más ese año, la Copa y la Copa de la Liga de su país y la Supercopa europea. “Perder así es ganar”, titulaba el diario deportivo 'As' a la mañana siguiente. El 'Sport' incluso dio un paso más: “¡Campeón!”.
0