Osakidetza amplía el cribado de mamografías a mujeres vascas de 48 y 49 años, pero todavía no hasta los 45 años
Osakidetza extenderá el programa de cribado de cáncer de mama a todas las mujeres vascas de entre 48 y 69 años, rebajando en dos años la edad de participación. Actualmente, la primera prueba se realiza a los 50 años. Internacionalmente, sin embargo, se ha recomendado un arranque a los 45 años. El Servicio Vasco de Salud defiende que seguirá haciendo mejoras en el programa progresivamente.
Gracias a este programa de cribado poblacional en el que participa el 80% de la población diana y a los tratamientos personalizados en cáncer de mama, la supervivencia ante este tipo de tumor se sitúa en un 88% a cinco años, mejorando tanto los resultados clínicos como la calidad de vida de las pacientes, según datos oficiales. “La prevención y tratamiento del cáncer es nuestra prioridad”, ha dicho esta semana en un acto en Donostia el propio lehendakari, Imanol Pradales.
El programa de cribado de cáncer de mama ha realizado más de 2,5 millones de exploraciones desde 1995 y ha logrado diagnosticar cerca de 13.000 tumores. En el 84% de los casos fue posible realizar un tratamiento conservador. En 2024, más en concreto, se han detectado 715 cánceres, la mayoría en estadios muy precoces y buen pronóstico, en mujeres de entre 50 y 69 años, y en mujeres entre 40 y 49 años con antecedentes familiares de cáncer de mama de primer grado.
Esta circunstancia y la evidencia de los datos -cáncer más extendido en mujeres- ha llevado a tomar la decisión de rebajar a 48 años la edad del primer cribado de mama en mujeres sin antecedentes, una decisión que “viene a reforzar las políticas de prevención y detección precoz”, han destacado desde el Ejecutivo vasco. Según ha remarcado el consejero del ramo, Alberto Martínez, Euskadi cuenta con un sistema sanitario público “con músculo”, capaz de dar respuesta integral al reto del cáncer, previniendo, diagnosticando de forma precoz y ofreciendo opciones terapéuticas avanzadas como la protonterapia o las terapias celulares CAR-T.
Se refería, por ejemplo, a la puesta en marcha una unidad de Protonterapia del hospital universitario de Donostia. Explica Osakidetza que la reducción de riesgos para los pacientes gracias a la precisión del tratamiento es el rasgo diferencial de la tecnología de protones, ya que permite generar una radiación más localizada, y, por tanto, una mejor distribución de la dosis radioterápica, con la consiguiente reducción de efectos adversos y recaídas. “Incorporamos una técnica de máxima precisión y vanguardia con grandes ventajas, especialmente en el tratamiento de niñas y niños y también adolescentes, porque permite una menor afección al tejido sano”, se ha indicado. El nuevo edificio, en el que el Gobierno vasco destina una inversión de 52 millones de euros, se debe a una donación de fundación de Amancio Ortega.
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