Sobre este blog

Stories Matritenses es un blog del grupo de periódicos hiperlocales Somos Madrid escrito por Pedro Bravo.

Pedro Bravo escribe ensayo y ficción. Su último libro es Cabo Norte (Menguantes, 2020). Además, ha publicado Exceso de equipaje (Debate, 2018), Biciosos (Debate, 2014) y La opción B (Temas de Hoy, 2012)Es socio de Soulandia, una empresa que aplica la narrativa a estrategias de comunicación, y del coworking malasañero Espíritu23. Habita en la linde occidental del barrio.

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Sobre el cinismo que hay en vender la ciudad en rebajas para inversores, empresas y trabajadores extranjeros

Imagen de la campaña de Buenos Aires para captar nómadas digitales

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La ciudad de Buenos Aires ha decidido que una manera de atraer visitantes es mostrar sus miserias. La capital argentina está, como todas, preocupada por el descenso de turistas y se ha lanzado a captar otro tipo de viajeros, los llamados nómadas digitales. Su campaña para lograrlo es una pregunta —Why Buenos Aires?— a la que se da respuesta de la siguiente manera: “Somos creativos, diversos y emprendedores y nuestra ciudad es única, innovadora, segura y tiene una oferta de arte, cultura y gastronomía excepcional con un coste de vida muy accesible”. Todos esos atributos son bastantes relativos y poco diferenciadores salvo uno que llama la atención: la devaluación de su moneda.

Buenos Aires quiere atraer trabajadores remotos presumiendo de estar en el puesto 153 (de 209) del ranking global de coste de vida y de ser la tercera capital de América Latina con el coste de vida más bajo. Citando a un nativo de allá, es un ejercicio de honestidad brutal y, al mismo y paradójico tiempo, otro de enorme cinismo.

Los trabajadores en movimiento llevan años viajando por ciudades y territorios y dejando en ellos rastros de diversos tipos. Son, de hecho, una parte poco tratada pero necesaria para entender el tercer bum del turismo masivo que se cortó con el Covid-19. En Barcelona, una de las urbes pioneras en vivir ese bum, lo saben bien. Pero en Madrid también lo hemos podido sentir. Un ejemplo muy cercano: en Espíritu23, el coworking en el que participo en Malasaña, los clientes fijos antes del estado de alarma eran la mayoría —entre el 60% y 80%— extranjeros que habían decidido trabajar y estar aquí por diversos motivos pero manteniendo sus salarios foráneos (ahora ha bajado la ocupación y un poco el porcentaje, pero sigue siendo más de la mitad). 

Las estrategias de turismo y las de marca-ciudad saben de esto y desde hace tiempo se recrean en cuestiones como la atracción de talento, el fomento de las industrias culturales y creativas y, por supuesto, la innovación y el emprendimiento. Y muchas de ellas con el añadido del eufemismo de la calidad de vida para hablar, como hace ahora Buenos Aires más claramente, de lo barato que está todo. Madrid lleva años haciéndolo así. 

Uno pudo sentir cierta ternura al oír cómo la alcaldesa Carmena descubría encantada en un encuentro con profesionales el concepto de clases creativas, mal y tarde —cuando ya su creador, Richard Florida, había renegado de él por sus impactos negativos—, pero esa ternura desaparecía al ver a su segundo, Luis Cueto, insistir en una reunión que Madrid se debía aprovechar de sus precios y de su vida nocturna para atraer trabajadores de todo el mundo. Y también del dumping fiscal que lleva años haciendo la Comunidad.

En el fondo es lo mismo. Las grandes ciudades y regiones han decidido comportarse como empresas y están en una competencia furiosa por atraer turistas, inversiones, trabajadores en remoto y, en general, todo lo que sus gobernantes consideran que es rentable. El tema es que ni las ciudades son empresas ni saben comportarse como tal. No saben porque a ninguna empresa se le ocurriría mostrar sus flaquezas y debilidades para atraer ni a clientes ni a inversores, como tampoco harían descuentos que acabasen impactando tanto en su cuenta de resultados que las llevasen a la quiebra de su propósito y, por eso, de su negocio. Por cierto, aprovecho para aclarar que el propósito de los gobernantes de una ciudad debería ser el bienestar de los ciudadanos.

¿Vivimos mejor en Madrid gracias al dumping fiscal de la Comunidad?

¿Vivimos mejor en Madrid gracias al dumping fiscal de la Comunidad? La respuesta pertinente es que sí, porque al haber más empresas hay más empleo y por tanto más posibilidades para todos. La respuesta impertinente, o sea, la sincera, es que no: Madrid es una de las capitales con mayor desigualdad de la OCDE —que, por cierto, la ha calificado hace poco de paraíso fiscal—, las condiciones laborales no mejoran sino todo lo contrario, la vida se encarece cada día más y los servicios públicos van a peor de una forma sospechosa e inversamente proporcional a la creatividad con que se establecen los impuestos en la región.

¿Vivimos mejor en Madrid gracias a la presencia de esos nómadas digitales? Pues tampoco. Pero antes de explicar por qué, conviene asumir que esto es un proceso que tiene que ver con la globalización y con cómo hemos organizado una sociedad en permanente movimiento e inquietud por acumular experiencias que satisfacen más a los accionistas de las empresas que las comercializan que a los que las viven. Las campañas y estrategias políticas llegan después de que hayan ido viniendo los trabajadores en remoto, que tampoco necesitan que nadie les diga dónde es más barato el coste de la vida porque tienen internet para informarse. 

Dejé escrito antes que los rastros de este nomadismo digital son diversos; los hay positivos, como la mezcla y la diversidad, aunque estos nómadas vienen siempre de los mismos sitios, normalmente blancos y siempre ricos. Y precisamente por eso hay rastros negativos: que llegue gente con dinero a un sitio en el que el coste de la vida es más bajo que en sus lugares de origen lo primero que hace es encarecer aún más el coste de la vida para los locales. El mercado inmobiliario está encantado de recibir a estos nómadas británicos, nórdicos o norteamericanos porque sabe que ellos, que cobran sueldos de allí, pueden llegar a gastar cuatro veces más en una vivienda que los mismos profesionales de aquí, mucho peor pagados. Es un proceso de gentrificación de manual que, por supuesto, afecta a toda la metrópolis porque los profesionales desplazados desplazan a su vez a otros que desplazan a otros que…

El cinismo económico de todo esto, el que publicita Buenos Aires ahora y el que lleva practicando mucho tiempo Madrid, está en atraer con rebajas y argumentos de baratillo a empresas, inversores y trabajadores sin tener en cuenta que eso devalúa aún más la vida y el trabajo de los habitantes y sin tomar ninguna medida para evitarlo. Es lo de pan para hoy y hambre para mañana pero con un matiz importante, ¿el pan para quién es?

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Pedro Bravo escribe ensayo y ficción. Su último libro es Cabo Norte (Menguantes, 2020). Además, ha publicado Exceso de equipaje (Debate, 2018), Biciosos (Debate, 2014) y La opción B (Temas de Hoy, 2012)Es socio de Soulandia, una empresa que aplica la narrativa a estrategias de comunicación, y del coworking malasañero Espíritu23. Habita en la linde occidental del barrio.

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