Carlos Osorio García de Oteyza pasea por su ciudad descubriendo algunos de los secretos que semanalmente comparte en sus recorridos guiados por Madrid o ha escrito en sus once publicaciones sobre la capital.
Los belenes: la historia de un arte popular, sus significados y 6 buenos ejemplos en Madrid
Desde sus orígenes medievales hasta su esplendor barroco, el belén ha sabido reflejar la fe, la vida cotidiana y la creatividad popular, convirtiéndose en un patrimonio cultural que hoy vive un renovado auge
En los últimos años, la tradición belenística ha resurgido con fuerza, lo cual demuestra la atracción que despiertan las artes populares.
Los belenes surgen en el Medievo, como un modo de celebrar el nacimiento del niño Jesús. La iglesia romana de Santa María la Mayor fue el escenario donde, en el siglo V, se creó un pequeño belén con figuras de madera para decorar la capilla donde se veneraba la Santa Cuna. Ocho siglos después, en 1291, el papa franciscano Nicolás IV sustituyó aquel belén de madera por uno de mármol, obra del escultor Arnolfo di Cambio. Este belén, compuesto por la Virgen, San José, el Niño, el buey, la mula y los tres Reyes Magos, es el más antiguo que se conserva.
En 1223, San Francisco de Asís impulsó la tradición belenística creando un belén viviente en el santuario de Greccio, con participación de los frailes y de los campesinos de la zona. Desde entonces, en los monasterios franciscanos se ha mantenido la tradición belenística. Se cree que, inicialmente, en los conventos de monjas se representaba a la Virgen acompañada por dos parteras o comadronas, prescindiendo de la figura de San José, lo cual acentuaba el misterio de la concepción divina de Jesús. Es por esta creencia cristiana: la de la concepción de María por obra del Espíritu Santo, por lo que se denomina “misterio” al conjunto de la Sagrada Familia, que forma el núcleo de los belenes.
En los siglos XIV y XV surgieron los teatros litúrgicos, que funcionaban como belenes vivientes con dramaturgia religiosa. En estos teatrillos se solía incluir la historia de Adán y Eva, y se colocaba en el escenario un árbol de hoja perenne, normalmente un abeto, al que se le colgaban unas manzanas, siendo el origen más probable del árbol de Navidad. Del siglo XV son los primeros talleres que fabrican figuras para el belén, generalmente hechas en terracota, y destinadas a un público con alto poder adquisitivo. El primer taller se creó en París en 1465, y el primer taller español surgió en Alcorcón (Madrid) en 1471.
Es en el Barroco cuando el belén adquirió su mayor auge y se convirtió en un arte popular. A mediados del siglo XVI, el Concilio de Trento promovió la creación de imágenes como forma de evangelizar a las gentes sencillas, que en su gran mayoría no sabían leer. Esto significó un gran impulso para la creación de los belenes. Fue en el siglo XVII cuando los belenes se llenaron de figuritas, representando escenas religiosas y escenas cotidianas populares. Entonces se establecieron grupos de figuras que marcaron las pautas de la creación belenística: la adoración de los reyes y la de los pastores, el anuncio del ángel a los pastores, los campesinos que portan ofrendas, los paisanos que realizan tareas agrícolas y labores domésticas, el castillo de Herodes, los vendedores, los músicos… la época barroca es la época de las escenografías, y en su afán de reproducir la realidad, se quiso representar no solo el misterio del nacimiento, sino la vida cotidiana en su totalidad. Normalmente, las escenas populares estaban impregnadas de localismo, representando a las gentes con los trajes y los usos de su región, aunque poco a poco se fue imponiendo el belén hebrero-palestino, que trataba de representar la vida en la Palestina del siglo I.
En el siglo XVII surgió el belén napolitano, que supuso la cima de la creación belenística. Impulsado por los virreyes españoles de Nápoles y llevado a su mayor esplendor por el rey Carlos (Carlos III de España y VII de Nápoles) este tipo de belén alcanzó un nivel artístico excepcional e inigualable. En estos belenes intervenían escultores de primer nivel, creando unos prototipos que luego serían reproducidos por los artesanos locales. En los belenes napolitanos, el pesebre se suele situar en una ruina romana. Esto era una consecuencia de la pasión por la arqueología que suscitó el descubrimiento de Pompeya. Debajo de ese palacio en ruinas, solía fabricarse una cueva donde moraba el diablo, escenificándose así la primacía del bien sobre el mal. Al otro lado del misterio se situaba la taberna, símbolo de los vicios. Otros personajes propios del belén napolitano son: los coros de ángeles, los músicos populares, las bandas musicales musulmanas, los danzantes, los vendedores del mercado, el jorobado de la suerte, el vinatero (Ciccibaco), el pastor durmiente (Benino), etc… todos ellos van vestidos con ropas elegantes de la época confeccionadas con telas lujosas.
En Madrid tenemos el Belén del Príncipe, creado por Carlos III para su hijo, el futuro Carlos IV. Llegó a tener 6.000 figuras, de las que se conservan 89 originales. Existen otros belenes napolitanos, como el de la colección Basanta, el del convento de Santa Isabel, el del Museo de Artes Decorativas o el del Museo de Historia de Madrid.
En España perviven talleres de producción belenística en Murcia y en Olot (Gerona). También en Sevilla y en Toledo. El principal taller de la zona centro es el de José Luis Mayo Lebrija (situado en San Cristóbal, Madrid) que aprendió la tradición con el maestro murciano José Oliva.
En cuanto a la simbología de las figuras del belén, tenemos a los tres magos de Oriente, que representan a las tres etnias conocidas en el siglo primero (blancos, morenos y negros) Los presentes que le llevan los magos al niño Jesús son: el oro (porque Jesús es rey), el incienso (porque es sacerdote) y la mirra, que es un ungüento funerario (porque Jesús triunfa sobre la muerte). La mula representa a los judíos y el buey a los no judíos. Los tres pastores aluden a las tres edades del ser humano, y el pastorcillo que duerme (Benino) representa la iniciación, el paso a la edad adulta. El río es la fuente de la gracia divina. Los rebaños son los fieles. En el Barroco se completaban los belenes con otras figuras que han ido desapareciendo: los ermitaños, Adán y Eva, las parteras, el caballero de la estrella, el heraldo, el diablo…
En Madrid, podemos disfrutar de los belenes desde finales de noviembre hasta los días posteriores a la fiesta de los Reyes Magos. Hay que resaltar el excelente trabajo que realiza la Asociación de Belenistas de Madrid, que con ayuda de numerosos voluntarios monta muchos de los belenes de nuestra ciudad. También merece nuestros elogios la labor de Patrimonio Nacional, que monta los belenes del Palacio Real, de Santa Isabel, o de Las Descalzas. Personalmente, recomiendo los siguientes belenes:
Belenes del convento de Santa Isabel - C/ Santa Isabel, 48
Son dos belenes, el de figuras hebreo-palestinas, realizadas por José Luis Mayo, tiene un montaje precioso, con excelentes perspectivas y muy logradas escenografías, donde las figuras dialogan entre ellas.
También se muestra el belén napolitano, que pese a no ser muy grande es uno de los más bonitos de nuestra ciudad.
Misterio en el belén del Monasterio de la Encarnación
Patrimonio Nacional
Belén del Príncipe, Palacio Real - C/ Bailén s/n
Belén napolitano creado por iniciativa de Carlos III, del que se conservan cerca de un centenar de figuras originales.
Un detalle del belén del príncipe
Patrimonio Nacional
Belén de la Comunidad, Real Casa de Correos - Puerta del Sol, 7
Grandioso belén de 132 metros cuadrados con medio millar de figuras hebreo-palestinas realizadas por José Luis Mayo, artesanos de Olot, hermanos Cerrada, Montserrat Ribes y Jesús Ramírez.
Belén de la Real Casa de Correos
Comunidad de Madrid
Belén Municipal, Centro-Centro (Palacio de Cibeles) - Plaza de Cibeles, 1
Belén de 50 metros cuadrados con 250 figuras del taller de José Luis Mayo.
Belén de CentroCentro
Ayuntamiento de Madrid
Belén de la Imprenta Municipal - C/ Concepción Jerónima, 15
Montado por la Asociación de Belenistas, este belén, pese a no ser muy grande, es uno de los más atractivos de la ciudad por su riqueza escenográfica, con diferentes alturas, por la profundidad de sus perspectivas, y por unas figuras expresivas y originales.
Belén de la Imprenta Municipal
Ayuntamiento de Madrid
Belén del Centro Cultural Casa del Reloj - Paseo de la Chopera, 10
El belén Napolitano de la colección Basanta Martín, que el año pasado se pudo ver en la Montaña del Retiro, se muestra ahora en la lonja de la Casa del Reloj de Arganzuela en un excelente montaje de José Luis Mayo.
Belén de Arganzuela
Ayuntamiento de Madrid
Sobre este blog
Carlos Osorio García de Oteyza pasea por su ciudad descubriendo algunos de los secretos que semanalmente comparte en sus recorridos guiados por Madrid o ha escrito en sus once publicaciones sobre la capital.
0